Novak Djokovic y David Goffin protagonizarán una de las semifinales del Miami Open 2016 en categoría masculina. A priori puede parecer de pronóstico certero a favor del serbio, que en este 2016 solo ha sufrido una derrota y busca en Cayo Vizcaíno su sexta final, de las cuales ha ganado cinco, a tan solo una del rey de Crandon Park, Andre Agassi. Pero al otro lado de la red, el belga David Goffin puede suponer un verdadero dolor de cabeza para Nole. Tras haber tocado sus primeras semis de Masters 1000 en Indian Wells, a buen seguro que saldrá con mucha menos tensión y con más confianza ante el número 1.
El cara a cara entre ambos contendientes no ayuda a esperar un resultado sorprendente. Eso está claro. Djokovic domina la serie por 3-0. En Roland Garros 2013 venció al belga en primera ronda por un ajustado 7-6(5), 6-4 y 7-5 y después dos veces en Cincinnati, curiosamente en el único Masters 1000 donde el serbio aún no ha clavado su bandera. En octavos de 2013 pasó por encima de Goffin con 6-2 y 6-0 y el año pasado vivieron un duelo con mucha igualdad e incertidumbre, donde prevaleció el número 1 por 6-4, 2-6 y 6-3.
Ese último choque es el que más sirve como referencia de lo que podemos ver en las semis de Miami 2016. Por ser el más actual y porque allí se vio a la actual y fantástica versión del tenista de Lieja. Un jugador versátil, que varía los ritmos, juega con los ángulos pero también con el tenis directo y que puede servir muy bien. Su regularidad no era aún demasiado buena, pero en este 2016 la está encontrando y eso le ha posibilitado el llegar a los octavos de Australia y semis en los dos primeros Masters 1000 del año. De nuevo, la Copa Davis ha servido como acicate.

La trayectoria de ambos por el torneo ha sido más cómoda que otra cosa. No fácil, pero si relativamente confortable. El serbio no ha perdido más de 7 juegos por partido, con lógica ha llegado a semis sin ceder una manga, y van 20 seguidos desde que debutara con un sorprendente 6-2 abajo ante el americano Fratangelo. Goffin por su parte sí ha cedido un set en su caminar por las pistas del complejo de Crandon Park. Fue en el último partido que disputó ante el francés Gilles Simon. Pero se repuso de manera excelente, ganando los dos siguientes por 6-2 y 6-1.
Djokovic en cualquier caso da ligeros síntomas de cansancio mental, con vaivenes en su juego, especialmente al saque, donde ha concedido demasiado. Contra un jugador que viene tan en forma como Goffin eso puede ser lapidario para sus intereses. Por el contrario, está salvando las situaciones complicadas como lo que es, el absoluto e incuestionable líder del circuito masculino. El menudo tenista belga tendrá que meter una quinta marcha si quiere doblegar a Djokovic. Siempre se le achacó falta de pegada, un golpe determinante. Esta es una ocasión inmejorable de que demuestre que puede dar un paso más y ser más determinante para desarbolar la numantina defensa del balcánico sobre la línea de fondo.
Pase lo que pase, el espectador las tiene todas consigo para disfrutar de un gran partido. Por el bien de la emoción, esperemos que no veamos la versión más arrolladora de Djokovic ni una versión arrugada e irregular y taciturna de Goffin. Porque el choque puede ser de alto voltaje. Peloteos de muchos quilates, indiferente si son de revés a revés o de derecha a derecha. O de derecha a revés. Los dos se juegan mucho. Uno, el reinado en el denominado como quinto Grand Slam. El otro, pegar el salto definitivo y colarse entre los 10 mejores del mundo, ganando al mejor de todos y haciendo su primera final de Masters 1000. Todo un puñetazo sobre la mesa.

