Chris Rodesch, el tenista que aprendió a caminar dos veces y ahora amenaza a la élite

El luxemburgués, que quiere continuar con el legado de Gilles Müller, es un gigante de 1'98 metros que esconde tras de sí una tremenda historia de superación. La descubrimos.

Carlos Navarro | 6 Feb 2026 | 15.33
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La brutal historia de Chris Rodesch, el luxemburgués que aprendió a caminar por segunda vez. Fuente: Getty
La brutal historia de Chris Rodesch, el luxemburgués que aprendió a caminar por segunda vez. Fuente: Getty

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Cuando hablamos del circuito ATP Challenger Tour nos fijamos en resultados, eventos, jóvenes que llaman la atención, veteranos de guerra que exprimen las últimas gotas de su tenis. En ocasiones dejamos atrás las historias que componen a estos gladiadores, las particularidades que hacen de todos y cada uno de sus caminos únicos. Cuando el mejor jugador de este inicio de temporada en el segundo escalón de nuestro deporte se trata de un gigante de 1'98 metros proveniente de un país muy pequeño, que superó una enfermedad autoinmune y se convirtió en uno de los mejores jugadores universitarios de la última década... toca prestar atención.

Se trata de Chris Rodesch (24 años, Luxemburgo), un tipo que ha tardado algo más de lo común en llegar a la élite pero que ya avisa de sus intenciones en un inicio de temporada demoledor. Se acaba de coronar durante dos semanas seguidas en los Challengers de Oeiras, Portugal, disputados en pista dura bajo techo y alejados del ruido de Australia: es la misma hoja de ruta que siguió, por ejemplo, Arthur Fils, a quien ha emulado en éxito y a quien también buscará imitar en su despegue al circuito profesional.

Pero este gigante luxemburgués, con un molde con diferencias y similitudes al del gran pionero tenístico de su país, Gilles Müller (muchos le recordarán por aquel triunfo ante Rafael Nadal en Wimbledon 2017 y ese estilo de juego casi vintage, de saque y volea), esconde una tremenda historia tras de sí. De 1'98 metros de altura y actual #137 del ranking ATP, su destino pareció siempre estar ligado al mundo del deporte: su padre fue futbolista y su madre jugadora de baloncesto, lo que explica su tremenda envergadura. Eso sí, a Rodesch le picó el gusanillo del tenis tras ver una final de Roland Garros entre Nadal y Federer... y jamás pudo despegarse de esa gran pasión.

Una enfermedad autonimune puso freno a su carrera y amenazó con quitarle la movilidad

A sus 17 años, mientras se preparaba para tomar la ruta universitaria y tras haber compartido años con muchos cracks en el circuito júnior, llegó un shock que cambiaría para siempre la vida de Chris. Es 2019 y al luxemburgués le diagnostican el síndrome de Guillaine-Barré, una enfermedad autoinmune y de considerable rareza en el que el sistema inmunitario ataca los nervios periféricos del cuerpo, llegando a bloquear ciertas partes del cuerpo y pudiendo provocar parálisis del cuerpo y hormigueo en brazos y piernas. 

Chris Rodesch y una increíble historia de vida. Fuente: Getty

"Mi cuerpo se paralizó por completo. No podía abrir botellas, no podía caminar erguido. Prácticamente me era imposible subir escaleras: mis nervios no respondían", repasa, emocionado, en palabras a la ATP. "Recuerdo ir a visitar al médico por vez primera y mostrarle lo que no podía hacer debido a los nervios. No podía mantenerme en pie. Perdí el equilibrio y ahí lo vieron claro: sabían cuál era la enfermedad. Me hospitalizaron de inmediato".

En aquel instante, claro, los sueños de una carrera deportiva se desvanecieron por completo. La prioridad de Rodesch fue seguir un tratamiento efectivo para recuperar la movilidad en sus articulaciones, para volver a tomar el control de su cuerpo. ¿El tenis? No pasó a un segundo plano: más bien a un décimo. "Solo quería volver a estar sano. Veía a mis amigos jugar Grand Slams júnior mientras yo estaba postrado en una cama", señala el luxemburgués.

Por suerte, el desenlace es uno feliz. A día de hoy, tras más de dos años de tratamientos y rehabilitaciones, no quedan secuelas de la enfermedad en el cuerpo de Chris, quien reavivó el sueño universitario y acabó convirtiéndose en uno de los tenistas más destacados de la Universidad de Virginia. Antes de preparar el asalto a la élite del circuito, el gigante centroeuropeo no se olvida de cómo le cambió la vida la enfermedad, permitiéndole ver la vida desde una nueva perspectiva.

"Hay gente que sufre esta enfermedad a las que se les deforma la cara, otros quedan para siempre en una silla de ruedas. Fue un proceso largo, pero dentro de la mala suerte, tuve suerte. Aprendí a tener paciencia, pero también a encontrar la felicidad en lo que hacemos. Viajamos por el mundo, vamos a lugares increíbles. He aprendido a estar siempre centrado en el presente, a disfrutar de lo que logras, porque se puede esfumar en un santiamén. Todas esas lecciones que aprendí, las de ser positivo, centrarme en el presente y tener paciencia, me han ayudado a atravesar momentos duros". Chris Rodesch, el tipo que aprendió a caminar por segunda vez, que se pasó dos años alejado del tenis recuperando la movilidad en su cuerpo y que ahora, con un estilo de pura potencia y bombas gracias a su envergadura, promete dar guerra ante los mejores. A la caza del top-100, pongan sus ojos en él: su historia y su personalidad así lo merecen.