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La reflexión de Sorana Cirstea antes de retirarse: "Ojalá hubiera disfrutado más"

Apenas unos torneos restan por delante para que Sorana Cirstea cuelgue la raqueta al finalizar la temporada 2026. Un año lleno de alegrías que, sin embargo, no le hacen olvidar algunos errores del pasado.

La reflexión de Sorana Cirstea antes de retirarse: "Ojalá hubiera disfrutado más". Fuente: Getty

En una carrera que arrancó en 2006 y que termina veinte años después, es normal que encontremos capítulos de todo tipo. Momento buenos y no tan buenos. Decisiones acercas y otras fallidas. Sorana Cirstea ya casi toca la meta con la punta de los dedos, aunque todavía sigue siendo una jugadora en activo.

Y qué pocas tenistas pueden decir que acabaron su etapa profesional al nivel de la rumana. A los 36 años, en el mejor ranking de su carrera y habiendo disfrutado como nunca de cada torneo, de cada partido, de cada última vez. Sorana lo explica perfectamente en una entrevista elaborada por otra exjugadora, Alison Riske, en una charla compartida por el cana oficial de la WTA. A falta de solo un par de paradas por delante, Cirstea confiesa algunos secretos de este largo viaje.

"Cuando tenía 17 años, el éxito para mí era ser número uno y ganar muchos Grand Slams", arranca la rumana mostrando cómo era en el pasado, allí donde cada derrota parecía el fin del mundo. Dos décadas después, su consejo a aquella joven sería muy diferente y muy sencillo: disfrutar más. "Es una carrera muy larga, pero al mismo tiempo pasa todo rápido. Ojalá hubiera podido disfrutar más al principio", añade. Una reflexión que resume el aprendizaje de una jugadora que ha vivido suficiente tenis como para saber que los resultados no cuentan toda la historia.

Las lesiones, sus padres y el sueño cumplido en casa

En ese recorrido, sus padres ocupan un lugar fundamental. Cirstea empezó a jugar al tenis con cuatro años y recuerda cómo su familia hizo todo lo posible para ayudarla a perseguir su sueño. "Diría que sacrificaron su vida para que yo pudiera estar aquí", confesó, agradecida por un apoyo sin el que no habría llegado hasta donde llegó. También hubo momentos en los que continuar dejó de ser una certeza. Después de Wimbledon 2024, por ejemplo, pasó seis meses sufriendo un dolor que prácticamente le impedía caminar. Tuvo que operarse si quería seguir compitiendo, aunque no necesitaba aquella intervención para llevar una vida normal. La experiencia cambió su perspectiva, aprendió a plantearse pequeños objetivos, superarlos y encontrar satisfacción en el proceso.

"El éxito también es hacer lo que amas, levantarte cada día con ganas de afrontar tu jornada e intentar hacer algo mejor que ayer", resume la rumana con madurez. Esa evolución se nota especialmente cuando habla de las derrotas. A los 17 años, después de perder una semifinal en Luxemburgo ante Dementieva –top10 por aquel entonces–, Sorana no quiso salir de su habitación durante dos días. Ahora encuentra motivos para sonreír incluso en un buen entrenamiento o en una jornada agradable junto a su equipo. "La felicidad está en pasar con ilusión de una pequeña cosa a otra", explicó.

La victoria de Cirstea que cierra el círculo

Afortunadamente, existe una imagen que resume toda su carrera. Hablamos del trofeo conquistado en Rumanía el pasado mes de febrero, uno de sus grandes sueños. Aquella semana superó todas sus expectativas. "Si hubiera tenido que retirarme el lunes siguiente, habría estado en paz", sorprende Sorana sobre aquella final donde venció a Raducanu para levantar su sexto trofeo individual. Este triunfo le ayuda a sentirse orgullosa de la persona en la que la ha convertido el tenis, una experiencia que, según reconoce, le enseñó a ser buena persona.

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Sorana Cirstea con el último título de su carrera. Fuente: Getty

La retirada sigue presente, pero no quiere precipitarse. "Estoy disfrutando cada día al máximo, para mí es muy importante saber cuándo parar y que sea en mis propios términos, por lo que seguiré mientras sea feliz". Después de veinte años persiguiendo objetivos, quizá su victoria más importante consista precisamente en saber cuándo dejar de perseguirlos.