Mardy Fish ha renunciado a jugar el Mutua Madrileña Madrid Open sin dar más explicaciones que su simple ausencia a la hora de confirmar su inscripción al torneo, (situación la cual habrá que estudiar porque los mejores jugadores del mundo están obligados a participar en los Masters 1000) y, aunque es segura su presencia en Roma, donde defiende los octavos de final, ha diagramado su calendario para competir cuatro meses en 2012, con un bagaje esta temporada absolutamente impresentable para un Top 10; 7-6. Fish será sancionado por la ATP, porque no puede renunciar a un Masters 1000.
Junto a él, Andy Roddick tampoco formará parte en el torneo madrileño de la tierra batida azul, aunque el cañonero de Nebraska se ha escudado con una lesión en su pierna para justificar su ausencia en Madrid.
Los dos jugadores más significativos y representativos de Estados Unidos viven su particular abandono de la competición en con la máxima expresión de la desidia y la falta de competitividad y desde luego, con la falta de compromiso con el calendario ATP. Las bajas de los dos norteamericanos las cubriran el holandés Haase y el belga Rochus.
Fish lleva arrastrándose por las pistas durante todo el año, y se va a presentar a mitad de mayo a competir en 5 meses de máxima competición porque casi todos los puntos que tiene ahora mismo en su casillero los ha conseguido en las pruebas de la ATP que coinciden con el US Open Series, (Atlanta (ganador), Los Ángeles (ganador), Canadá (finalista), Cincinnati (semifinalista) y US Open (octavos de final)), aliñado con los puntos que le dieron la tercera ronda de Roland Garros, los cuartos de final de Wimbledon y las semifinales de Tokyo. Esto es todo lo que le queda a Fish, que sólo ha competido este año en Indian Wells, (hablando de “competir” en términos globales de saltar a la pista a algo más que darse un paseo y pegar cuatro raquetazos y orientada la palabra y la expresión a dar el 100% de tus posibilidades para tratar de hacer el mejor resultado posible).
La incomprensible pasividad de Fish
Si esto fuera un partido de balonmano a Fish le habían decretado “pasivo”. Es una falta técnica en este deporte que penaliza al equipo que no ataca y trata de conseguir gol, que no quiere competir y que no quiere jugar y se aprovecha de la dificultad de un robo de balón para dejar, literalmente que pase el tiempo. El número 1 norteamericano, en una indecente actitud muy poco competitiva ha dado algunos espectáculos realmente bochornosos para el público que compra una entrada de un torneo para verle jugar o que está abonado a un canal privado para ver tenis. Ha perdido partidos realmente inexplicables esta temporada y ha dejado pasar 5 meses de competición para tratar de jugar bien sólo en Miami, (donde llegó a cuartos de final tras eliminar a Dancevic, Kevin Anderson y Nicolás Almagro). Antes debutó en Australia sin haber jugado ningún torneo de ATP, sólo la Copa Hopman, donde también hizo un papel patético con su encontronazo con Dimitrov como única nota destacable.
Más notable todavía fue su derrota contra Alejandro Falla en el Open de Australia, pero una persona que lleva dos meses sin meterse en una pista de tenis con intensidad, es normal que no encuentre su ritmo y su nivel.
En Mareslla perdió contra el “qualy” Olivetti, un jugador que estaba 380 puestos por detrás de él en el ranking. En Dubai cayó con Youzhny tras derrotar a Beck en su única victoria del torneo y en Indian Wells no pudo con Ebden tras vencer a Seppi.
En Houston hizo acto de presencia para hacerse unas fotos antes del torneo y se dejó llevar con una actitud deplorable ante Michael Rusell, que le ganó sin oposición por 3-6 y 1-6.
Fish, que no defendía más que la primera ronda de Madrid, donde cayó el año pasado con Isner, ha decidido retrasar su viaje a Europa para debutar en la tierra batida del Viejo Continente en Roma, donde comenzará su singladura al otro lado del Atlántico, donde realmente parece que no se encuentra muy cómodo.
