El Abierto de Australia está calentando motores. Previo paso a las batallas que se librarán en Melbourne Park, las tomas de contacto en Brisbane y Sidney se antojan ardientes.
Hoy se han dado a conocer las listas oficiales de jugadoras que tomarán parte en el torneo de Sidney, a disputarse entre el 6 y el 12 de enero de 2013. Junto al evento de Brisbane, ubicado en la primera semana del próximo curso, constituye una cita fundamental de cara a la preparación del primer Grand Slam de la temporada: el Abierto de Australia. Siendo los dos únicos eventos de categoría Premier previos al desembarco en Melbourne, suelen concentrar una cantidad de figuras tremenda para abrir la temporada. Sidney contará con 7 jugadoras de calibre top10. Brisbane, habiendo incrementado su estatus y bolsa de premios, eleva la cifra hasta 8 –incluyendo, al completo, al actual top3 WTA-. Recordemos que se trata de cuadros de únicamente 32 plazas. ¿Presentan estos torneos los cuadros más duros del año en el circuito femenino?
Top10 presentes en Brisbane: Victoria Azarenka, María Sharapova, Serena Williams, Angelique Kerber, Sara Errani, Petra Kvitova, Samantha Stosur, Caroline Wozniacki.
Top10 presentes en Sidney: Agnieszka Radwanska, Angelique Kerber, Sara Errani, Li Na, Petra Kvitova, Sam Stosur, Caroline Wozniacki.

Argumentos a favor:
La concentración de talento deportivo no tiene parangón a lo largo del año. Para buscar un plantel que pueda hacer frente a los presentados por los eventos australianos que abren la temporada, debemos establecer la comparativa con cuadros de Grand Slam, Premier Mandatory o Premier 5. Es decir, con los torneos más importantes del calendario tenístico. No obstante, en esos casos –salvo en el Premier 5 de albergue alterno de Doha/Dubai- estaríamos siempre hablando de torneos con capacidad para 128 y 64 jugadores, quedando siempre espacio para tenistas de calibre más modesto. Sin embargo, en los torneos de rodaje aussie únicamente hay espacio para 32 competidoras. Posibles cruces entre top10 desde cuartos de final (es decir, en 3 de las 5 rondas).
El nivel medio del evento es superior al de cualquier torneo del calendario. Derivado del hecho de sus reducidas dimensiones, el corte que determina la entrada directa al torneo alcanza cotas inimaginables en otros enclaves tenísticos. Estamos hablando de que, en Sidney, la tenista número 32 del mundo no tiene garantizada la entrada directa. Dicho de otra forma, una cabeza de serie en Grand Slam aquí puede necesitar jugar previa. De otro modo, todas las tenistas que ingresan por ranking al cuadro final serán cabezas de serie en Melbourne. En Brisbane, que cuenta con el top3 íntegro, el corte queda marcado en la tenista 46 WTA.

La inminencia del primer Grand Slam de la temporada pone sobre aviso a las jugadoras. Inmediatamente después de la pretemporada, llegan unos torneos que configuran una preparación justa con Melbourne como destino. Alejadas del fragor del circuito desde el mes de octubre, el rodaje competitivo se antoja vital tras un barbecho superior a dos meses. Las piernas necesitan partidos, y estos partidos –exhibiciones al margen- quedan reservados para dos semanas de ritmo frenético. Perder pronto puede suponer llegar a Melbourne Park más fresco pero igualmente con las sensaciones justas. Nadie debe regalar nada.
La fatiga acumulada por las tenistas no aguanta la comparación con la soportada a final de temporada. Recién salidas del período del año dedicado a recuperar sus castigados cuerpos, las competidoras se encuentran listas para retomar el pulso de la competición. A diferencia del otoño, donde los meses de competición ininterrumpida se acumulan en las piernas, enero debe presentar –si no el tono físico óptimo- al menos un punto de frescura erosionado en otras alturas de la temporada. La capacidad para aguantar los pulsos en un deporte cada vez más físico se antoja más solvente, dando lugar a atractivos duelos para abrir el año.
Argumentos en contra:
Aún lejos del corazón de la temporada, el despliegue físico de las competidoras está lejos de ser óptimo. Carecen del rodaje necesario para rendir al máximo nivel. Un peso en las piernas que sólo se adquiere con el paso de los torneos, comenzando realmente la temporada en los grandes eventos de la primavera. Estos torneos constituyen una toma de contacto con la competición y no necesariamente representan de manera fiel el argumentario deportivo de las participantes.
Presentes en cuerpo, pero con la mente en Melbourne. El hecho de tener a un par de semanas el primer gran desafío de la temporada puede contribuir a que las jugadoras, con el cuerpo aún frío de competición tras un parón de más de 60 días, retomen la pista con cierta cautela. Cualquier lesión, por mínima que sea, puede borrar del calendario el primer Grand Slam del año. Una cita económicamente imprescindible para muchas jugadoras, suculenta incluso para las tenistas más desahogadas en ese sentido, y con un prestigio deportivo que ninguna estará dispuesta a sacrificar. Así, levantar levemente el pie del acelerador se antojaría una actitud comprensible en estos torneos.
El tamaño del cuadro hace inviable hablar de dureza máxima. Teniendo en cuenta que el calendario presenta cuatro citas (Grand Slam) que requieren siete triunfos para alcanzar el cetro de campeona y hasta ocho eventos (Premier Mandatory/Premier 5) que precisan seis victorias, cuesta pensar que un torneo donde el requisito de triunfos para ganar queda reducido a cinco ostente la mayor dureza del curso. Si sumamos a eso que los torneos oceánicos se celebran en el período de menor fatiga acumulada, la tesis queda rebatida.
¿Son para ti estos eventos de apertura de temporada los que presentan los cuadros más duros del curso WTA? Déjanos tus impresiones en la sección de comentarios.

