Skip to main content

Único en su especie

Novak Djokovic mantiene su monólogo en el circuito ATP y fulmina a Tsonga en Shanghai para conquistar su quinto Masters 1000 de la temporada.

¿Hasta cuándo? Es la gran pregunta que envuelve en la actualidad el circuito masculino de tenis. Novak Djokovic dio una nueva lección de profesionalidad y perfección en la final del Masters 1000 de Shanghai deshaciéndose sin apuros de Jo-Wilfried Tsonga (6-2, 6-4) y apuntándose su noveno título de la temporada, el quinto en la disciplina de los Masters 1000. El serbio acumula ya 16 victorias consecutivas y no pierde un set desde la final del Us Open, números de escándalo para un hombre que ya nos ha acostumbrado a adorarle cada domingo casi por obligación. Su tenis es sublime y su figura va camino de situarse como una de las leyendas más dominantes de la historia del deporte.

No solo lo hace bien, también lo hace rápido. Tan rápido que no habíamos los periodistas empezado la crónica y el primer set ya estaba decidido. Ha mejorado incluso en su tiempo en pista, por ella que Djokovic aterrizara en la final de Shanghai con seis horas menos de cansancio en sus piernas respecto a su rival. Un dato temerario para el hombre que arrancaba la última cita de la semana con un quiebre a su favor. Lo intentaba Tsonga, cómo no, pero enfrente estaba una máquina insufrible, sin agujeros, sin opción. Aun así fue capaz el francés de romperle una vez el servicio y alargar la primera manga hasta el 6-2, ¡y ya era noticia eso! Imagínense en qué aguas nos movemos.

El partido no tenía color. O sí: dorado para Novak y muy negro para Tsonga. De poco servía su victoria de ayer ante Nadal o su ambición por clasificarse al torneo de Maestros. Como también, de poco sirve que el de Belgrado lleve trece finales disputadas de manera ininterrumpida y clasificado para Londres desde el mes de mayo: él quiere más. Desde luego, la doctrina de Becker y Vajda ha resultado definitiva para un hombre que ya tenía el tenis y que ahora vuela con una fortaleza y una perseverancia que amenazan con equipararse a la dictadura de Roger Federer en aquellas temporadas de 2004 a 2007. Y digo amenazan por respeto al suizo, ya que algunos ya empiezan a ver demasiadas similitudes entre estos dos genios del deporte.

Pero Tsonga es un tipo con carácter y no podía marcharse del Qizhong Stadium con un resultado tan desastroso. De ahí que se apretara los cordones en la reanudación y pusiera en más dificultades al número uno. Incluso el público se posicionaba en cierta manera con el de Le Mans, agobiado de ver cada semana el mismo guión escrito sobre la pista. Está Djokovic tan acostumbrado a ganar sin sudar que un simple 4-4 ya le cabrea. Y a nosotros, nos sorprende. Al final la lucha interna entre grandes saques y errores no forzados le acabó saliendo caro al galo y pusieron en bandeja el 25 Masters 1000 de su carrera para el de Belgrado, desempatando con Federer y quedándose a solo dos de los 27 de Nadal.

En total son 78 partidos jugados esta temporada y 73 victorias. Siete Masters 1000 disputados resueltos con siete finales y cinco coronas. Nueve títulos hasta el momento en el calendario a solo uno de los diez que conquistó en 2011. Máximo campeón de la historia del certamen de Shanghai, desempatando los dos entorchados que compartía con Andy Murray. Y lo más importante, aunque no lo más novedoso, la reafirmación una vez mas de poder que el balcánico lleva ejecutando desde principios de año, la enésima manifestación de jerarquía en un hombre que ha implantado su imperio a base de horas de trabajo y un don especial para lo que hace. Un ser único en su especie que mantendrá su dictadura hasta el día que él quiera. Por el momento, nadie desafía su gobierno.