Domingo 20 de marzo. Seguimos en busca de la noticia. Novak Djokovic dibujó una nueva página de oro en su libro mágico del tenis conquistando otro título de Masters 1000, el que hace 27 en su cuenta personal y que sirve para igualar a Rafael Nadal. Milos Raonic apenas puso impedimentos (6-2, 6-0) en lo que ya es la quinta corona del serbio en Indian Wells. El número uno volvió a ejercer de número uno y no tuvo piedad de la segunda mejor raqueta de la presente temporada (solo por detrás de él), todavía muy alejada de la versión actual del de Belgrado. Ocurrió lo que tenía que pasar, sin más.
Dicen que cuando te enfrentas a Raonic, un break a tu favor vale oro. Imagínense empezar con dos. Tenía prisas Djokovic que, después de esforzarse al máximo (es una expresión, no la tomen al pie de la letra) en las semifinales ante Nadal, hoy quiso meter la directa desde el inicio para no dejar que su rival llegara a poner un pie en la final. No le dio tiempo a Milos. Ni a conectar sus temibles saques directos, ni a buscar sus golpes ganadores, ni a emitir un simple sonido de victoria, de estímulo, de simple confianza en sí mismo. El serbio apagó toda la llama que el canadiense había prendido a lo largo de la semana y le dejó con la misma cara que en sus cinco enfrentamientos previos. En blanco.
Aquello seguía y el panorama se mantenía. Djokovic remaba tranquilo utilizando su Head como pala, mientras Raonic se ahogaba ante la consistencia y precisión del balcánico. Su mejor momento de forma como profesional no era suficiente para competir con un buen nivel de Novak, un par de escalones por debajo de lo ofrecido en 2015. Sellado el primer parcial por 6-2, tocaba volver a coger el arma y disparar al comienzo del segundo acto. Otra vez break. Doble break. Así es imposible. El de Podgorica veía cómo su servicio, ese al que él mismo definió como el mejor del vestuario masculino, era una golosina en las manos de su oponente, un entretenimiento con el que divertirse a su gusto, sin causarle ni una sola amenaza en toda la tarde. Y claro, luego ves tú a ganarle un rally de 15 intercambios a esa bestia de la naturaleza que utiliza los Masters 1000 como si fueran un circuito individual en el que sólo él puede ganar. Otra vez si eso.
Para rematar, un rosco. Sin piedad, solo así se pueden 22 victorias en los primeros 23 partidos del curso. Djokovic captura la corona en Indian Wells por quinta vez en su carrera, algo que no ha hecho ningún otro en la historia (Federer suma cuatro). Y lo más importante, empata a Rafael Nadal con 27 Masters 1000 en lo alto de la tabla, habiendo sumado siete de los últimos nueve disputados. El serbio, digan lo que digan, sigue imparable. Ni la ausencia de Becker en la grada le hizo dudar al número uno del mundo. Como si su equipo al completo se queda en el vestuario. El rey y su corona volvieron a brillar un domingo más. Y ya van unos cuántos.

