Wimbledon ya conoce a sus cuatro finalistas. Tras una primera semana muy complicada por la lluvia, la segunda ha ido definiendo y seleccionando sus protagonistas hasta llegar a los días decisivos, los que deciden cada campeón. En categoría masculina uno ya sabe lo que es ser campeón y otro busca coronarse por primera vez. Exactamente igual ocurre en el cuadro femenino: Serena Williams busca derrotar definitivamente la sombra de la historia que parece perseguirla. Y tratará de hacerlo ante una jugadora con armas para alargar esa sombra una vez más. Angelique Kerber completa una final repleta de alicientes.
Y es que Serena, que ha cedido en dos finales de Grand Slam consecutivas por primera vez en su carrera, tendrá enfrente a una jugadora preparada como ninguna ante la potencia y carácter ofensivo de la número 1, quien durante tantos años pareció depender de ella misma para cosechar títulos y romper récords. Williams parece haber encontrado dos rivales -Muguruza y Kerber- tan diferentes como peligrosas para su tenis. De cualquier modo, la estadounidense es clara favorita sobre hierba.

Las sensaciones que ha transmitido Serena a lo largo del torneo son de total recuperación. De mucha tranquilidad y completo dominio de la escena. Solventado su agónico triunfo ante Cristina McHale -otra de esas jugadoras que flexiona muy bien y pone la pelota en juego con continuidad-, Williams fue desechando rivales sin mayor problema, con muy buenos números al servicio, consumiendo poca energía y sin necesidad de recurrir a la épica. Tácticamente, Kerber es la peor rival que podría tocarla, aunque juega con ventaja sobre esta superficie.
La alemana, que llega a la final sin ceder sets y con un nivel medio muy alto, ha vuelto a mostrar lo mejor de sus virtudes: una defensa y contragolpe cargados de recursos -flexión, a la carrera, intuición, resistencia en puntos largos- que será vital de cara a sus aspiraciones; un revés completísimo y muy dañino tirado en paralelo y una mentalidad y tranquilidad propias de una jerarquía superior dentro del circuito. Sin embargo, merced a la constante iniciativa de Serena, deberá realizar otro encuentro de máximo nivel, y la hierba resta tiempo a la defensa que concede la Rod Laver Arena.

Williams domina el 'cara a cara' por 5-2 y por tercera ocasión consecutiva vuelve a afrontar un reto histórico. Los números y las crónicas siguen poniendo el foco en Williams. Si en 2015 la presión del Grand Slam influyó en la última parada, el major número 22 parece la causa, en 2016, que podría atenazar a Serena. No obstante, haber llegado a la final en los últimos ocho Grand Slams debería ser suficiente para estar en disposición de conseguirlo. Nuevamente, una compatriota de la que ostenta el récord que persigue, tratará de impedirlo, la gran Angelique Kerber.

