Dominic Thiem ha echado el telón a una temporada llena de dificultades y altibajos. Él mismo ha afirmado en repetidas ocasiones que la falta de consistencia ha lastrado sus aspiraciones, pero el tiempo pasa y los resúmenes y análisis de finales de año siguen sin aportar un futuro esperanzador. ¿Volveremos a ver al mejor Dominic?
La temporada ATP 2023 llega a su final y aún no sabemos si Dominic Thiem finalizará entre los cien mejores del ranking. Dependerá de las actuaciones de aquellos jugadores al borde del top-100 que aún apuran la temporada en el circuito Challenger, de la cantidad de puntos que puedan sumar para desbancar a un tipo que se acuesta a día de hoy en el #94 puesto de la clasificación mundial. Seguramente no es ni lo que él esperaba... ni lo que ninguno de nosotros, tampoco, vaticinábamos. Si el final de año 2022 arrojó botes verdes, con un Thiem ultramotivado y recuperando la explosividad en la que, a priori, era su peor superficie (pista dura y rápida bajo techo), el principio de 2023 se encargó de marcar la tónica de una decepcionante temporada, cercenando las ilusiones del público con la fuerza de una oleada.
¿Se pueden esperar grandes cosas de alguien que comienza un año con nueve derrotas en diez partidos? Así abrió fuego el de Wiener Neustadt, con una alarmante incapacidad para concretar oportunidades a favor y sin encontrar el tono sin importar superficie o lugar del mundo. Viajó a Sudamérica sin éxito, vio como las molestias físicas impedían un inicio ilusionante en Australia y comprobó que el desierto californiano, donde se coronó a gran nivel por primera vez, tampoco era el aliado que buscaba. Era como si todo el progreso anterior hubiese sido robado por el descanso de la pretemporada: volvíamos a ver a un Thiem aletargado, sin confiar en los golpes que antaño hacían daño, con una posición demasiado pasiva desde el fondo de la pista.
UN DESTELLO DE LUZ EN UN AÑO DE DESILUSIONES
Para cambiar la tónica, el austriaco dejó atrás su exitosa colaboración con Nicolás Massú, de quien sintió que no podía extraer mucha más energía o conocimientos. Liderado, pues, por Benjamin Ebrahimzadeh, ex de nombres como Angelique Kerber, la gira europea de tierra batida se presentaba como un posible buen bálsamo. Allí, a pesar de mostrar una versión mucho más competitiva, capaz de aguantar más tiempo el intercambio desde el fondo de la pista sin desesperarse por la zona de derecha, la galopante falta de confianza del austriaco se manifestó en partidos apretados y largos: antaño se llevaba el gato al agua, ahora solo parecían una procesión que terminaría en pesadilla para Thiem (Tsitsipas en Madrid, Cachín en Roland Garros).
El pequeño rayo de luz llegó en casa, en Kitzbühel. Es un torneo singular: público local volcado con él, dándole un extra de confianza y energía del que no siempre dispuso en otros eventos; tierra batida pero en mucha altura, razones para que su revés fuese más punzante de lo habitual y para 'descontrolar' un poco más los partidos. Allí alcanzó su primera final en muchísimos meses, en la que cayó de forma contundente (estaba muy mermado físicamente tras largos partidos toda la semana), pero que le permitió volver al top-100. El US Open parecía llegar en el mejor momento posible... hasta que una nueva molestia, un virus estomacal, le dejó fuera de combate. De nuevo, vuelta a empezar y un final de temporada con derrotas que evidencian que ha vuelto a la casilla de salida: la falta de confianza en sus tiros sigue estando ahí.
19 victorias y 24 derrotas. Balance negativo en una temporada de regresión, una daga profunda en el corazón de todos aquellos que apostaban por un regreso de Thiem a la élite. Alcanzada la treintena (decir esto parece mentira, pero sí, Dominic ya puede ser considerado un veterano), con cada vez menor margen de error para la mejora y la progresiva llegada de jóvenes en mejor disposición de conquistar grandes títulos que él, todos esperan un último baile del príncipe que jamás pudo ser rey (sobre todo, claro, en la arcilla). Pocos quedan ya que mantengan la fé en Thiem tras una temporada descorazonadora, aunque nunca descarten el corazón de un campeón. 2024 será un nuevo examen... ¿lo afrontará con optimismo?

