Como todo en el ámbito profesional, el caso es tener un plan. Si se tiene financiación suficiente, con esfuerzo y tiempo puede pasar lo que ha pasado con Canadá, un país profundamente marcado por el hockey sobre hielo, cuyo interés real por el tenis nació hace una década, cuando sus dirigentes decidieron construir un camino propio. Todo ha dado sus frutos y el presente y el futuro del tenis canadiense presenta una formidable salud. Canadá es la viva imagen de la expansión del tenis, de su globalización y deslocalización desde las históricas naciones dominadoras hacia nuevos territorios en los que crecer.
En el inicio, la estructura y los centros de alto rendimiento pasaron a ser una prioridad, también los programas de captación, las facilidades y el seguimiento de los que comenzaban. Para formar jugadores como Raonic, Bouchard, Aliassime, Shapovalov, Sigouin, Robillard-Millette o Andreescu, estos cinco últimos entre los mejores juniors del mundo, la Presidenta de la Federación Canadiense, Kelly D. Murumets, prosiguió e intensificó lo realizado por sus antecesores.
En un reportaje realizado por The New York Times, Murumets es la cabeza visible de todo este proceso en la actualidad. La Presidenta resume el éxito explicando cómo cada vez más personalidades de otras Federaciones acudían a ella para saber de qué manera Canadá estaba creciendo tanto en los últimos años, con la intención de visitar el Centro de Alto Rendimiento de Montreal, el primero de los grandes centros que suma ya el país, con sedes en Toronto y Vancouver, y con una próxima apertura en Calgary. La inversión no se detiene.

En el mismo sentido se expresa Silvayn Bruneau, capitán de Copa Federación. "Me preguntan mucho cuando viajo por los torneos 'qué es lo que ocurre en Canadá?'. Y les digo que la voluntad ha sido clave. Antes teníamos la excusa del frío y de la falta de cultura en favor del hockey, que impedía pensar en formar jugadores y tener un plan. Ha sido un cambio en la mentalidad". El frío y el clima no debía de ser una excusa, cuando en Suecia o Rusia se forman grandes jugadores, pensaron desde la Federación.
Canadá, una nación marcada por su inmigración, se ha nutrido de ello para disponer de jugadores diferentes, físicamente preparados. Raonic nació en Montenegro, pero su familia se trasladó a Brampton, Ontario, cuando él era un niño. Los padres de Andreescu son de Rumania. Shapovalov nació en Israel y es de padres rusos, que se trasladaron a Canadá al año de nacer Denis. Auger-Aliassime nació en Montreal, pero su padre es de Togo.
Por supuesto, un motivo de orgullo para Murumets. "Estoy orgullosa de ello, y todo eso es un reflejo de lo que es Canadá. El tenis ocupa una de las tres primeras posiciones en preferencia y práctica para el 75% de los canadienses. Debemos tratar de capturar su entusiasmo."
Tras una década de esfuerzos, Canadá puede presumir de tener a algunos de los proyectos más ilusionantes del mundo del tenis, con Felix-Auger Aliassime, vigente campeón del US Open junior, a la cabeza, quien sentencia con contundencia. "El tema es simple. No había ninguna ambición por esto antes. Hoy tenemos la ambición y los medios". La realidad del tenis canadiense tiene una explicación, y probablemente será dueña del futuro del tenis en ambos circuitos en algún momento.

