Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nació Roger Federer, cómo fue todo ese rollo de su infancia, qué hacían sus padres antes de tenerlo a él, cuál es su palmarés y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de todo eso. Primero porque es una lata, y segundo porque a los nadalianos y a los nolecistas les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablar de los títulos de Su Majestad. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo los nadalianos. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane con todo esa gaita del H2H. Además, no crean que voy a contarles su biografía con pelos y señales. Sólo voy a hablarles de por qué Roger Federer es el GOAT, sin decir nada de su palmarés, que es el mejor y ya sería decir, sino de su aportación al mundo real.
Hasta los terroristas de Nadal y de Nole habrán notado que Roger Federer no juega como un tenista (o sea como Nadal o como Nole, o como Kyrgios, por poner a uno nuevo), ni siquiera juega como una idea de tenista, sino como un ideal de tenista. Supongo que debe de ser un incordio para esos fans imaginar la ejecución perfecta de un drive, o de un slice o de cualquier golpe, y descubrir allí (contra su voluntad) a Roger Federer, Basilea, 1981, representándolo en su pensamiento. Y es que él es el guardián de los arquetipos. No tendrían que preocuparse tanto de todas formas, y yo lo sé porque me he obligado muchas veces a aceptar que así es la vida cuando me han pasado cosas así de locas, como una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco. A D.B. tampoco le he contado más, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no está muy lejos de este antro, suele venir a verme casi todos los fines de semana. Él será quien me lleve a casa cuando salga de aquí, quizá el mes próximo. Acaba de comprarse un Jaguar, uno de esos cacharros ingleses que se ponen en las doscientas millas por hora como si nada. Los tenistas también compran ese tipo de coches caros. Fíjate que hasta Roger Federer los compra, que no es ya un tenista, sino que es la creencia en un tenista, pero que por haberse encarnado en humano paga el precio de serlo, cosas como gastar dinero o envejecer.
Ya con treinta y cuatro años su carrera está cerca del fin. También a él le pasará como a todos. Se terminan nuestras carreras, y al final del camino, hasta se nos termina la pasta de dientes. Es la otra parte del acuerdo por vivir.
Roger Federer no es el GOAT sólo por su palmarés de GOAT, aunque podría serlo. Pero es el GOAT porque ha puesto la carne donde estaba el ideal, trayendo a la realidad al tenista imaginado. Es el GOAT porque nos ha hecho sentir a todos poetas, y eso es muy difícil, diablos.
D.B. me preguntó qué pensaba de todo lo que les he contado. No supe qué contestarle. Si quieren que les diga la verdad, no lo sé. Siento habérselo dicho a tanta gente. De lo que estoy seguro es de que echo de menos en cierto modo a todas las personas de quienes les he hablado, incluso Rafa Nadal y a Novak Djokovic, por ejemplo. Creo que hasta al cerdo de Kyrgios le extraño un poco. Tiene gracia. No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo.


