El hecho de que André Agassi no estuviera ya en el Salón de la Fama (Hall of Fame) resulta algo curioso. Compratiotas y contemporáneos como Pete Sampras o Jim Courier ya ocupan su lugar en este célebre club de los mejores tenistas desde 2007; la mujer de Agassi, la gran Steffi Graf, lo hace desde 2004 pero no ha sido hasta enero de 2011 que se ha conocido la nominación de este gran tenista y gran personalidad mediática a ser incluido en este selecto grupo de leyendas.
A Agassi se le recordará tanto por sus ocho Grand Slams, sus 60 torneos de la ATP ganados o sus 101 semanas en el nº1, como por su imagen y sus polémicas. Esos anuncios para Canon (ver El tenis en anuncios), ese romance con Brooke Shields, esos vaqueros descoloridos en Wimbledon, ese fantástico peinado que resultó ser una peluca, esa conversión de "enfant terrible" a padre de familia ejemplar... Seguro que todo el mundo, incluso alguien que no haya visto en su vida un minuto de tenis, sabe quien es André Agassi.

La carrera de Agassi es de las más curiosas y extensas de la historia del tenis. Se hizo profesional a los 16 años, en 1986, pero no fue hasta 1992 que ganó su primer Grand Slam: Wimbledon, un torneo en el que se había negado a jugar desde 1988 a 1990 por el tradicionalismo del mismo (eso de tener que ir de blanco en plenos años 80, no le hacía ninguna gracia). Agassi era un restador nato, por lo que sorprendió que este fuera su primer Grand Slam (de hecho, no lo volvió a ganar). En la final superó a Goran Ivanisevic y por el camino se dejó a Boris Becker y John McEnroe.
Dos años más tarde, gana por fin el Abierto de EE.UU. y comienza su "romance" con el de Australia (lo ganó en 1995, 2000, 2001 y 2003). Entre 1995 y 1999 sequía de "grandes" pero en ese último año consigue dos: Roland Garros (ya había llegado a la final en 1990 pero se le estuvo resistiendo durante años) y el Abierto de EE.UU. En definitiva, una carrera de altos y bajos que termina en el 2006, veinte años después de haberse iniciado, en un emotivo partido ante Marcos Baghdatis durante su participación en el US Open.

Con un currículum como este, su incorporación al Hall of Fame es indiscutible. Sin embargo, es posible que algunas verdades que Agassi decidió sacar a la luz en su autobiografía de 2009, no hayan ayudado a su nominación.
En su libro "Open", el tenista, además de confesar lo de la peluca, admitía haber tomado metamfetamina (crystal method) en 1997, una droga tan adictiva y destructiva como la heroína. Según él mismo, llegó a dar positivo ese mismo año pero dijo a la ATP que la había tomado sin haberse dado cuenta y el alto organismo "lo dejó pasar". Algunos jugadores, como Marat Safin, reaccionaron pidiendo que devolviese sus títulos y el dinero de los mismos, y señalaron el mal lugar en que Agassi había hecho quedar a la ATP. Otros, como Roger Federer, simplemente se mostraron "impactados" por estas confesiones.
Además, Agassi se sinceraba hasta tal punto en este libro (algo que, según muchos, nunca debería haber hecho) que llegó a asegurar "odiar el tenis". Esto lo explicaba por la presión que, especialmente su padre, había ejercido sobre él. Hoy en día parece haberse reconciliado con este deporte que ha sido su vida pero admite que lo que más satisfacción profesional le está dando es su academia para jóvenes André Agassi College Preparatory Academy en Las Vegas, su ciudad natal. El norteamericano dice de ella que le supone una victoria mayor que cualquiera de las logradas sobre la pista porque, en el tenis, podía tener un impacto sobre la vida de las personas durante unas horas pero en este proyecto el impacto es para toda la vida.

Fue precisamente en este centro donde se anunció en enero la nominación de Agassi al Salón de la Fama. Este sábado día 9 de julio, coincidiendo con la disputa de las semifinales del torneo de Newport en Rhode Island (EE.UU.), se presentará oficialmente a André Agassi como un nuevo miembro del Hall of Fame, junto con la ejecutiva de la WTA, Peachy Kellmeyer.
En 2004, Agassi ya vivió una ceremonia muy similar. En aquella ocasión a él le tocó hacer un discurso para su mujer. Steffi Graf se mostró muy emocionada en un momento muy "Javier Bardem-Penélope Cruz" que podría repetirse este sábado. Os dejamos con el maestro André Agassi haciendo algo que siempre se le ha dado muy bien, dentro y fuera de la pista: emocionar. Si no entendéis inglés no pasa nada, la sesión lacrimógena está asegurada igual. No os olvidéis los pañuelos.

