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Madura Tomic, por favor

Fabián Valeth - 27 jul 2015 | 09:30

OPINIÓN - A Bernard Tomic puede que le quede perfecto el papel de ‘bad boy’, pero ya es hora de que asuma un rol más acorde a lo que revela su estilo de juego.

Muchos dan por seguro que al llegar a la mayoría de edad (sea 18 o 21) es el momento donde las personas adquieren la madurez física, mental, psicológica, intelectual… Es el punto donde cada quien ya tiene “la suma capacidad de obrar según lo que crea bueno o malo”. Pero parece más un pensamiento, una representación que nos implantan, o que nosotros mismos creamos, para adquirir la libertad que parece tan estupenda cuando se es adolescente; por eso casi todos alguna vez le dijimos a nuestros padres “cuando llegue a los 18 me voy de la casa” o “no te metas en mi vida, soy mayor de edad”. Pero en realidad, ese desarrollo para tener sensatez no depende de un número, es más una condición que adquirimos cuando nos enfrentamos a los verdaderos retos de la vida; cuando llega la independización, cuando aprendes a tocar el lodo. Cuando miras la vida con una perspectiva más lógica, que tú mismo te das cuenta que has cambiado.

Estando en un evento de categoría como el ATP de Bogotá, uno aprende a mirar el tenis de otro modo. No era la primera vez que cubría un evento, tenía experiencia en Challengers y Futures en Colombia pero estos, claramente, no tienen la misma envergadura que un torneo donde ves pasar por tu lado a muchos de los que miras por televisión cada semana. Al principio todo parece mágico, pero luego ya pasa a ser parte de una aparente normalidad. Te das cuenta de aspectos de este deporte que sí y solo sí los corroboras estando en vivo, una de ellas, el verdadero nivel que posee un tenista, el potencial que maneja, la exquisitez de las variantes, de los golpes, su capacidad física. Puedes establecer quién es “buen o mal” tenista.

En esta semana tuve la oportunidad de ver a Bernard Tomic por primera vez a solo centímetros de distancia, de darme cuenta que es un buen tipo con el sentido del humor expuesto, que no te niega una pregunta, que puede hacerte conversación luego del interrogatorio tan rígido en una entrevista. Y luego lo ves en la cancha, a unos metros, y, aunque la imagen facial cambia completamente, eres testigo que domina un juego limpio, con golpes sin nada que envidiar a otros tenistas, con la capacidad de ser un jugador top. Pero luego recuerdas todos los problemas que ha tenido fuera de las canchas, se te viene a la cabeza que hace días fue arrestado, que es conocido por estar ligado a fiestas y a las mujeres, y encuentras la explicación del porqué de su lento avance; allí dices “Madura Tomic, por favor”.

Porque Tomic ha sido capaz de revalidar el título de Bogotá dando cuenta que estaba un escalón por encima de los demás. Porque llegó con el rotulo de favoritísimo y lo cumplió a cabalidad. Porque en los dos últimos partidos jugó con el cuerpo maltrecho, con evidente cansancio y mareos –afectado por la altura– y aun así pudo llevarse la victoria. Y puede que sus rivales hayan caído en el bien llamado miedo al éxito, pero el australiano, con solo aumentar una velocidad, fue capaz de poner la balanza a su favor. Una cualidad que poseen muy pocos: de conseguir triunfos sin estar a la plenitud.

Y qué decir la diversidad. Bernard demostró, primero, que es dueño de un servicio que puede combinar potencia con colocación; que lo saca de apuros en muchos de los momentos de dificultad; que no necesita mayor esfuerzo para conectar aces. Que, sin importar sus 1.96 centímetros de estatura, ejecuta el slice con una facilidad impresionante, que pega limpio tanto de drive como de revés y a veces no necesita tanta fuerza para hacer daño. Que cuando decide impactar con mayor revolución, la pelota es más peligrosa; hace tanto daño que puede dejar a su contrincante sin respuestas.

Pero después te pones a pensar y llegas a la conclusión que técnica sin regularidad, y sin la madurez que todo hombre necesita, muchas veces no sirve para nada. Porque la cabeza maneja los hilos en un deporte que necesita de estrategias, donde la mente opte por la mejor elección en microsegundos; y eso se logra cuando todo está en orden, cuando ya eres lo suficiente capaz de saber cuál es la mejor opción. Tomic me dejó claro que sin esos lunares de su vida privada puede llegar a ser un asiduo protagonista del circuito masculino, que lo veríamos inmerso dentro del top-20, peleando por ser de los 10 mejores, y poniendo en aprietos a los de la parte de arriba. Sin eso y centrándose lo mayor posible en el tenis, que es su trabajo, mejorando puntos como la parte física y su inestabilidad dentro de los partidos.

A nada de cumplir 23 años, ya es momento que Tomic llegue a la madurez definitiva. El papel de chico malo y rebelde ya está para tirarlo a la basura y cambiar el chip hacia un nuevo Bernard, capaz de ser dueño de una carrera prolija en una disciplina donde quedan en la memoria de los aficionados aquellos competentes de sobresalir ante los demás. El aussie tiene tanto por dar que denota que si explota puede llevarse a varios por delante, pero eso tiene que llegar antes de que sea demasiado tarde. Con el título de Bogotá tiene una nueva oportunidad de demostrar que de ahora en adelante veremos a un renovado ‘Bernie’.