Hubo una etapa en el tiempo en la que el nombre de Matteo Berrettini, especialmente en pistas rápidas, atemorizaba a buena parte del circuito. He aquí un hombre de portentosa planta, una especie de 'killer gentil' dotado con un primer servicio monstruoso, capaz de sacarte de la pista en un santiamén siempre que encontrase la derecha invertida y sus primeros servicios funcionasen. Aquel hombre, en plena madurez física y tenística, llegó a alcanzar una final de Wimbledon, en 2021, espoleado por una hierba que se amoldaba como anillo al dedo a sus puntos fuertes.
Quién nos iba a decir que Matteo estaría a punto de cumplir la treintena y no ha vuelto desde aquel entonces a brillar con esa intensidad. Una estrella que se fue apagando merced a un condicionante que le ha llevado por el camino de la tortura: lesiones, molestias físicas, enfermedades. Por desgracia, aquella maquinaria pesada siempre encontró baches para ser desplazada con facilidad, una carrocería tan potente como endeble que ha llevado al italiano a lidiar con la cara B del tenis antes de ni tan siquiera alcanzar los 30 años.
A esa edad llegará en este 2026, una temporada donde él mismo confiesa que ha cambiado el foco. Su actitud, claro, es una muy distinta. Ya no parte como amplio favorito en torneos 250: es uno más, tratando de disfrutar del camino, de que los objetivos lleguen sin presiones de por medio. En el ATP Santiago 2026, su nombre es el de mayor cartel por logros pasados, pero ni mucho menos es el principal candidato al título, un rol que él mismo entiende y abraza.
Lo confesó en una entrevista con El Mercurio, donde dejó una honesta reflexión acerca de su cambio de chip. Dejó claro que ya no siente tanta presión, y que llegados a este punto de su carrera, su objetivo no es, ni más ni menos, que "disfrutar de verdad del tenis, de luchar junto a mi familia y amigos, de disfrutar de todo lo que logré". El asterisco viene a continuación: subraya que tiene casi "treinta años, pero con muchas lesiones", lo que le obliga a tener mucha paciencia en el proceso. "Tengo que dar cierto tiempo para tratar de volver al nivel que una vez tuve", sentencia.

Berrettini hace un apasionado alegato en favor de la gira sudamericana y pide a la ATP que mantenga su lugar en el calendario
La hoja de ruta de Matteo para regresar a los puestos de cabeza del ranking ha sido, eso sí, algo diferente a la que podríamos esperar. Se alejó del cemento europeo y de Oriente Medio, donde el año pasado consiguió un triunfo de altura (ante Djokovic, en Doha), para apostar la gira de tierra batida sudamericana, donde los resultados no han sido tan positivos como él quizás esperaba. Dos victorias y dos derrotas, un balance que demuestra que todavía se encuentra en un punto temprano de su intento de regresar a la élite, pero una decisión de la que no se arrepiente: su defensa de la gira sudamericana es candente y habla a las claras de lo cómodo que se siente en Argentina, Brasil o Chile.
"Me encanta jugar en tierra, el calor, tengo familia en Rio: siempre quise jugar en Sudamérica", señala el italiano antes de su debut en Santiago, el último evento de una gira maltratada por la ATP y que el propio Matteo reivindica. "Si hablo personalmente, creo que Sudamérica merece un circuito con torneos de nivel, como lo que hay ahora. La gente siente fervor por este deporte y hay tenistas de altísimo nivel: en Buenos Aires y Río los estadios estaban llenos, y aquí sé que pasará lo mismo", apuntala un Berrettini que concluye su alegato con una máxima muy clara: el público, el ambiente que se genera en pista y el calor humano es un factor que la ATP debe ponderar a la hora de organizar grandes torneos... y Sudamérica cumple con todos los requisitos para ello.

