Schadenfreude contra Nadal

Nadal pierde contra Verdasco en primera ronda del Open de Australia y sus difamadores se bañan en bilis como nunca antes.

Iván Alarcón Tortajada | 19 Jan 2016 | 16.17
twitter tiktok instagram instagram Comentarios
Preferir Puntodebreak en Google
En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.
En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.

Streaming ATP Hamburg en directo
🎾 Aleksandar Kovacevic vs Ignacio Buse
  1. Entra aquí y regístrate en Bet365
  2. Haz tu primer depósito de mínimo 5 €
  3. Entra en la sección «Directo» y ve todos los partidos
Ver partido en Bet365

Es un sinsentido que la schadenfreude en la que se rebozan muchos, como gorrinos en un charco de barro, tras la derrota de Nadal en la primera ronda del Open de Australia, sea de un tamaño inversamente proporcional a los valores humanos que siempre han caracterizado al español.

Un caído en desgracia, cuanto más honorable, debería de poder esperar más solidaridad (o menos saña) de parte de la mayoría de sus semejantes en ese momento oscuro, pero sucede en este caso (por supuesto no el único pero sí uno muy llamativo) que una masa no minoritaria actúa justo al revés. Rafa Nadal, uno de los más grandes divulgadores y fortalecedores de los mejores valores del deporte —que son valores para la vida—, está siendo víctima en su crepúsculo de las dentelladas más envenenadas leídas en mucho tiempo tras la derrota de alguien.

Cualquiera, hasta el más imbécil, sabe qué son la humildad, el respeto, el trabajo duro y la generosidad, y también hasta el más imbécil sabe que Nadal los promulgó siempre, y que eso son méritos asociados a lo bueno, a lo deseable. No hay nadie en todo el mundo que no sepa que Rafa Nadal ha sido y es un ejemplo, sencillamente, de buen comportamiento más allá de iconoclasias, y por tanto el enharinado radiactivo en el que muchos parecen haberse revolcado antes de atacarlo, sólo puede explicarse como una envidia tan gigante que es más fuerte que todo.

Schadenfreude significa alegría por la desgracia de otro, y la palabrita, por ser alemana, desmiente para empezar la idea de que el goce por el mal ajeno sea propiedad exclusiva de los españoles, cosa que muchos parecen creer. Pero es verdad que en España sabemos mucho de esto.

Desear la derrota de alguien es natural cuando al mismo tiempo lo que se está deseando es una victoria, que para este caso era la de Verdasco; y el lenguaje admite mucha curvatura, mucha marrullería y mucha canallesca mientras sea con fines narrativos, explicativos y denotativos, siempre que se juegue con deportividad de fondo.

Todos, aunque sea de manera inconfesada o desmentida, estamos en algún bando.

Pero cuando el deseo de la derrota es el deseo de la derrota en sí misma, de la muerte de alguien —una muerte metafórica— que no hizo deméritos, y hay odio y rabia y hiel, todo ese batiburrillo suele subir en un cubo infecto desde el fondo del pozo de la envidia malsana, que es baja autoestima.