Fue una estrella con 9 años y se retiró del tenis sin ganar un partido profesional
La historia de Monique Viele es de esas que todos los padres deberían leer. El ejemplo de cómo una niña que parecía tener todas las herramientas para triunfar acabó dejando el tenis por la puerta de atrás y sin hacer ruido.
Hay historias del tenis que necesitan de un tiempo extra de reposo y reflexión para entender qué fue lo que pasó. En el caso de Monique Viele, por qué no pasó nada de aquello que todo el mundo daba por hecho que pasaría. A los 9 años ya había firmado con IMG, había pasado por la academia de Nick Bollettieri y era presentada como una futura estrella mundial. Lamentablemente para ella, ninguno de estos sueños cuajó.
Hoy Monique tiene 41 años y no se esconde a la hora de recordar aquella etapa con una perspectiva muy diferente. Por supuesto que el tenis le enseñó mucho, pero también le mostró demasiado pronto el precio de convertir a una niña en un proyecto deportivo. Su última entrevista con los compañeros de L'Equipe es una delicia, de ahí que hayamos querido repescar algunas de las declaraciones más interesantes.
Viele comenzó a jugar con apenas siete años y medio, entrenada inicialmente por su padre. Muy pronto empezó a dominar torneos de diferentes categorías, acumulando hasta diez trofeos en tres semanas. Su talento llamó la atención de la industria y su familia terminó trasladándose a Florida. Allí trabajó con Bollettieri, Chris Evert o Rick Macci, mientras su nombre comenzaba a crecer fuera de las pistas. El fenómeno Viele estaba a las puertas de adquirir dimensiones extraordinarias.
Con 13 años ganaba la mayoría de los torneos júnior que disputaba y llegó a conquistar el Open de Florida sub18. IMG consiguió contratos publicitarios y apariciones televisivas, mientras su padre iniciaba una batalla con la WTA para que pudiera competir profesionalmente antes de la edad establecida. El problema es que la exposición creció mucho más rápido que la jugadora. Llegaron los medios, los patrocinadores, los aficionados y hasta los acosadores y amenazas de muerte. Con 14 años conoció a Donald Trump, que posteriormente gestionaría parte de su carrera y le consiguió un contrato con Fila valorado en 1,8 millones de dólares.
Su debut profesional llegó en Tokio, en septiembre de 1999. Tenía 14 años y 11 meses y se encontró de golpe ante 10.000 espectadores, después de no haber jugado nunca un partido profesional. Perdió ante Jane Chi por 6-3 y 6-1. Lo más duro, sin embargo, llegó después. Según recuerda, Rick Macci la calificó como “la mayor decepción del mundo” y le reprochó todo el dinero que había perdido con ella.
Monique Viele, del fracaso a empezar de cero
Viele no encontró entonces el camino hacia el estrellato que todos habían imaginado. Continuó en el circuito secundario hasta 2002, acumulando 12 victorias y 23 derrotas, y alcanzó como mejor ranking el puesto 817 del mundo. Después de sufrir problemas en ambas muñecas, abandonó el tenis.
Durante cuatro años guardó sus raquetas en un trastero de Arizona y decidió empezar de cero sin contarle a nadie que había sido profesional. Paradójicamente, fue allí donde volvió a encontrar el tenis. Terminó convirtiéndose en entrenadora y lleva dos décadas vinculada a la enseñanza. Hoy Viele ya no habla desde el resentimiento, su reflexión es mucho más profunda. La estadounidense cree que el tenis aprendió de historias como la suya, la de Jennifer Capriati y la de otros jóvenes que fueron expuestos demasiado pronto. Su historia recuerda que detrás de cada “niño prodigio” existe una persona que todavía está aprendiendo a ser adulta. Nos recuerda que, a veces, ganar consiste simplemente en sobrevivir a aquello que todos esperaban que fueras.