Comenzaron las primeras eliminatorias de la fase de grupos de las Finales de la Copa Davis 2023. Si el formato y el nombre puede llegar a sonar complejo, la realidad de las gradas es mucho más simple: multitud de asientos vacíos en eliminatorias carentes de colorido. ¿Es esta la Davis que queríamos?
Se marcharon Gerard Piqué y Kosmos... pero las cosas siguen igual por casa. La funesta herencia que la empresa liderada por el ex del Barcelona ha dejado a la Copa Davis, competición legendaria y celebrada alrededor de todo el mundo, se hizo más presente que nunca en el primer día de competición a lo largo de diferentes puntos del globo. Pabellones prácticamente vacíos, tenistas jugando por su país sin aficionados de dicho país en las gradas y cruces de declaraciones por redes sociales como el acicante más relevante e importante de la jornada: todo menos el tenis fue el protagonista del inicio del evento.
Antes, en la Copa Davis los secundarios se convertían en los grandes protagonistas de epopeyas inenarrables. Kosmos, con la ayuda y el apoyo de las federaciones nacionales (no solo Gerard Piqué tiene la culpa de este descalabro: los representantes de cada país no fueron convencidos a base de magia, y su voto fue el que acabó sentenciando y enterrando a esta competición), decidió darle un giro radical a la Davis con el objetivo de que los mejores jugadores del mundo hiciesen un hueco para ella en su calendario. Apenas cuatro años después, solo un top-10 dice presente en la fase de grupos (y solo se entiende desde el fuerte sentimiento patriótico de Djokovic, la relevancia que este evento cobra para su posible participación en los Juegos Olímpicos de París y haber señalado desde principios de temporada a la Davis como uno de sus grandes objetivos). La supuesta premisa sobre la que se construía una nueva realidad, descartada en un cortísimo periodo de tiempo.
Un primer vistazo a la realidad actual nos lleva al punto más importante de todos: la falta de colorido y emoción en las gradas. La desaparición total y absoluta del ambiente que siempre caracterizó a la Copa Davis. De hecho, los grandes momentos del nuevo formato siempre llegaron con la presencia de una gran selección local... jugando en casa (España campeona en 2019, por ejemplo). El formato anterior, si bien arduo y complicado para muchas estrellas, no despojaba a la Copa Davis de su esencia absoluta; el formato actual tiene demasiadas eliminatorias 'muertas' en cuanto a ambiente, a pesar de las modificaciones que ha sufrido a lo largo de los últimos años.
SIEMPRE FUE UN PROBLEMA DE CALENDARIO
Señalaba Feliciano López, su director actual, que la posibilidad de que los grandes jugadores no acudan al llamado de su selección se debe a las fechas del calendario. Que el riesgo siempre está ahí, que el circuito no para y que es entendible que muchos decidan descansar. Resulta que la Copa Davis actual se enfrenta a los mismos problemas que la de hace una década... pero sin el ambiente de ciudades como Buenos Aires, Lille, Zagreb, Melbourne, Vancouver, Praga, Belgrado o Nápoles. Sin el aliento incondicional de una familia de aficionados que, como comprenderán, tendrían imposible desplazarse un martes de octubre a ver a su país a varios países de distancia.
Quizás sea momento de volver a darle una vuelta de tuerca al formato. No tenemos por qué imitar exactamente al antiguo, que también tenía sus limitaciones: sí buscar un equilibrio que vuelva a dar más valor a las aficiones locales y visitantes, además de engrandecer la importancia de una competición legendaria. Que se dispute cada dos años (lo que aligeraría huecos en el calendario y haría más emocionantes las fases clasificatorias), que las Finales tengan un formato Final Four (permitiéndonos recuperar los cuartos de final de la Davis tradicional, pero tratando de conservar la modernidad en sus últimas dos rondas y, sobre todo, permitiendo a los aficionados desplazarse en días de la semana más convenientes para ellos)... muchas son las alternativas que la ITF deberá barajar dentro de unos meses. Lo cierto es que el formato actual es todo lo contrario a lo que se promulgaba: un paso atrás en el tiempo y un desastre. Solo con dos días de Davis nos es suficiente para comprobarlo. ¿Qué propondrías tú?

