Valiente. Agresivo. Decidido. Así salió Rafael Nadal a disputar su partido de segunda ronda ante Jeremy Chardy en Cincinnati. El balear quiso olvidar los fantasmas de la semana pasada y se impuso al galo por 6-3, 6-4 en 87 minutos de juego después de unos importantes retrasos por lluvia que condicionaron el partido y lo hicieron terminar de madrugada. Nadal cuajó uno de los mejores partidos del año sobre pista dura, ofreció una imagen 'algo renovada' tirando más recto, mostró la determinación que le venía faltando, se quedó con los momentos importantes del encuentro y convenció en su estreno.
Había que darle vuelta la moneda y desprenderse del sabor agridulce de la última vez que había pisado la pista para competición oficial. Kei Nishikori el pasado viernes en Montreal le dio un cachetazo en la confianza a Rafael Nadal y su estreno ante Chardy era un examen de altura para saber cómo afrontaría el español el mazazo canadiense.

Y Rafa lo aprobó. Con nota. Pese a dar nueve chances de break, salvó todas. No le rompieron el saque en todo el partido y esto es una de las pruebas que más satisfacción le aporta al mallorquín. Se vio jugando los puntos importantes con la confianza que busca y por la que tanto reclama. Esta vez no titubeó como sí lo hizo en otras ocasiones en esta temporada. Cuando había que apretar los dientes, lo hacía. Ponía su sello y se quedaba con el punto tirando de valentía, tenis y coraje.
Pero gran parte del secreto del éxito estuvo en su derecha. Hoy funcionó. Sintió la bola limpia como hacía partidos que no la sentía. Intentó que no se quedaran cortas para no ofrecerle la posibilidad a Chardy de que tuviera la oportunidad de mandar y dejarlo parado con uno de sus misiles marca de la casa.
Cuando Nadal pega con confianza, cuando el impacto retumba y la pelota corre, es otro jugador. Es ese oponente que puede aspirar a todo y un símbolo de que se siente bien. El peor diagnostico para los rivales, el mejor para el español. Su confianza se veía favorecida porque sentía que la pelota iba teledirigida donde apuntaba. Esto le permitió que, a pesar de encontrar errores no forzados porque se arriesgaba, conectará una buena dosis de ganadores.

Nadal terminó apretando el puño, pegó un salto de alegría y avisó a los compañeros de profesión que está en Cincinnati con mejores sensaciones. Esta noche se verá las caras con Feliciano López, quien derrotó a Milos Raonic, y tiene por delante uno de los mayores retos: conservar las buenas sensaciones que mostró en su estreno.

