Jo-Wilfried Tsonga fue durante muchos años una de las caras más conocidas de la élite del circuito ATP. El francés poseía una personalidad arrolladora y una capacidad tremenda para subir su nivel en los grandes escenarios: suplía algunas lagunas en su tenis (en especial un revés que rara vez alcanzaba el sobresaliente) con una valentía innata y muy poco miedo al enfrentar a los mejores. Solo así se explica que lograse triunfos frente a todos los miembros del Big Three, que ganase Masters 1000 y, por supuesto, llegase a una final de Grand Slam.
Por todo eso resulta curioso, quizás, escucharle hablar del mayor arrepentimiento de su carrera deportiva. Más de uno, especialmente aquel que vivió su época dorada, podría apuntar a no haber mejorado un golpe en específico (de nuevo, el revés) o a haberse quedado corto en algún partido por un gran título; quizás se refiera, incluso, a dolorosas derrotas en semifinales de Roland Garros, especialmente la que sufrió a manos de Stan Wawrinka en 2015. Sin embargo, en una gran entrevista en el canal de Youtube de Kevin Ferreira, el galo apuntó en una dirección completamente distinta.
"Puedo decir que les he ganado a todos (los mejores, Big Three). Si hubiese ganado un Grand Slam, ¿sería hoy un hombre mejor? ¿Sería más feliz? No lo creo. Tendría un par de millones más en mi cuenta bancaria, pero eso es un placer pasajero, ese no es el propósito de mi vida", señalaba el francés antes de abrirse como nunca y apuntar a una cuestión, por increíble que parezca... lingüística.
"ES UNA PENA QUE NO ME ABRIESE MÁS AL MUNDO"
"¿Qué podría haber hecho mejor? Hablar inglés. Experimentar y abrazar el circuito de verdad, sentirme en casa en todos lados. Para mí, eso era un obstáculo. Al principio, lo hablaba tan mal que, incluso a pesar de que hoy día puedo tener una conversación, no me siento cómodo. No me sale natural, me tengo que forzar para concentrarme, pronunciar bien... y no es fácil. Siento mucho no haberme abierto al mundo. Me debería haber abierto a entrenadores extranjeros, pero lo hice demasiado tarde. Solo tuve un entrenador australiano (Roger Rasheed) y uno español (Sergi Bruguera). Aprendí muchísimo, pero podría haber hecho más", señaló con emoción el galo, que mostró su remordimiento por no haber "internacionalizado" su equipo y, por tanto, haber hecho más amplia su visión de este deporte.
Otra anécdota curiosa que desveló 'Jo-Willy' nos remonta a 2014, cuando se lesionó en plena final de Copa Davis frente a Suiza. Poco después, el galo se había comprometido a jugar una exhibición... a pesar de que antes sentía un dolor que no le permitía "ni sostener un vaso". "En aquella final de Davis contra los suizos, mi brazo me dolía tanto que no podía jugar. Todo el mundo lo sabía. No podía ni sujetar un vaso, el dolor era insoportable. Recibí una oferta para jugar una exhibición con sets a cuatro juegos. Era una exhibición, el resultado importaba poco.
Pensé que la prensa me iba a destrozar, era justo después de una final de Copa Davis. Sin embargo, me dije a mí mismo que debía tomar una decisión: voy a por el dinero, lo que me permitirá invertir más en mí mismo y en mi carrera deportiva, o decido no hacerlo porque habrá gente a la que no le gustará... elegí ir a por el millón de dólares". Difícil de culpar a un crack que acabaría su carrera con 18 títulos, 2 Masters 1000 y el reconocimiento mundial de haber plantado cara a los mejores en la época dorada de nuestro deporte.

