Eric Butorac, uno de los mayores referentes en el circuito de dobles en la última década, se ha hecho ya un hombre en esto de la escritura con el blog que alimenta de vez en cuando en Tennis Universal. El estadounidense suele compartir aquí algunos momentos célebres de su carrera pero también los de sus compañeros de su vestuario. Esta vez los protagonistas han sido Roger Federer e Ivo Karlovic, dos tenistas que bien podrían representar el día y a noche y que, sin embargo, una aficionada no supo distinguir.
Todo ocurre durante el verano pasado en la celebración del torneo de Halle 2015, en la zona trasera del complejo donde algunos jugadores se reúnen para cenar en un distinguido restaurante italiano. Butorac cenaba tranquilo aquella noche junto a Scott Lipsky, su compañero de dobles, cuando de repente entró en la sala Ivo Karlovic con sus imponentes 211 centímetros de altura. El croata iba a cenar solo, así que la pareja le invitó a unirse a su mesa.

Cuando llevaban la mitad de la cena, Roger Federer apareció con un grupo de amigos. Todas las miradas se centraron en él -como en la pista- hasta que el suizo y su séquito acertó a sentarse justo en la mesa trasera de donde estaban Butorac y compañía. El sitio estaba especialmente pensado para que nadie le molestara mientras comía, de hecho, había ya un buen grupo de personas en la puerta con el autógrafo preparado.
Cuando parecía que ya nada iba a pasar, una mujer se coló en la sala y apareció tras la mesa de Butorac, Lipsky y Karlovic. Iba acompañada de una de esas gigantes pelotas amarillas tan clásicas donde los jugadores suelen implantar su sello más personal. “Seguramente la debí haber parado”, relata el de Minessota, pero ya era tarde. La conversación más extraordinaria estaba a punto de producirse.
“¿Me puede firmar un autógrafo?”, preguntó la señora, interrumpiendo el trayecto de un buen golpe de pasta hacia la boca del helvético. “Sí”, respondió Roger mientras se limpiaba la salsa. “¡Gracias!”, exclamó feliz la veterana aficionada. “No hay de qué”, cumplimentó el de Basilea. Todo estaba en orden, no faltaba nada, cuando de repente, la mujer añadió un último apunte. Para asegurarse. “¿Eres Ivo Karlovic, verdad?”.

Toda la esquina del restaurante, en silencio durante el suceso, comenzó a reír fuertemente tras lo ocurrido. Federer se detuvo justo un instante antes de toca la pelota con la pluma y le pasó la gran bola amarilla a Ivo con una sonrisa inverosímil en su rostro. La mujer, mientras, rezumaba una felicidad nunca antes vista tras capturar la firma del, por aquel entonces, número 33 del ranking ATP. “Posiblemente ella no sabía que al otro lado tenía al jugador más grande de toda la historia. Es, sin duda, la única persona que he visto confundir a Roger Federer con otro jugador”, concluye Eric en su relato.

