Rafael Nadal afrontará desde finales del próximo mes de mayo la defensa del trofeo que le acredita como mejor jugador de la historia sobre tierra batida. El cetro de campeón de Roland Garros, siete veces alzado al cielo de París por el mallorquín, marca el corazón de la temporada del número cinco mundial que por primera vez desde 2005 podría llegar a la capital de Francia sin la banda de indiscutible favorito rodeando su cuello.
Con tan solo dos torneos disputados desde su retorno, y con un amplio camino por recorrer hasta llegar al templo de la arcilla, repasamos algunas de las claves que pueden otorgar o arrebatar la predilecta condición al español antes de que pise por primera vez el albero del torneo de Acapulco, próxima parada en la insólita hoja de ruta de 2013, trazada pensando en las rodillas y en recuperar paulatinamente la forma que tiempo atrás le llevó a ser mejor del mundo.

Argumentos a favor
El reloj juega en su equipo: Muchos días deben ser tachados del calendario para vislumbrar la llegada del segundo Grand Slam de la temporada. El circuito, divido desde la próxima semana entre Dubai y Acapulco, afrontará en el mes de marzo los dos primeros Masters 1000 del curso sobre cemento (Indian Wells y Miami) sin la certeza de que Nadal compita en ambos. Luego, tras recorrer California y Florida, las briznas de arcilla salpicarán los calcetines de los jugadores hasta teñirlos de rojo durante la gira europea de tierra batida. El balear, que jugará en Monte Carlo, Barcelona, Madrid y Roma, tiene tiempo suficiente para colocar correctamente las piezas de su particular engranaje mientras intenta defender la altísima cifra de puntos que pondrá en juego desde el 13 de abril. Por eso, algo está claro: Nadal cuenta con margen suficiente para llegar preparado a la cita más importante de la temporada sobre tierra batida.
Siete coronas: La realidad de los números es aplastante. Nadal suma en Roland Garros 52 victorias y una sola derrota (ante Soderling en los octavos de final de 2009). Ese espectacular balance le ha permitido hacer suyos siete trofeos de campeón en París, más que ningún otro jugador a lo largo de toda la historia. En París se presentó ante el mundo en 2005, renació en 2010 y derrotó a Djokovic, su antítesis deportiva, en 2012 sumando por el camino los cetros de 2006, 2007, 2008 y 2011. Obviamente los éxitos pasados no garantizan que el triunfo se repita en el presente, pero sí envuelven a Nadal en un halo distintivo que ningún otro tenista tiene actualmente cuando pone los pies sobre la catedral de la tierra. Ese característico componente mental, que amedrenta al enemigo en las entrañas del vestuario antes de saltar a la pista, ha inclinado históricamente la balanza en muchos compromisos antes de que la bola comience a volar. El respeto ganado a pulso por Nadal tras cada barrera derribada sobre la superficie más lenta del planeta (tan solo 20 derrotas en su carrera) permanece presente entre el resto de jugadores del circuito.
El margen de las cinco mangas: El formato de los torneos del Grand Slam protege a los favoritos. Vencer a uno de los mejores jugadores del mundo a tres mangas es sensiblemente más sencillo que hacerlo a cinco, donde el espacio para reaccionar es mucho mayor. Nadal, que nunca ha perdido un duelo sobre tierra batida llevado al quinto set, cuenta con ese escudo para emprender la conquista del octavo título de campeón en París. A diferencia de Viña del Mar o Sao Paulo, torneos en los que se vio sorprendido por jugadores inferiores (Zeballos, Berlocq o Alund), en París el actual número cinco mundial encontrará la hipotética ayuda que proporcionan los duelos disputados a cinco parciales.

Discurso: “A nivel tenístico no me siento mal. A nivel físico me faltan muchas horas de vuelo”. Estas palabras de Nadal, pronunciadas tras caer en la final de Viña del Mar ante el argentino Zeballos, definen la realidad del español tras el retorno. Pese las carencias mostradas (velocidad de reacción, energía a la hora de restar o potencia en las piernas para poder alargar más la pelota), el balear señaló que estaba lejos de alcanzar un estado físico lo suficientemente óptimo como para batallar por objetivos de primera línea. Aunque durante la lesión Nadal pasó horas en el gimnasio, se sumergió en el mar a primera hora de la mañana e intentó mantenerse en forma, siempre dentro de los límites que los médicos le marcaron, el ritmo de la competición solo se encuentra en la misma. La lógica indica que a París llegará preparado, si no hay ninguna alteración en el calendario.
Decisiones: Descifrado quedará el enigma tras el torneo de Acapulco. Una vez completada la primera parte del regreso a la élite, Nadal y su entorno podrán escoger dos vías distintas. Viajar a Indian Wells y Miami para disputar los dos primeros Masters 1000 de la temporada, sobre cemento y con un elenco de jugadores diametralmente opuesto a los presentes en Chile, Brasil y México, significaría que la rodilla progresa adecuadamente, que no ha sufrido arañazos ni sobrecargas durante los tres primeros torneos de 2013, y que el español quiere asumir los riesgos de enfrentarse a los mejores en pista rápida. Renunciar a la gira estadounidense, optando por tomar un respiro en busca de aire, evidenciaría que el cemento todavía no forma parte de la hoja de ruta del mallorquín y que la preparación sigue enfocada hacia la tierra batida y, en consecuencia, hacia Roland Garros.

