¡¡POME!! Este grito se escuchó como un trueno después de casi tres horas de batalla entre Dominika Cibulkova y Svetlana Kuznetsova en la primera semifinal del WTA Finals de Singapur. La eslovaca, que empezó el partido de la peor manera posible, lo terminó con un billete en la mano para el último torneo de la temporada (1-6, 7-6, 6-4). Fue una remontada construida paso a paso, con una base de fe ciega en sus posibilidades y una raza que están al alcance de unas pocas elegidas. La eslovaca se asegura la plata, bien ante Kerber o Radwanska, además de firmar el ascenso al número 6 del ranking, su mejor clasificación de siempre.
Seguro que habrá alguno que lo niegue, pero el otro 99% de público asistente se esperaba cualquier otro partido este mañana menos el que finalmente hemos tenido. Sí, eran Cibulkova y Kuznetsova, dos jugadoras dentro del top10 y ampliamente experimentadas en el circuito. Dos finalistas de Grand Slam con varios títulos en su poder. Pero también representan al ‘mal estudiante’ que solo repasa la lección un día ante del examen. Ellas fueron las últimas en clasificarse a Singapur y de su duelo saldría la primera finalista del torneo. Si el tenis enamora es, en parte, por ocasiones como ésta.
Teníamos antecedentes suficiente como para vaticinar un choque igualado, quizá con Dominika ligeramente favorita (H2H 5-3 a su favor) debido también a que acumula menos horas de juego y más de días descanso en sus piernas. El pronóstico perfecto para que llegue el destino y nos lo tumbe. Un 6-1 de salida a favor de Svetlana nos dejaban tan helados como desorientados. La de San Petesburgo era una piedra, férrea como pocas y sangrante a la hora de golpear. Fue un parcial casi perfecto donde apenas dio tiempo a su rival a conectarse a la pista, 44 minutos de chaparrón para quedarse a las puertas del último banquete en Singapur.

Lo que le ocurre a Cibulkova les ocurre a muchas otras jugadoras, también en el circuito masculino. Son motores que necesitan rodaje para entrar en calor, pero cuando lo hacen, agárrate. La eslovaca se llevó un duro golpe de inicio, pero fue tan fugaz que apenas dolió. En el segundo parcial la historia cambió, se igualó y, entre ruptura y ruptura llegaron a un tiebreak en el que Cibulkova se tomó la venganza. Con rabia, pundonor y ese extra de motivación que siempre muestra la de Bratislava, el encuentro se marchaba al último acto sin favorita clara.
Kuznetsova quedó tan grogui tras el empate que necesitó de 10 minutos en calma dentro del vestuario para renacer. Le cambió el tenis, el panorama y la actitud. Y un 2-0 en contra en el inicio de la tercera manga no ayudaba a recuperarse. Pero a estos niveles de élite, la calidad se manifiesta ante cualquier adversidad. Sacó su orgullo, se puso 3-2 al frente, pero fueron pequeños detalles los que, en el momento límite, sonrieron a la de Bratislava. Un error en la red tumbó a Cibulkova de un tiro al suelo. En ese momento, era la mujer más feliz del mundo.

