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Jódar y la gestión de su primera gran derrota inesperada: ¿por qué tan duros con él?

¿Puede una derrota hacer temblar los cimientos de una de las estructuras mejor aseguradas del circuito? El contexto lo es todo y explica por qué no debemos preocuparnos de la caída de Rafa en Nueva York.

Jódar y la primera gran derrota inesperada de su carrera.

Rafa Jódar fue protagonista en el mundo del tenis durante la jornada de ayer. El problema es que no estamos acostumbrados a que su protagonismo surja a partir de una derrota: el madrileño hizo de la victoria un hábito, sentando récords de precocidad y quemando etapas a la velocidad de la luz. Por eso y más, verle ceder en primera ronda del US Open 2026 nos dejó un sabor algo extraño, como si estuviésemos viendo una novedad que jamás nos hubiéramos imaginado, tambaleando ligeramente las expectativas que se habían originado sobre su figura.

Solo ganó cuatro juegos... y se mostró vacío. Sin energías. Una sombra del Rafa que, incluso cuando su mejor versión no estaba disponible, se agarraba a la pista como los mejores veteranos. Por ello, el triunfo de Buyunchaokete nos impactó aún más: la forma fue más destacable que el fondo. Si a eso le sumamos la oportunidad en forma de cuadro que se le presentaba a Rafa, la irregularidad de buena parte de los contendientes al título... la sensación de oportunidad perdida se mezcla con la tristeza intrínseca a la derrota.

¿Debemos preocuparnos por la caída de Rafa Jódar en el US Open?

El guion del partido, si nos atenemos a lo puramente tenístico, desnudó carencias en el tenis de Jódar que ya conocíamos de citas anteriores: la falta de variantes en una etapa aún temprana de su desarrollo como jugador, falta de adaptabilidad para encontrar diversos planes si sus golpes desde el fondo no funcionan (consecuencia, en cierto modo, de la primera máxima)... quizás ningún encuentro lo había puesto de manifiesto de forma tan salvaje, pero no enseñó nada que no conociéramos (y se volvió más complicado de presenciar por esa falta de garra que mencionábamos anteriormente, seguramente producto del agotamiento mental de una gira tan complicada).

Es aquí donde viene ese contexto tan necesario tras una derrota como la de ayer, un contexto que por sí mismo responde a la gran pregunta que muchos se hacen. Con apenas ocho meses de kilometraje en el circuito, que Rafa no sea un producto ni medianamente completo es normal. Que Jódar tenga traspiés en primeras rondas de los torneos es normal. Que Jódar ceda contra rivales de peor ranking cada cierto tiempo es normal.

Lo que no es normal, claro, es plantarte entre los diez mejores del año en tu primera temporada como profesional. Lo que no es normal, claro, es sumar diez torneos seguidos ganando al menos un partido con 19 años. Lo que no es normal, claro, es meterte en el top-15 cuando hace doce meses estabas fuera del top-300. Todos estos hitos se han sucedido de manera tan trepidante que ni el propio Rafa ha tenido tiempo para reflexionar sobre la naturaleza de sus éxitos; nosotros tampoco, empeñados en imaginarle levantando un Grand Slam que aún no le pertenece.

Los más grandes también tuvieron partidos para olvidar, duelos en los que nada salía, donde la raqueta parece un bate de béisbol y la pelota nunca va donde te dicta la cabeza. La grandeza reside, claro, en cómo levantarte de estas situaciones, cómo aprovecharlas para encontrar herramientas, de manera paulatina, que te permitan buscar atajos más allá de jugar a las mil maravillas. ¿Cuánto les llevó a los mejores aprender todo esto? No encontrarán a nadie que lo lograse en ocho meses desde la disputa de su primer Grand Slam, no al menos de cara a todas las superficies. 

Y ahí está la verdadera moraleja de la derrota ayer de Rafa Jódar: lo anormal de su crecimiento nos ha desvirtualizado hasta sus mayores batacazos, y el equilibrio (palabra tan preciada y complicada de entender hoy día) a la hora de valorar cada actuación en un torneo es la única manera de analizar su evolución. El navío del madrileño ha surcado mares embravecidos sin brújula disponible, con aplomo, solvencia y una veteranía impropia de un imberbe capitán: un golpe en su coraza no hará que el camino hacia destino se detenga, por muy estridente que pueda sonar. 

Ah: no sería nada extraño imaginar un escenario en el que Rafa sufra para mantener la motivación, la frescura mental y la explosividad física en el tramo final de temporada. Lo vivimos en las carnes de los mejores, más recientemente de Carlos Alcaraz: Jódar lleva ocho meses jugando sin descanso en los mejores escenarios del planeta, cuando hace apenas un año tomaba rumbo a Estados Unidos para jugar Challengers en recintos cerrados. No pasaría absolutamente nada si esto ocurre: forma parte de una curva de evolución que debemos analizar sin caer en los extremos. Una vez avisados, sigan disfrutando del show... y nunca, nunca, se olviden del contexto de cada caída.