Nicola Pietrangeli, quien hasta hace no demasiado se caracterizaba por ser el mejor tenista de la historia de Italia, está a punto de cumplir 92 años y ha ofrecido una entrevista donde habla de los estragos de la edad. Esa maldita edad.
La leyenda italiana lleva un año horrible. Hace poco perdió a su hijo Giorgo, mientras él mismo se encontraba en el Hospital. Pietrangeli ofrece una entrevista a Supertennis donde no esconde nada. Quien ha vivido lo suficiente no necesita edulcorar lo que sale por su boca y cuenta la fragilidad de la vida cuando uno encara la recta final sin más esperanzas en el día a día que vivir sin dolor.
“Así es la vida: dolorosa y aburrida”, comienza a decir Nicola, a pocos días de cumplir los 92 años. “La cabeza se me va un poco. Puedo recordar bien las cosas que hice hace 50 años, pero no las que hice antes de ayer. Me da que cualquier día, ya no me funcionará más”, agrega.
Pietrangeli, nacido en septiembre de 1933, fue doble ganador en Roland Garros. Ahora, vive tumbado sobre la cama noche y día por un dolor en la zona sacra, en la parte baja de su columna. “Me deben estar castigando porque he hecho algo malo en mi vida. Los días son largos. Muy largos. Menos mal que duermo, que eso me ayuda”.
Si tiene que pedir algo, lo que dice debería grabarse a fuego en la mente de cada joven que lea estas palabras. “Quisiera un día sin dolor. Este dolor que sufro me impide moverme. Lo han probado todo. Mis amigos me llaman para jugar a las cartas, pero necesito descansar. Aunque me paso todo el día en la cama, no tengo un día de reposo por este dolor. Como decía mi hijo: ‘He ganado al cáncer, pero no a la vejez’”. Pone los vellos de punta.
“Estoy cansado. Cansado de estar cansado. No sé qué será de mí en dos semanas. No cambiará nada. Soy como un gusano. Veo la tele, veo Netflix, y aunque solo toque el mando, estorbo”.

Perdió a su hijo hace una semana
Giorgio, pionero en Italia por surfear en una época donde prácticamente nadie se animaba a ello, falleció a principios de julio por culpa de un cáncer. “Habrá quien se tire al suelo y se desespere. Yo no. Lo veo como si estuviese aquí. Lo recuerdo sufrir. Estaba enfermo. No se levantaba de la cama. Sufría muchísimo”, comenta.
El grito de desesperación de Pietrangeli, a sus casi 92 años, habla del mayor enemigo que tenemos los seres humanos: la vejez. Ser rico no es tener muchísimo dinero, sino ser joven y tener salud. Solo cuando pisemos el camino que ahora pisa Nicola nos daremos cuenta de la suerte que teníamos de poder hacer lo que queríamos. Seguro que él cambiaría todo el dinero que tiene ahora mismo por volver a tener 20 años.

