Del Potro se viste de héroe

El argentino se adueña de un partido dramático ante Rafa Nadal (5-7, 6-4, 7-6) y luchará por el Oro Olímpico frente al vigente campeón, Andy Murray.

Dicen que el tenis es el deporte más justo. Esta noche no lo fue. Rafael Nadal y Juan Martín Del Potro saltaron a la pista principal del complejo tenístico de Río para definir su participación individual en los Juegos Olímpicos. Uno seguiría en su camino hasta el oro; el otro, lucharía mañana por el bronce. Suena a clásico, pero si realmente la justicia hubiese aparecido, ambos hubieran sido vencedores de este duelo. Pero igual que en la guerra, solo puede quedar uno y ese fue Del Potro (5-7, 6-4, 7-6). Aunque Rafa no se vistió de perdedor, ni mucho menos. Se le escapó la final, sí, pero demostrando una vez más su garra, su espíritu y su valía en los momentos clave. Sus genes de auténtica leyenda. Hoy tocó agachar la cabeza, pero su papel y su entrega quedarán marcados en nuestra retina para siempre.

Era el rival con peor ranking que tendría Rafael Nadal en toda la semana, el número 141 del mundo y, sin embargo, el más temido por la afición. Juan Martín Del Potro ya no es aquel joven de 2009 que amenazó la dictadura del Big Four con su potente derecha y su anarquía desde el fondo de la pista, aunque ya conocen el refrán: quien tuvo, retuvo. Para muestra el primer juego del partido. Saca el español, rompe el argentino. Empezaba la velada con el primer contratiempo para el balear, refrescando en su memoria rápidamente por qué nadie quiere ver ese drive ni en pintura. La buena noticia, que solo era el principio.

A Nadal le costó tomar la temperatura del partido y, un poco más, bajársela a Del Potro. El de Tandil se mostraba sólido desde la retaguardia y ultraofensivo con su servicio y su derecha. El revés de momento no entrañaba problemas, así que todo iba rebueno. Rafa no brillaba, su raqueta hasta ahora no arrojaba mucha luz, pero guardaba esa envidiable regularidad que siempre le ha hecho mantener el pulso firme pese a encontrar los automatismos todavía lejos. Con esta rutina y sacando fuerzas de unas rodillas severamente castigadas en los últimos siete días, el de Manacor recuperó las diferencias y dio el golpe en el capítulo de máximo dolor (décimo juego) para firmar un productivo 7-5.

La sensación es que el encuentro estaba en su mano, sin embargo, la primera manga ya había volado. Y no a su poder. Era Del Potro, quien guardaba una buena bronca en su interior, la cual enfocaría para mejorar en el segundo asalto. De poco le sirvió marchar 3-1 arriba hace unos minutos, aunque sería una lección que le serviría de inmediato. Misma situación, misma protagonistas. Juan Martín volvía a encontrarse solo ante el peligro, bien sabía que a Rafa no se le puede perdonar dos veces. Hay veces que ni siquiera una. Por eso aguantó los nervios y cerró la segunda parte de esta guerra con un 6-4 que hacía justicia con lo propuesto sobre la pista.

Era el último capítulo de un partido prodigioso, lleno de energía y emoción entre dos hombres que cuando se esconden bajo los colores de su país, explotan todo su potencial sin temor a represalias. No importa que el balear arrastrara diez partidos ya en las piernas. No importa que Del Potro llegara a Río con los fantasmas todavía de una muñeca maltrecha de la que no sabemos cómo puede reaccionar. Allí estaban los dos, matándose a palos por ver quién lucharía ante por arrancarle el Oro al vigente campeón.

Hubo intención de quiebre, pero jamás llegaron a cerrarse. 1-1, 2-2, 3-3… así hasta el 4-4, momento cumbre de esta obra maestra. Del Potro rompe y saca con 5-4 para sellar su medalla de plata, pero entonces ocurre. Minutos impagables para el aficionado de tenis, segundos en los que un hombre se convierte en héroe y pone en duda su humanidad. Rafa Nadal iba a hacer lo más difícil y por partida doble. Primero recuperar su saque con dos golpes que seguro ya estará en Youtube batiendo récords de visitas. Y segundo, salvando su servicio tras un 0-40 que a punto estuvo de mandarle de nuevo al rincón de pensar. Al final ambos decidieron relajarse y mandar la película al desempate.

El tiebreak repartiría suerte para uno de los dos, quizá el que más la buscó. Ganó la fuerza, la potencia, la derecha impracticable y la ilusión de un hombre que prácticamente estuvo retirado los dos últimos años. Fue Del Potro el primer hombre en inclinar a Nadal en un partido individual de Juegos Olímpicos. Fue el argentino quien agarró la pelota y la quemó hasta no quedarle gas. Su bronce de Londres 2012 se convertirá mañana en plata, incluso en Oro. En cuanto a Rafa, la pasión por el bronce le situará ante Nishikori en el partido de consolación. Una noche de tenis donde todos sumaron para colocar a este deporte en lo más alto del cajón.

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