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El efecto dominó del tenis español

Unas declaraciones de Martín Landaluce este domingo en Copa Davis nos sirven para entender los motivos del éxito del tenis español. Cómo un equipo de debutantes es capaz de firmar una actuación como la de este fin de semana en Chile.

Martín Landaluce explica cuál es el secreto del tenis español. Fuente: RFET

Aunque su figura no fuera determinante en la eliminatoria, la presencia de Martín Landaluce este domingo en el Chile-España de Copa Davis nos dejó dos cosas muy interesantes. Lo primero su victoria para colocar el 0-4 a favor del equipo de David Ferrer. Y lo segundo, sus declaraciones posteriores en rueda de prensa.

Al madrileño, que ya había debutado la temporada pasada en esta competición, le preguntaron por enésima ocasión cuál es el secreto del tenis español. Cómo es posible que un país que no tiene una potencia económica acorde a su grandeza, sigue exportando talento cada temporada que se instala y profundiza dentro de los cien mejores del mundo. Una especia de cadena que arrancó hace varias décadas y que se mantiene a día de hoy gracias al trabajo de todas las generaciones anteriores.

Landaluce lo explicaba después de su victoria apoyado en tres nombres: David Ferrer, Rafa Nadal y Juan Carlos Ferrero. Ellos fueron sus referentes, a los que veía por televisión cuando era pequeño y, más allá de los títulos, de los que aprendió de ellos algo tan importante como el valor del sacrificio, los buenos hábitos o la disciplina. Esa es quizá la mayor victoria que puede conseguir un campeón. No solo ganar, sino conseguir que un niño que está viendo el partido piense: yo también quiero hacer esto.

Así es como funciona el deporte, primero necesitas que alguien te enseñe que el camino existe. Bruguera y Berasategui abrieron una puerta que después cruzaron Moyá, Ferrero, Nadal, Ferrer, Robredo y tantos otros. Y cuando parecía que aquella generación era irrepetible, llegó la siguiente. Y después otra. Y otra más. El tenis español no ha dejado de fabricar referentes porque, en buena medida, cada referente se convierte automáticamente en la motivación de quien viene detrás.

El secreto del éxito del tenis español

Ahora Landaluce mira a Carlos Alcaraz de la misma manera que antes miraba a Rafa, lo cual cambia completamente la percepción de lo posible. “Nos permite soñar y pensar que nosotros también podemos alcanzar ese nivel”, reconoce el madrileño. Ya no habla de una figura lejana, casi mitológica, sino de alguien con quien coincide en torneos, alguien cuyos partidos sigue, alguien que incluso compartía escenario con él cuando tenía 14 o 16 años. Ahí está una de las claves.

Cuando un joven ve ganar a alguien que parece inalcanzable, puede admirarlo. Cuando lo ve de cerca, puede imaginarse siendo él. Alcaraz no solo está ganando títulos para sí mismo, también está ensanchando el horizonte de los que vienen detrás. Y la historia no termina en Landaluce. Rafa Jódar, Dani Mérida y el resto de jóvenes españoles se miran entre ellos, compiten, se aprietan y se empujan. Landaluce lo define como una “rivalidad sana”. Es exactamente eso, una generación que no necesita esperar a que desaparezca la anterior para empezar a crecer.

Quizá esa sea la verdadera grandeza del tenis español. No tener una generación dorada, sino conseguir que cada generación deje encendida la luz para la siguiente, dejando esos últimos garbanzos que marquen el camino. Bruguera miró hacia delante, Nadal miró hacia delante, Alcaraz mira hacia delante. Y ahora Landaluce también. La pelota, en el tenis español, nunca se queda quieta.