Lo que comenzó siendo un petardazo, un sorpresón que muchos esperaban que quedara en eso, se tornó con el paso de los meses y de los Grand Slams en una certeza: Angelique Kerber iba en este 2016 ha provocar la caída de Serena Williams del número 1 y echar abajo su hegemonía. Y de paso, a forjar la suya. La Copa de Maestras de Singapur es el escenario perfecto para que Angie ponga la guinda al pastel o coloque el broche de oro, como prefieran, a un 2016 de ensueño en el que logró dominar el circuito femenino con otro tenis, lejos del terrorífico despliegue de potencia de algunas pero dotado de una garra y unas piernas que le han llevado al infinito.
Singapur debe ser el colofón a un año que, si lo aventuramos a finales de 2015, nadie se lo creería. Kerber ha sido capaz de ganar en Australia a Serena, de hacer final en Wimbledon y de volver a saborear las mieles del éxito en un ‘grande’ en Nueva York ante Karolina Pliskova. Y además, quitarle el número 1 del mundo a la menor de las Williams, que lo llevaba reteniendo desde hacía mucho tiempo. Durante varios años se le había achacado a la nativa de Bremen que su juego estaba carente de velocidad, de potencia, que no hacía daño a las rivales, que su servicio era un lastre. Sin cambiar de patrón de juego, ha sabido pulir las imperfecciones y sobre todo, crecer mentalmente hasta límites insospechados, creyéndose lo que es, una enorme campeona. Ha sabido resaltar a las mil maravillas su juego de contraataque, sus defensas inverosímiles y su constancia para llegar a donde ha llegado.
“Toda la experiencia de los últimos años se han juntado en este”, asegura Kerber en Singapur como recoge ubitennis.net. “Creyendo más en mí misma, he crecido mucho este año”, considera la zurda alemana que tiene ante sí la posibilidad de llevar la Copa de Maestras a Alemania por primera vez de 1996 cuando lo consiguiera Steffi Graf por última ocasión en su carrera.

Kerber ha tenido que lidiar con una presión terrible tras ganar el Abierto de Australia. Eso le costó un tiempo de zozobra y adaptación pero tras superarlo, ha vuelto a brillar. Ahora, la de Bremen vuelve a notar esa tremenda expectación hacia ella. Todos esperan que sea ella la que triunfa, más aún cuando el torneo no podrá contar con las mediáticas intervenciones de Serena Williams y Maria Sharapova.
“La presión es realmente alta, la gente espera que gane cada torneo que juego”, cuenta Kerber. “Nadie tiene que nada que perder contra mí. Y todas desean ganarme. La presión es mayor que antes pero es una fantástica situación para mí. Supone un nuevo desafío y estoy feliz de poder estar ahí”, se sincera la alemana que disputará su cuarta WTA Finals. En ninguna de las anteriores ediciones fue capaz de superar la fase de round robin, por lo que este año irá a por todas teniendo en cuanta además su condición de máxima favorita al título.
La alemana arrancará la competición sabiendo que ya es número 1 con toda seguridad a final de año, rompiendo con una racha de tres años consecutivos en los que Serena Williams cerraba el curso tenístico como la mejor del mundo. Curiosamente, el anterior mejor cierre de año para Kerber se había producido allá por 2012, cuando acabó como número 5 del mundo. Cuatro años después, la de Bremen es otra jugadora, totalmente preparada para alcanzar la perfección. Entraba en 2016 sin grandes alardes y puede salir de él con dos Grand Slams, el número 1 del mundo y además, el título de Maestra. Quién lo iba a decir.

