Del Potro arrolla a Nadal en Shanghái

El argentino, a través de una exhibición colosal de capacidad ofensiva, desarboló a Nadal sobre el cemento chino

Nacho Mühlenberg | 12 Oct 2013 | 16.42
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Juan Martín Del Potro se clasificó para la final del Masters 1000 de Shanghái tras derrotar a Rafael Nadal por 6-2 y 6-4 en una semifinal trepidante. El argentino cuajó un partido redondo de principio a fin y demostró que está para pelear con los de arriba. Del Potro renunció en 2013 a jugar la Copa Davis para asentarse entre los mejores del mundo. ¿Cuál es su techo?

Del Potro salió a la pista decidido, confiado y sabiendo perfectamente lo que debía de hacer para desbordar a Rafael Nadal. La teoría estaba en su cabeza, la técnica y tenis en su mano y la táctica estaba estudiada. Faltaba lo más difícil: llevarla a cabo ante el número uno del mundo.

Pero el argentino no titubeó. Empezó con la cabeza bien amoldada y con la ametralladora bien calibrada. Sabía que, para derrotar al mejor Rafa Nadal en cemento, había que jugar al tenis con riesgos, pegando fuerte y moviéndolo de lado a lado. Y así fue.

Nadal no está acostumbrado a sufrir de esta manera. El mallorquín suele dominar los partidos, llevarlos a su ritmo. Congelarlos cuando tiene que frenar un poco el ritmo o aumentarlo cuando hay que poner una marcha más. Él juega metido dentro de la pista y reparte escopetazos para los diferentes lados. Hoy, en Shanghái, los papeles se invirtieron y le tocó sufrir su propia medicina.

Del Potro abría pista con la derecha y tenía total control de los puntos gracias a este golpe. Era el factor diferenciador. El argentino dejaba hueco libre del lado de su ‘drive’ para que Nadal le jugara a esa zona. Juan Martín llegaba a pegar a la carrera y soltaba unos látigos que volaban a más de 150 km/h. Con estos golpes hacía sufrir al español, lo desquiciaba.

No solo con la derecha incomodaba a Nadal. Con el saque estaba impoluto.

Hasta el cuarto juego había ganado el 100% de puntos jugados con el primer servicio. El saque fue otra de las claves que hicieron que la balanza se decantara a favor del argentino.

Del Potro estaba cómodo. Se metía adentro de la pista, pegaba de arriba abajo y se inventaba tiros ganadores a diestro y siniestro. La diferencia en la velocidad de la pelota entre los dos tenistas era atroz.

El argentino estaba cuajando un partido perfecto. Era un negocio redondo. Tiraba y apretaba con sus golpes para que Nadal estuviese a la defensiva y bien alejado de la línea de fondo.

Para terminar de cuajar un partido perfecto, que es la única manera hoy por hoy de ganarle a Nadal en sets corridos, llamaba la atención su revés. A diferencia del último partido que disputaron entre ambos (Indian Wells 2013) este Del Potro estaba sin dolor en la muñeca y se notaba en la zona de su revés. Apenas recurría al cortado y tiraba planazos que pegaba a la altura del hombro, dos metros dentro de la línea de fondo y montándose encima de la pelota. Eran imparables para el mismísimo número uno del mundo.

Nadal sufría en la pista. Buscaba con la mirada a su segundo entrenador, Francis Roig como si él encontrara explicación o solución a lo que estaba pasando. Estaba descolocado. Rafa, se reía con los tiros de Del Potro a la línea e incluso se atrevía a bromear con Carlos Bernardes, el juez de silla del encuentro, comentándole entre carcajadas el elevado porcentaje de primeros saques del argentino: “¡No ha fallado ningún primer saque!”.

Para desgracia de Nadal, el tandilense también estaba fino a la hora de restar. Las devoluciones a los saques del número uno del mundo era la mejor manera de iniciar su ataque. Del Potro restaba a los pies de Nadal. Esto hacía que Rafa tuviese que retroceder para sacarse de encima la pelota y que a Del Potro le viniese una bola sin fuerzas para dar comienzo a su táctica. El argentino aprovechaba y, con pasos hacia delante, ya le iba ganando terreno a Nadal.

Del Potro cuajó uno de los mejores partidos de su vida y demostró que está para pelearle a cualquier jugador que se le ponga por delante.

El argentino tiene margen de mejora en algunos aspectos y un potencial de tenis que lo hace ser respetado por todos los tenistas y una alternativa a la hegemonía de Nadal y Djokovic.

Del Potro quiere ser número uno del mundo. Lo tiene en mente desde hace tiempo y está dispuesto a conseguirlo. Si las lesiones no lo frenan y es capaz de conseguir una regularidad, puede dar un golpe en la mesa.

¿Cuál es el techo de Juan Martín Del Potro? ¿Es un futuro número uno del mundo?