Rey destronado

Tras verlo sudar sangre contra Simon, y ante el brillo de las victorias de sus rivales, muchos desatornillan a Djokovic del futuro trono del Open de Australia

Iván Alarcón Tortajada | 25 Jan 2016 | 16.25
twitter tiktok instagram instagram Comentarios
Preferir Puntodebreak en Google
En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.
En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.

Streaming ATP Hamburg en directo
🎾 Alex De Minaur vs Tommy Paul
  1. Entra aquí y regístrate en Bet365
  2. Haz tu primer depósito de mínimo 5 €
  3. Entra en la sección «Directo» y ve todos los partidos
Ver partido en Bet365

Cuando dio comienzo este Open de Australia el imaginario colectivo se apoyaba sobre un paradigma desagradable: Novak Djokovic lo ganaría.

El núcleo de esa cosmovisión era imaginar al serbio levantando la copa como si se tratase de un axioma, o sea, de algo que se da por demostrado, y a partir de lo cual comienza a construirse el resto de la teoría sobre el torneo.

Ciertamente, Djokovic había hecho méritos para promover esa “visión del mundo” tenístico. Tras desdemocratizar 2015, había arrancado 2016 en clave martillo pilón, incluyendo la forja de Rafael Nadal, absolutamente alisado por el serbio en Doha sobre el yunke de sus propios demonios.

Pero dar en general por asumido (indemostradamente) que determinado jugador ganará un Grand Slam, es verdaderamente un panorama desolador. Sentir como claro y hasta cierto punto incuestionable que el favorito, sin perjuicio de su favoritismo, no encontrará rivalidad suficiente ni como para dejar un mínimo margen a la alternativa —máxime cuando se trata de un torneo de la mayor importancia internacional— tal vez sea droga dura para sus incondicionales pero para el aficionado ateo es un plato soso.

Con todo, apenas en las últimas horas el panorama se ha vuelto más lumínico, tanto para ese aficionado ateo como por supuesto también para los fieles de otros dioses distintos de Novak.

Sobre todo Roger Federer, amilagrado y retiniano como pocas veces en su partido contra Goffin; y Milos Raonic, quien definitivamente hace de nuevo desaparecer su techo tras vencer a Wawrinka (y a Federer en Brisbane), han ocupado los territorios interpretativos que Nole desocupó mientras las pasaba canutas contra Simon.

La noción común aplicada al futuro campeón del Open de Australia está siendo, a estas horas, revisada, incluso cuando cualquiera sabe que Djokovic, en general, sufre un susto por cada Grand Slam, pero casi nunca en la final. Aún así el serbio, cuando perdió la inmortalidad, perdió también la total credibilidad dentro de la mente colectiva.