El Open de Australia podría estar en peligro según los primeros rumores que llegan desde Nueva York, nuevamente coincidiendo con el inicio de un Grand Slam y con el cambio de gobierno en el Consejo de Jugadores de la ATP, los principales rebeldes, que exigen más dinero en el reparto de premios de los Grand Slams y más porcentaje, habrían mandado una carta para una reunión urgente de todos los participantes en el US Open para el sábado.
Son tiempos revueltos para la ATP y para el mundo del tenis. La hegemonía de los mejores jugadores del mundo protagoniza un episodio en este deporte apasionante para los aficionados por ver dónde están los límites y los récords del tenis en una generación que ha agrupado a cuatro hombres que podrían ser números 1 del mundo y cuatro o cinco tenistas que serían alternativas en un panorama diferente. Sin embargo, la gran calidad de estos mismos y los elevadísimos costes que supone para la “clase noble” y la “clase media” de la ATP jugar en un Grand Slam ha formalizado ya un par de amenazas de huelga, (cierre patronal), que no llegaron a cuajar durante el último año natural, (inicio del US Open 2011 y del Open de Australia 2012).
Un par de recortes, dos guiños patronales de la ITF y unas palabritas conciliadoras de Roger Federer y arreglado. Pero las cosas son como siguen: La ATP no sólo la forma una élite de 30 ó 40 tenistas privilegiados y multimillonarios que puedan darse la vuelta al mundo cuatro veces al año para jugar torneos. Allí también hay profesionales que se ganan el pan y que tienen que ganar muchos partidos para poder sobrevivir. Ya no sólo es por tradición, es por costes: A un jugador europeo, jugar en París o Londres no le cuesta mucho dinero en desplazamientos y alojamientos. A un jugador europeo, irse a Australia, (las antípodas), le cuesta muchísimo dinero. Un dinero que no amortiza con una derrota en la previa y casi, (a duras penas), en primera ronda (si no ha jugado previa).
En Europa siempre hay torneos (Challengers o Futures), donde los jugadores más allá del 100 del ranking pueden “rescatar” algo de dinero antes de llegar al Grand Slam. Allí pueden “hacer caja” y seguir viviendo de su intento de progresar en un Grand Slam. Ir a Australia, sin ningún tipo de ayuda económica de patrocinadores o federaciones es un riesgo económico que muchos jugadores no están dispuestos a asumir.
Irse a Australia es empezar el año a miles de kilómetros de tu ciudad y tener unos gastos realmente brutales, puede ser un varapalo para un jugador de estos niveles. Si no gana ningún partido en alguno de los torneos de Nueva Zelanda o Australia, te puede ocasionar un agujero económico insalvable para muchos. En este sentido, la demanda es tratar de apretar todavía más a los torneos, pero la gran facturación viene de la presencia de grandes jugadores y de las rondas finales. Así que, habrá que ver hasta dónde se le puede apretar a los Grand Slams.
Alternativas
Claro que esto, al tenista profesional no se le pasaría por la mente si no hubiera alternativas. Pero las hay. En Medio Oriente el tenis está cobrando cada vez un mayor prestigio y hay muchos emiratos que están dispuestos a invertir grandes cantidades de dinero para ver a los mejores jugadores en acción. El calendario se tiene que discutir entre el Consejo de los Jugadores la ATP y la ITF y todo esto sería difícil de resolver en pocos meses, pero los petrodólares parece que pueden inquietar la calma y la tradición del tenis.
Se habla de una gira en Medio Oriente en estas fechas, (principio de enero), que podría culminar con un gran torneo, (probablemente en Dubai), donde los premios en metálico fueran iguales o superiores al Grand Slam.
Mientras los mejores jugadores no tomen parte y se posicionen del lado de este supuesto, los Grand Slams estarán a salvo y Australia es uno de los Grand Slams que cuentan con más apoyos de los jugadores por su organización. Pero el dinero, para los profesionales manda.
Australia es el más débil de los cuatro Grand Slams, precisamente por la fecha en la que está encuadrado y porque los torneos previos que lo preceden son fácilmente “suprimibles”.
En el Grand Slam oceánico ya saben lo que es un boicot, como el que sufrió en 1973 cuando muchos de los mejores jugadores del mundo se negaron a participar. Los jugadores de Europa del Este no pudieron seguir el boicot promovido por el apoyo a Nikki Pilic, que había sido suspendido por la federación yugoslava por haberse negado a jugar un partido de la Copa Davis. Entonces, el checoslovaco Jan Kodes aprovechó para hacer con el título.
Conclusión
Que el boicot se lleve a cabo y se pueda suprimir un Grand Slam es, hoy por hoy, algo realmente impensable. Al menos, igual de improbable que un “lockout” como el de la NBA que, curiosamente se produjo el año pasado. Tocar el Open de Australia sería un sacrilegio para los puristas del tenis, pero no podemos menos que hacernos eco y resonancia de los movimientos que se van perpetrando. De momento no han salido nombres en primera persona que hablen de estos temas y el principal revolucionario contra las fuerzas dominantes en el tenis mundial de hoy en día, Rafael Nadal, dio un paso a un lado a mitad de año. Esto significa que, a día de hoy, la cara la tendría que poner el Presidente del Consejo, Roger Federer… y parece muy complicado que Roger no fuera capaz de amainar las aguas y calmar los ánimos. En cualquier caso, a menos de 48 horas para el inicio del US Open, en vez de una amenaza de huelga, (que se podría haber producido), llegan rumores todavía más fuertes.
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