Fish es un jugador de ir por casa. A quien escribe le da la sensación de que el número 1 de Estados Unidos y actual número 9 de la ATP, sólo le gusta jugar con pantuflas y batín, en el salón de su casa. Pistas duras en el verano norteamericano y listo. Allí es un fenómeno. Mientras la élite del tenis mundial se entrena todos los días y da vueltas por todo el mundo para “ganarse el pan”, Fish ha decidido en esta parte final de su carrera, circunscribir su radio de acción a Estados Unidos y poco más. Todo un patriota.

Los viajes transatlánticos se le hacen muy pesados y tener que jugar en tierra batida también. Sin embargo, y bajo la alargada sombra de su bandera de barras y estrellas, sí estuvo encabezando la delegación estadounidense en Friburgo para derrotar a la Suiza de Roger Federer. Fish encabezó la sorpresa al derrotar a Wawrinka en el primer punto de la eliminatoria, (decisivo a la postre), y también para conquistar el doble con el gemelo Mike Bryan, Bob estaba atendiendo a su retoño recién nacido.
La vía fácil hacia el Top 10
La singladura de Fish en la ATP en 2012, sin embargo, da para una reflexión más profunda y compleja: ¿Cómo puede ser que un tenista con un balance de 7-6 en mayo, (medio año), en la ATP sea el número 9 del mundo? Pues tiene una explicación muy sencilla.
La tiranía con la que ejercen los cuatro primeros del mundo, y concretamente los dos primeros que copan casi todas las finales de Grand Slam y casi todas las finales de Masters 1000, convierten la lucha por el Top 10 en una cuestión muy ajustada de puntos. Al no haber jugadores capaces de sumar dos o tres grandes torneos con 1000 puntos (dotación de puntos para el ganador) ó 600 (los que se lleva el finalista), incluso es difícil que alguien se meta en semifinales, la llegada al Top 10 se puede hacer a través de dos caminos. Uno, y pondremos por ejemplo a Nicolás Almagro, jugar muchísimos torneos ATP 250 y ATP 500 en tu superficie favorita, (en este caso, tierra batida) y, aunque no tengas grandes resultados en los torneos más importantes, el cúmulo de estos puntos te dan suficiente colchón para estabilizarte entre los mejores.
Otra, es lo que hace Fish. Saberse los suficientemente fuerte en determinados torneos como para “apretar” sólo en ellos. Con 2500 puntos raspados, hoy, eres un Top 10. Esto sólo es posible porque hay dos tenistas que tienen más de 10.000, y otros dos que suman, uno casi 9.000 y otro casi 8.000. El Big 4, deja la competencia por el Top 10 en verdaderas “migajas”.
Bien es cierto, que esto, sólo lo permite Estados Unidos, donde se juegan más torneos y con mayor dotación de puntos. Un jugador como Fish, con su potencial de juego, que es un Top 5 en pistas rápidas outdoor y en partidos a 3 sets, opta a sumar 6000 puntos en un mes y medio, literalmente. El calendario le ofrece la posibilidad de ganar Atlanta (250), Los Ángeles (250), Washington (500), Toronto (1000), Cincinnati (1000) y Nueva York (2000), en seis semanas. Un hombre en forma en este mes y medio puede cerrar el año con más puntos que un jugador que ha ido “rodando” por todo el mundo.
Conclusión
Fish, que ha decidido acortar su calendario competitivo, ha aprovechado alguna ventana que le deja como ventaja la ATP para afianzarse entre los 10 primeros aprovechando una coyuntura favorable. Los depredadores de puntos Djokovic, Nadal , Federer y Murray, dejan un margen realmente estrecho por el que un tenista con una buena racha en un momento importante de la temporada puede meterse entre los mejores. El calendario y el sistema de puntuación permiten que un hombre como él, esté delante de Juan Martín Del Potro, por ejemplo, después de un inicio de año de estas características.
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