Cuando creíamos que no se podía hacer peor que Roland Garros, Wimbledon nos ha dado en este 2016 buena muestra de que sus organizadores tampoco saben actuar ante los problemas que genera la lluvia y el retraso de partidos y rondas, demostrando que siguen anclados en el pasado, más preocupados en asuntos poco relevantes como que una tenista enseñe la tira de un sujetador en otro color que no sea blanco o que otro tire contra el suelo una raqueta, en lugar de mirar por la seguridad de los jugadores, obligándoles a jugar incluso cuando llueve o no mirar por los cuadros, haciendo que algunos tenistas avancen rondas cuando otros se encuentran todavía dos rondas atrás.
Todo en este Wimbledon está saliendo mal. Si ya de por sí, como parece ser, dentro de su estructura organizativa existen personas que no saben actuar con agudeza ante los problemas, las lluvias constantes durante estos días en Londres han evidenciado su falta de respuesta ante los inconvenientes. Ha sido un total despropósito ver el orden de juego cada día, donde los mejores tenistas iban colocados en la central, la única con techo, e iban avanzando rondas mientras otros seguían en pistas exteriores, sufriendo los estragos de la lluvia y viendo cómo todavía se encontraban dos rondas atrás de los top. Así no se puede.

Esto hace desvirtuar el juego. Muchos quizá no lo vean porque los beneficiados no son otros que aquellos que tienen cientos de miles o millones de seguidores, pero no puede ser que un chico como Zverev tuviera que jugar el viernes su partido de segunda ronda cuando Federer ya se encontraba en octavos. Hay que mirar por el tenista, que no es otro que aquél que al final hace que tu torneo sea el que es. Sin tenistas, no hay torneos. Tan simple como eso. Por no mencionar el que en la Central apenas juegan mujeres. Todo chicos. Esto hizo que Venus Williams alzara la voz y comentara que a las tenistas también les gustaría jugar en la pista principal.
Es de juzgado de guardia que este caos, creado por ellos mismos, y este retraso de partidos y malas palabras en medios y redes sociales de periodistas y jugadores, se vea todavía más empañado por las "prisas" al obligar a jugadores a competir aunque llueva. Gilles Simon explotó el otro día tras considerar que le estaban tomando el pelo cuando pidió al supervisor que se suspendiera su partido ya que estaba lloviendo. La respuesta que obtuvo fue que el agua no se posaba sobre la hierba ya que volaba en el aire y se iba hacia otro lado. Al francés le tomaron por tonto y es normal su reacción de querer denunciar a todos en el caso de que esa decisión, tomada por alguien de arriba al que no le importa lo más mínimo la salud de los tenistas, hubiera provocado alguna lesión que luego le hubiera impedido realizar su profesión el tiempo que fuera.
Es incomprensible que pasaran las jornadas, se acumularan los partidos retrasados y no se decidiera nunca empezar a jugar antes de las 13.00 de la tarde, hora local. "La tradición es la tradición", pensarían. Justo llega el Middle sunday y por fin, escuchando las quejas de la gente, deciden empezar la jornada a las 11.30. ¿Por qué no lo hicieron antes? Esto podría haber quitado carga de partidos aplazados por la lluvia.
Tampoco se entiende que habiéndose gastado 10 millones en construir un techo para la central, a alguien se le ocurra la genial idea de abrirlo una y otra vez a la mínima ocasión que un rayo de sol apareciera en el cielo. Daban pronósticos de lluvias intermitentes durante todo el día de ayer. Es decir, iba a estar lloviendo y parando durante toda la jornada. ¿Es que acaso no saben lo que esto significa? ¿Por qué abrieron el techo? Esto provocó que se parara el juego incluso en la central, ya que el techo tardaba bastante en cerrarse y las lluvias eran fuertes en ciertos momentos del día.
No quisiera pensar mal y que todo esto se haya hecho con la idea de poder jugar -queriendo- hoy domingo y es que Wimbledon ha sacado a la venta miles de entradas para el Middle sunday. No les quedaba otra. 10.000 entradas para la Pista Central a 70 libras cada una y 8.000 tickers para la Pista 1 a 40 libras. Echen números y calculen cuánto ganará el torneo en un día en el que no iba a haber competición. Las entradas han volado en cuestión de minutos, como era de esperar. Además, otra de las decisiones tomadas y que demuestran lo cerrados de mente que pueden llegar a ser los organizadores, es que anunciaron que no habría devolución de dinero para las entradas de hoy domingo en el caso de que lloviera. Las quejas de todos en las redes sociales han servido para que dieran marcha atrás y dijeran que sí las habría en ese caso.

Mientras, siguen más pendientes de si una tenista rompe el dress code utilizando un sujetador de otro color y que una tira se le salga del vestido, como le pasó el año pasado a Genie Bouchard, que este año se preguntaba con humor que cómo era posible que el torneo fuese tan estricto con el hecho de que todo el mundo debería ir de blanco cuando sus toallas tienen decenas de colores llamativos. O también, siguen de cerca las actitudes de los tenistas y si alguien tira una raqueta a su precioso y cuidado césped. No se entiende que insultar a un juez de silla llamándolo "imbécil" delante de todo el mundo y poniéndole en ridículo conlleve el mismo castigo económico (o incluso menos) que tirar una raqueta al suelo.
Wimbledon sigue demostrando que algunos de estos torneos, llenos de tradición e historia, siguen organizados por personas con una mentalidad antigua que miran más por sus intereses que por los del deporte y sus deportistas. No les vendría nada mal una reorganización interna y quizá, dejar paso a savia nueva que podrían aportar grandes y buenas cosas a un torneo como este.

