Es difícil describir con palabras lo que acaba de hacer Carlos Alcaraz. El murciano es campeón de Wimbledon tras derrotar al hasta ahora invencible Novak Djokovic y se presenta de esta manera como el heredero del tenis, pues, como bien ha dicho su rival, reúne lo mejor de cada miembro del Big 3, casi nada.
Ganar siempre es bonito, siempre gusta, pero hacerlo de la manera en la que lo ha hecho Carlos Alcaraz en Wimbledon es todavía más especial. Posiblemente no había un desafío mayor en estos momentos que ganar a Novak Djokovic en el All England Tennis Club. De hecho, es buen momento para recordar que el serbio llevaba 2.194 días sin conocer la derrota en este torneo, algo que cuesta imaginar que se vaya a repetir. Sin embargo, viendo lo que ha hecho en esta final Carlitos no se puede descartar nada. El murciano está hecho de otra pasta y es capaz de cualquier cosa.
La madera de campeón que tiene Alcaraz es incuestionable. La forma de jugar el partido lo demuestra, pero queda más claro aún si se ve el último juego del encuentro. Seguramente, en el momento en el que el español sacó para llevarse la final, a todos se nos vino a la mente aquel 8-7 y 40-15 del quinto set de la final de 2019 que le terminó remontando Novak Djokovic a Roger Federer. Es más, lo pensó hasta el propio Alcaraz como le reconoció minutos después al Rey Felipe VI, pero lo hizo para saber cómo afrontar ese juego. Decidido a cerrar el partido y sin especular lo más mínimo.
Esa manera de llevarse la final, donde además aprovechó su primera bola de partido, le sirvió para mostrar al mundo que Carlos Alcaraz es el heredero del tenis, el hombre llamado a marcar una época si las lesiones le respetan. Sus ganas de ganar, su mentalidad, su físico y su personalidad, hacen del joven español un jugador sin fisuras, con capacidad para desenvolverse bien en todas las superficies y al que posiblemente veamos ganar muchos Grand Slams. Seguramente termine conquistando también Roland Garros y el Open de Australia, es cuestión de tiempo, y además, habrá que ver si no emula a Nadal y Djokovic y gana todos ellos en más de una ocasión.
LA LECCIÓN DE ROLAND GARROS
El triunfo de Carlitos llega justo un mes después de que cayera en París ante Nole en un partido donde, para la mayoría del mundo del tenis, el español era el favorito. Quizás esa condición le pesó mucho y más aun viendo lo difícil que le puso las cosas el serbio, que siempre es un obstáculo prácticamente insalvable cuando se trata de un torneo de Grand Slam. Los nervios de ese duelo terminaron convirtiéndose en calambres que le impidieron competir de tú a tú desde inicios del tercer set, cuando el partido iba empatado a uno. No obstante, el murciano mandó un mensaje claro asegurando que iba a sacar muchas cosas positivas de ese duelo. “Aprenderé de esto, la próxima vez lo haré mejor, voy a trabajar para ello”, aseguró Alcaraz al acabar aquel encuentro.
Dicho y hecho, exactamente han sido 37 días los que ha tardado el murciano en tomarse la revancha y lo ha hecho además en la pista central de Wimbledon, donde Djokovic llevaba 10 años sin perder un partido. El serbio se siente en esa pista como si estuviera en el jardín de su casa, pero en esta final Alcaraz se ha convertido en el invitado inesperado a la fiesta de Nole, quien contaba con igualar este domingo a Roger Federer con ocho títulos en Londres.
El tiempo dirá hasta donde puede llegar Carlos Alcaraz en un futuro, pero lo que es claro, es que no hay nadie más preparado que él para coger el testigo que deja el Big 3. El murciano va a ser historia de este deporte y mientras él esté en el circuito, el tenis está en buenas manos, sin ninguna duda, él es el heredero.

