La pantera está de vuelta. Nunca se fue, mejor dicho. Gaël Monfils fue uno de los protagonistas de la pasada semana: conquistó el título de Estocolmo recién cumplidos los 37 años, erigiéndose en uno de los ganadores más veteranos de la Era Open. Nada mal para alguien a quien muchos solo ubicaron como showman.
Es posible que el nombre de Gaël Monfils rara vez emerja entre un top-5 de grandes nombres del circuito ATP en la época del Big Three. Su longevidad, espectacularidad física, condiciones atléticas y demostraciones de habilidad intermitentes contrastaron con las lesiones, con la falta de planes de juego claros ante las mejores raquetas del mundo y con la sensación de que el francés oscilaba entre dos velocidades, dos botones (el supersónico y el ultradefensivo) que no conocían de un juego de transición claro. Hasta aquí llegará el posible reproche que se pueda hacer a Gaël en este texto: a pesar de todo ello, su puesto entre los mejores 'segundas espadas' de la última década y media está más que claro... y, aunque no lo parezca a nivel de resultados, quizás su 2023 sea la temporada más emocionante y bonita de toda su carrera.
Rebobinemos hacia Roland Garros. Allí, Monfils lucha hasta la extenuación en una primera ronda titánica ante Sebastián Báez, un chaval al que prácticamente dobla en edad. Apenas un par de meses después de su regreso a las pistas (cargando con una nueva lesión de tobillo y dejando a un lado al tenis durante varios meses), el galo logra un triunfo inexplicable, levantando un 0-4 en el quinto set casi sin poder desplazarse, tirando de todo tipo de recursos para inclinar la balanza a su favor. Con la grada absolutamente encendida y el francés, destrozado, caído sobre la tierra batida de la Philippe Chatrier, aquella estampa parecía el final perfecta de una obra de teatro muy larga en el tiempo, el descanso del héroe que recibe el aplauso y reconocimiento de los suyos.
Monfils, absolutamente roto a nivel físico, no pudo presentarse a su partido de segunda ronda ante Holger Rune. Antes de comenzar el Major parisino, Gaël era el #394 del ranking ATP. Sumido en las catacumbas de la clasificación mundial y sabedor de que las invitaciones y el ranking protegido acaban por tener un límite, tirar la toalla parecía, incluso, la decisión lógica. Muchas lesiones a sus espaldas y nuevos proyectos a los que atender: el nacimiento de Skaï, su hija, fue una bendición, a la par que le sumió en un nuevo mundo de tareas domésticas y de ayuda a su mujer, una Elina Svitolina que dejaba a todos boquiabiertos en Wimbledon mientras el propio Monfils cuidaba de su primogénita en casa.
LA ÚLTIMA GRAN FUNCIÓN DE MONFILS
Pero todo esto no era más que gasolina para Monfils. El 'showman' (esa faceta nunca saldrá de él) capaz de sacrificar años de calidad de vida solo para disfrutar, una vez más, del deporte que ama. Su vuelta en Norteamérica fue exitosa: volvió a los cuartos de final de un Masters 1000, volvió a derrotar a un top-5, volvió a ganar en Grand Slam (US Open), volvió a enfrentarse a su buen amigo (y eterna bestia negra) Novak Djokovic. Ocho victorias que dejaban una pregunta en el aire: ¿de verdad es el momento de decir adiós? ¿Acaso no queda gasolina y tenis en la reserva como para dar más de un susto, como para dejar claro a la gente que hay Gaël para rato?
Suponemos que la respuesta ha sido más que visible: en el ATP Estocolmo 2023, remontando un set abajo en la final, coronándose 18 años después de su primer título ATP. No solo eso: Monfils tiene a tiro de piedra romper un récord galáctico si continúa a buen nivel el año que viene, ya que está en disposición de convertirse en el primer jugador de la historia en tener 19 temporadas de diferencia entre su primer y último título (2005-2024; es una marca a la que también podrían aspirar Richard Gasquet y Rafael Nadal). No solo eso: se ha convertido en el cuarto jugador desde el año 1990 en ganar un cetro a los 37 años de edad tras Roger Federer, Ivo Karlovic y Feliciano López. Su perfil, claro, rompe con los anteriores: la explosividad y el físico no han abandonado del todo al tenis de la Pantera.
Esta semana fue Elina Svitolina quien animó desde la grada. Fue Monfils a quien Skaï vería desde la televisión, con un orgullo tremendo. Porque Gaël pertenece a esa generación de gladiadores, junto a nombres como Andy Murray, Stan Wawrinka y, por supuesto, Rafael Nadal y Novak Djokovic, que aún aman demasiado a este deporte como para dejarlo ir. Porque Monfils, claro, ya desafió el mito que dice que 'solo' es un showman: su tremendo corazón, su perseverancia y su ambición por llevar al límite a un cuerpo que ha sufrido todo tipo de lesiones así lo demuestra. Que se retire cuando quiera: toda página que escriba ahora no es más que un precioso bonus. Allez, LaMonf.

