Muguruza esquiva los fantasmas

La española sacó adelante un partido complicado, remontó un set en contra y pudo certificar el pase a segunda ronda. Dudas y errores en su tenis. 

Garbiñe Muguruza, cuarta cabeza de serie del cuadro femenino, derrotó a Anna Schmiedlova, 38º del ranking wta, por un marcador de 3-6, 6-3 y 6-2 en más de dos horas y cuarto de encuentro. La española tuvo dos rivales: la eslovaca y la propia Garbiñe. Muguruza jugó un mal primer set, cometió demasiados fallos, pero supo encontrar a tiempo la manera de dar vuelta el partido. Schmiedlova fue de más a menos, pero terminó rindiéndose a la poca pero suficiente regularidad de la oriunda de Caracas, quien acabó con una sonrisa, un respiro y sensaciones encontradas.

Durante el primer set se pudo ver la imagen más gris de Muguruza. La hispanovenezolana se cargó a errores no forzados (cometió 22 en apenas nueve juegos), arriesgó más de la cuenta y no fue capaz de meter cinco pelotas seguidas dentro. Era una nube de dudas e interrogantes. Garbiñe estaba perdida en la pista. Tensa, desconcertada y sin la intensidad necesaria para competir en un Grand Slam y ante una rival que conocía a la perfección, y que había vencido en primera ronda del Mutua Madrid Open con contundencia.

Muguruza era una escopeta de feria que no sentía sus tiros. No había precisión, todo eran nervios y malas decisiones. Regaló la primera manga con sus fallos incluso cuando la propia Schmiedlova no la ponía en peligro. Con una falta de paciencia evidente, cedió el primer set por 3-6 en 49 minutos y hacía saltar la sorpresa momentánea en la Suzanne Lenglen.

Sin embargo, en el segundo set comenzaron a cambiarse los papeles. En un primer juego que duró casi 20 minutos, Muguruza pudo demostrarse a sí misma que estaba encarando el encuentro de manera equivocada. Se dio cuenta que no le hacía falta subir de manera tan 'suicida' y sin sentido a la red, empezó a centrarse en meter algo más de pelota y en hacer trabajar a su contrincante.

Cuando disminuyeron los errores de su parte, empezaron a venir los de Schmiedlova. La eslovaca tenía las de perder en los intercambios desde el fondo de pista: menos tenis, menor potencia y escasez de recursos en comparación a la española. Garbiñe poco a poco fue sintiendo los golpes, comenzó a descifrar la clave para quedarse con el encuentro y se amigó con los paralelos.

Si su tenis fluía mínimamente, las opciones eran grandes. Y así fue en los dos últimos sets. A pesar de no mostrar un gran juego, de cargar con excesivos errores y de meterse en diferentes momentos de tensión, le supo dar la vuelta a ese sorpresivo 3-6 para quedarse con el billete a segunda ronda gracias a un doble 6-3 a su favor en el marcador.

Muguruza demostró que los cuadros fáciles no existen, que en los Grand Slams hay que luchar, sudar y trabajar desde primera ronda y que, sobre todo, los partidos se ganan dentro de las canchas.

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