En 2014, en plena recuperación de su estatus de top-4, Andy Murray dibujó un tramo final de calendario absolutamente agotador. Sin tener garantizada una plaza en el O2 de Londres, donde se disputan las finales ATP, el británico echó el resto entre Asia y Europa indoor. Fue la recta fina de una constatación: Murray estaba muy cerca de ser el de siempre. Hoy, con los deberes hechos, un año completo y una final de Davis en el horizonte, Murray compite más holgado.
En su hoja de ruta, modificaciones. El escocés ha pasado de disputar tres citas asiáticas en 2014 a sólo competir en Shanghai, torneo que ha arrancado esta semana. Tras llevar a Reino Unido a la final de la Copa Davis, Andy ha confesado, tras aterrizar en China, estar completamente exhausto.

"No golpeé ni una sola pelota de tenis en la semana posterior a la Copa Davis, ni he ido al gimnasio; no hice ningún trabajo físico. Empecé a entrenar de nuevo correctamente a los 10 días. No jugué en ningún torneo porque estaba realmente cansado. Necesitaba parar".
Una decisión que Murray ha tomado tras unos primeros ocho meses en los que ha peleado por la segunda plaza del ranking. "Con el final de la temporada en mente, habiendo jugado un montón de tenis este año, quería asegurarme de llegar tan fresco como me fuese posible para los torneos restantes que me quedan. Mentalmente me siento fresco, lo cual es bueno".

Debido al embarazo de su mujer Kim Sears, Andy tendrá un parón obligado entre Australia e Indian Wells, fechas en las que está previsto que nazca el bebé de la pareja. "Obviamente, al principio del año no podré competir como me gustaría. Después del Abierto de Australia, probablemente no jugaré en las siguientes cuatro semanas, más o menos durante todo el mes de febrero". Fechas donde podría haber acudido a Rotterdam o Dubai, importantes citas de cemento en categoría 500. La Copa Davis y el nacimiento de su hijo marcarán el calendario a corto y medio plazo del británico.

