Una crueldad y una mala suerte pocas veces vista antes. Por un escaso milímetro, en una de las tres bolas de campeonato que dispuso, Alejandro Davidovich no consiguió su primer título ATP en Washington. El destino volvió a ser muy egoísta con el español que, de nuevo, estaba rozando su primer éxito. También tuvo parte de culpa un Alex de Miñaur que no se rindió en ningún momento y acabó destrozando las ilusiones de un Davidovich que llegó a estar 5-2 arriba en el tercet set. Pero este deporte es así de caprichoso y sigue cebándose con el español, que cae en una final para el recuerdo por 7-5, 1-6, 7-6(4), tras tres horas y dos minutos de encuentro.
Una oportunidad de oro la que tenía Alejandro Davidovich de revertir su suerte en las finales ATP. A pesar de que este lunes estrene su mejor puesto en el ranking ATP (19º), el malagueño lo quería hacer a lo grande, esto es, bajo un título bajo el brazo. Pero en frente tenía a un tipo que no se lo iba a poner nada fácil: Alex de Miñaur. El australiano, de madre española, tiene influencia del tenis español y se agarra a la pista como muy pocos tenistas, siempre mete una bola más y si cumple con su plan puede sacar de quicio a más de uno, sobre todo a tenistas del temperamento de ‘Foki’.
Un primer set digno de una gran final
Pero Davidovich, consciente de lo que se estaba jugando, entraba en pista más metido que nunca y en su segunda bola de break y tras un punto donde dominó con su derecha al australiano quebraba y lanzaba un aviso: iba a ir con todo a por su primer título ATP.
Sin embargo, aceptó el órdago De Miñaur, una máquina competitiva, y tras un igualado juego devolvía la rotura: 2-2 en 30 minutos llenos de alternancias, intercambios e intensidad y con una consigna clara; ninguno de los dos se iba a dejar nada. Los juegos se sucedían con una igualdad máxima en todos ellos, así como la mayoría de los puntos que estaban disputando. Ambos hilaban muy fino y eran muy pequeños los detalles que hacían desequilibrar la balanza para un lado o para el otro.
Pero de la igualdad se pasó al dominio con el servicio de cada uno, mientras que la tensión al llegar al momento cumbre del primer set aumentaba. Hasta que en el 5-5, en un juego aparentemente tranquilo (30-0) el australiano se enredaba con su servicio y Davidovich olió la sangre para romper y servir para hacer un primer set lleno de igualdad. A pesar de que De Miñaur gozara de una bola de break para llevar el primer parcial al tie break, Foki demostró que hoy era un día en el que no iba a dejar pasar el tren. Apretaba los dientes, salvaba la tentativa y cerraba el primer set por 7-5. A uno solo de tocar su primer trofeo.
Un segundo set para olvidar
De Miñaur consciente de que ahora, sí o sí, tenía que reaccionar si quería luchar por el título, salió con otro aire en la segunda manga. Mientras que Davidovich, quizás más confiado tras tener a un set en el bolsillo, iniciaba algo más errático el segundo set, y esto se traducía en 3-0 para ‘Demon’. A pesar de haberse hecho con el primer set, su cara y su actitud mostraban a un Davidovich desquiciado ante el nuevo orden del australiano. Buscaba en su banquillo unas soluciones que él no conseguía en la pista. De esta manera, llegaba el segundo break de De Miñaur y con él la segunda manga por 6-1. Todo se decidiría en un definitivo tercer set.
Todo o nada
Tenía que olvidar rápidamente ese mal segundo set, si no quería entrar en una espiral de la que no podría salir. Pero nada de eso, volvió a aparecer el Davidovich del primer parcial, dictando con su derecha. Pero De Miñaur no cedió ni un palmo ante el ataque del malagueño.
Pero las ganas del español podían más que la táctica del australiano y rompía en el cuarto juego para poner el 3-1 y acercase, paso a paso, a su ansiado título. Todo volvía a estar en su sitio: la derecha fluía, las piernas respondían y el carácter volcánico se transformaba en una fría determinación. Mientras que el castillo de naipes de De Miñaur se desplomó en un abrir y cerrar de ojos. El malagueño era consciente de lo cerca que estaba de la gloria y de lo fácil que era caer en la trampa, así que engrasó todavía más su derecha para no dar ninguna opción de reenganche.
Un final digno de dos campeones
Sacaba para hacerse con su primer trofeo y en ese momento todo se puso costa arriba. El español disfrutaba de un 30-0, a solo dos puntos. Pero en ese momento colapsó, todo se fundió a negro y De Miñaur sacaría para poner el 5-5 cuando llegó a estar 5-2 abajo. Le quedaba una última bala a ‘Foki’ si no quería ver como todo se venía abajo.
En ese juego se hizo una auténtica oda al tenis y en él se pasaron por todos los estados de ánimo que se pueden vivir en el tenis. El miedo también le pudo al australiano, que se tradució en dos dobles faltas clave. Mientras que Davidovich dispuso de tres bolas de campeonato y las tres las perdió por muy poco, sobre todo la última de ellas con un globo defensivo de De Miñaur que tocaba la línea del pasillo por escasos milímetros. La crueldad se volvió a apoderar del malagueño de una manera nunca vista y la final se ponía 5-5 en el tercer set. El español se reponía y sacaba su servicio para darse otra oportunidad al resto, pero las fuerzas empezaban a fallar y el tie break dictaminaría sentencia.
El recuerdo de esas tres bolas de partido y de esos dos 30-0 pesaron demasiado en la mente de Davidovich que sucumbía ante un Alex de Miñaur que, como de costumbre, nunca dio una bola por perdida y la recompensa le dio sus frutos (5-7, 6-1, 7-6(3)). Mientras que el español recibe un golpe brutal en su autoestima, mucho peor que lo vivido en Delray Beach en febrero, cuando dispuso de dos bolas de campeonato, y la forma en la que el de Málaga reaccionará de este momento es toda una incógnita. Pero así de bonito y cruel es el tenis, por mucho que se ensañe de manera despiadada con el pobre Davidovich.

