Rafael Nadal, tercer cabeza de serie del Abierto de China, venció 6-4, 6-4 a Di Wu, 230º del mundo, en una hora y 26 de reñido juego en la pista central del ATP 500 de Pekín. Nadal disputó uno de los partidos más discretos de la temporada, se fue con un sabor agridulce al no encontrar buenas sensaciones, pero con la satisfacción de sacar un partido que se le podía haber enroscado todavía más.
El partido comenzó con un Nadal que estaba expectante por saber cómo jugaba su rival. Había que tantear a Wu, ver cómo gestionaba los nervios, qué táctica usaba o cómo encaraba el partido más importante de su carrera. Rafa salió intentando coger envión y dispuesto a mandar desde un inicio del partido para no atraer malas espinas.
Wu sostuvo su primer servicio, Nadal hizo lo propio con el suyo pero ya en el tercer juego el balear se fue en busca de su rival. Se atrevió a darle algo más recto a la pelota, conectó un par de derechas paralelas agresivas, restó con profundidad y vio que el chino sufría con la pequeña embestida 'nadalenca'.

Nadal logró la primera rotura pero automáticamente le vino el contrabreak y ahí empezaron las dudas y el juego conservador desde el fondo de pista. El partido se puso 3-3 con Rafael fallando más de la cuenta. El chino ofrecía un muy gran tenis desde el fondo, se agarraba a la pista, se creía que podía contra el mismísimo Nadal y el balear no veía hueco con facilidad. Sin embargo, a la hora de la verdad, el español estuvo unos puntos más certero cuando se trató de encontrar los tiros ganadores. Aún fallando más de la cuenta pudo romperle el saque a Wu y se quedó con la primera manga con un ajustado 6-4. Ambos tenistas acabaron con 13 errores no forzados cada uno, pero la diferencia se sacó en los ganadores: 10 para Nadal; 4 para Wu.
En la segunda manga el chino se creció y el balear dejó que así fuera. Rafa continuaba con el brazo encogido, no podía tirar de derecha como él sabe y estaba a la defensiva y a merced de lo que su rival proponía. El 230º del mundo ponía en aprietos al 9 veces campeón de Roland Garros. Nadal entregó en dos ocasiones el saque, se puso 2-4 abajo en el marcador y el chino parecía un híbrido entre Ferrer y Djokovic en versión oriental. Pegaba, corría, no fallaba y estaba disfrutando.

Lo contrario que Nadal. El mallorquín sufría en la pista. No encontraba su tenis y seguía empeñado en estar dos metros atrás de la línea de fondo y ganar los puntos desde ahí. Con el 2-4 en el marcador, el chino empezó a padecer el cansancio físico, Nadal se mostró más entero mentalmente, tiró de oficio y pudo encadenar 4 juegos seguidos que le dieron el partido.
Rafael se fue de la pista sin una gran sonrisa, consciente que tiene que levantar el nivel de forma exponencial si quiere seguir pasando rondas en Pekín y lograr resultados en Asia. Los rivales saben que Nadal está en una crisis de tenis y salen a morderle. Incluso, el 230º del mundo. El próximo escollo, el cañonero Vasek Pospisil.

