Sinner, mantenerse en el Olimpo para moldear el nuevo paradigma del tenis mundial

Conquistar su segundo Grand Slam eleva a Jannik a una nueva categoría como jugador. El tenis, amigos, empieza a escribir a una nueva historia... en la que el italiano será protagonista.

Carlos Navarro | 9 Sep 2024 | 11.00
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Jannik Sinner, con el título de campeón del US Open. Fuente: Getty
Jannik Sinner, con el título de campeón del US Open. Fuente: Getty

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Ganar un Grand Slam es una gesta cuya magnitud, a día de hoy, no termina de ser verdaderamente medida por muchos. A veces utilizamos el término one Slam Wonder, como si no nos terminásemos de creer a un gladiador que acaba de firmar dos semanas perfectas para elevarse al Olimpo del tenis. El dicho popular de que "lo difícil no es llegar, sino mantenerse" se manifiesta en sensaciones o creencias como ésta, por injusto que parezca con nombres como Dominic Thiem, Daniil Medvedev, Andy Roddick o Michael Chang. Supongo, pues, que Jannik Sinner debía conquistar su segundo gran título lo antes posible. Por si las moscas.

El italiano es un tipo de poca gestualidad. Aquí no aplica lo de cabeza fría y corazón caliente: con Sinner, ambas cosas van de la mano. Horchata en las venas, pero en el buen sentido. Su rictus impertérrito, su talante serio y solvente y su capacidad para mantener la tranquilidad en cualquier situación le han hecho tan propenso al amor y a la perfección... como a la indiferencia de cierto sector del público. Pero a Jannik, tipo de horario estructurado, vida tranquila y círculo cerrado, la opinión del público le da exactamente igual. Y aquí radica parte de su éxito en las últimas dos semanas.

La vorágine mediática que se desató tras el anuncio de su positivo por dopaje hace varios meses podría haber doblegado a cualquiera. Intentaré apuntar, en primer lugar, que fallar dos tests antidopaje no es un arma arrojadiza para hacer más hercúlea su tarea en el US Open. No, no es motivo de halago. Por desgracia para nuestro deporte, el manejo de este caso por las autoridades y tribunales ha levantado ciertas ampollas de las que Jannik no tiene culpa, pero que le han puesto en el ojo de un huracán que ha sido mucho mayor que en otros casos. Metiendo todo esto en la coctelera, se presumía que el paso del italiano por Nueva York estaría muy lejos de ser fácil... y nada más lejos de la realidad.

Todos los atributos de la personalidad de Jannik se han conjuntado a la perfección para ejercer como escudo en plena tormenta. Quizás le perjudiquen en enfrentamientos directos con jugadores de sangre caliente (Alcaraz como máximo ejemplo), capaces de meterse al público en el bolsillo en momentos importantes y de alcanzar mayores picos de tenis. A él, sin embargo, le hacen ser el más constante del circuito con una amplia diferencia. El transalpino se ha convertido en inmune a las derrotas inesperadas, cliente habitual de rondas finales, consumidor voraz de tenistas de segunda línea. Hay que ser rematadamente bueno para pillar a Sinner en un renuncio... y eso, en un circuito cuyas eras venideras se presuponen de máxima volatilidad, es un feroz argumento de cara a encontrar la grandeza.

UN SEGUNDO MAJOR PARA ABRIR UN NUEVO PARADIGMA

Mientras Alcaraz y Djokovic se derretían en la noche neoyorkina, Sinner avanzaba. El ruido mediático no pudo con él en las primeras rondas. La montaña rusa llamada Daniil Medvedev tampoco le desvió del objetivo en cuartos. El combo calor + humedad de semifinales no le hicieron ni un rasguño, y la patriótica grada y un rival sin nada que perder fueron pobres argumentos en la final. Segunda final de Grand Slam, segunda corona. Sinner se acaba de desmarcar de muchos grandes jugadores para entrar en una nueva dimensión, la de un tipo que se ha mantenido en el tiempo tras una meteórica progresión en el ranking ATP. 

Hace año y medio, cuando Sinner caía ante Holger Rune en semifinales de Montecarlo, muchos afirmaban (y yo me meto en este grupo) que al danés se le presuponía un techo mayor que al italiano. Qué rápido han cambiado las cosas en apenas meses. Qué fácil le ha dado la vuelta Sinner a la percepción de muchos aficionados. Y todo, claro, con la tranquilidad y la serenidad que le acostumbra. Cuando parecía que Alcaraz lo tenía todo para marcar una época, en el vagón delantero se le unió un tipo antagónico que podría conformar una rivalidad histórica para este deporte. Tras repartirse los mayores botines de la temporada, solo queda que se enfrenten en una final de Grand Slam, situación que el mundo del tenis espera con ansias para abrir, de manera oficial, un nuevo paradigma en este deporte. Porque Sinner no ha llegado para quedarse, sino para mantenerse. Y el tenis lo agradece.