Argumentos en contra
Secuelas tras el período de inactividad: Más de 200 días en la lona componen un abismo difícil de saltar sin sentir vértigo. A Nadal, lo dijo el propio jugador, no se le ha olvidado qué debe hacer para jugar a tenis. Las consecuencias de esos siete meses sin tocar la raqueta, sin embargo, son evidentes: al escaso ritmo de competición, fundamental para un jugador que hace de las sensaciones un parte vital de su juego, la confianza para afrontar momentos de inflexión durante los encuentros (reflejado quedó en la final de Viña del Mar ante Zeballos, donde abrió la puerta al argentino cuando tenía la tercera manga controlada) o la inercia que se adquiere al ir superando partidos forman el mar de dudas por el que ahora mismo bucea el español.
Posición en el ránking: Vagar por los cuatro primeros puestos de la clasificación puede no tener mayor importancia, más allá de la gloria indiscutible que otorga ser el número uno del mundo. Salir del top4, sin embargo, no es un hecho baladí. Nadal, ahora mismo en el quinto escalón de la clasificación y con importantes opciones de seguir descendiendo durante los próximos meses, asume el riesgo de cruzar con Djokovic, Federer, Murray o Ferrer en los cuartos de final del torneo parisino cuando nunca antes desde su estreno había enfrentado a uno de los cuatro mejores tenistas del planeta en la mencionada ronda. No estar entre los cuatro primeros preclasificados del segundo Grand Slam del año es una barrera más en la conquista del octavo título parisino.
¿Arma de doble filo?: Las cinco mangas son una bomba de oxígeno para los favoritos y teóricamente uno de los argumentos que otorgan a Nadal ese favoritismo del que ha gozado los cuartos pasados al llegar a París. Sin embargo, en Roland Garros el español se enfrentará por primera vez desde la lesión a partidos de una duración mayor a lo habitual. Esa circunstancia, la misma que siempre ha sido una bendición en lugar de un calvario para el ganador de 11 torneos grandes, pondrá a prueba la respuesta del cuerpo del balear. Nadal, que no fue a Melbourne porque un virus estomacal le impidió preparar adecuadamente la exigencia de los cinco sets, tendrá en París una cita ineludible con ese termómetro que arrojará luz sobre su recuperación: ganar un Grand Slam pasa por aunar a la perfección todos los aspectos del jugador durante 14 días sin posibilidad de fisura. Todo un reto para un tenista lesionado durante más de medio año.
En un escenario grande ante los grandes: Nadal se enfrentó en los dos primeros torneos tras su retorno a cuadros pequeños, plagados de jugadores inferiores a él y sin apenas presencia de tenistas del top10. Sin estar al 100% consiguió llegar a una final y ganar su primer título de 2013. Aunque en los siguientes meses cruzará inevitablemente con los jugadores más importantes del mundo, en París lo hará peleando por el pedazo de pastel más jugoso del año y en un escenario de dimensiones universales. Ausente durante los últimos dos torneos del Grand Slam (US Open 2012 y Open de Australia 2013), el español sentirá en Roland Garros las emociones de volver a una pista central peleando por un torneo con acceso directo a la eternidad.
Hambre de Djokovic: Tras ganar en Australia, y alzar su sexto trofeo del Grand Slam, el cuarto en las antípodas, Djokovic lanzó una amenaza: “Me voy a preparar para ganar Roland Garros”. El serbio, parece claro, tiene marcado París como el objetivo más importante de su carrera, una vez abrazados los otros tres torneos del Grand Slam. En 2012 un Nadal colosal le frenó tras empezar a cavar su tumba en Monte Carlo y Roma, cortando la hemorragia de derrotas sufrida durante 2011. Ahora, y tras reforzar en Melbourne su indiscutible condición de líder del circuito, Djokovic se prepara para volver a intentar a asaltar el terreno sagrado de Nadal consciente de la teórica debilidad del español. Posiblemente sea el mejor momento para hacerlo.

