Carlos Alcaraz. Novak Djokovic. Eran los dos grandes nombres antes de que la primera bola de Roland Garros 2023 se pusiese en juego sobre la Philippe Chatrier. A lo largo de los últimos meses, han mantenido lo que Novak, con ironía, llamaba una "relación a distancia". Una especie de pilla pilla en el que se intercambian el número uno del ranking ATP sin encontrarse en ninguno de los grandes torneos del circuito. Mientras Nole no pudo estar en Nueva York, en el primer Grand Slam de Carlitos, el murciano sufría una lesión que le dejaba en fuera de juego y le impedía reclamar el trono de Australia, un trono que Djokovic volvió a reclamar cerrando una historia de venganza y grandeza. Más de doce meses desde que se conociesen el uno al otro en el Mutua Madrid Open 2022... que han llevado a un partido de suma importancia y tintes históricos.
La lista de alicientes para cualquiera de los dos podría ser prácticamente infinita. Para Carlos, su primer triunfo en Grand Slam ante un miembro del Big Three, la llave para acercarse a su segundo Grand Slam y primer Roland Garros, el partido cumbre en las grandes plazas que siempre ha perseguido para proclamar un cambio de ciclo en el circuito ATP. Para Djokovic, una posible frontera a desbloquear de cara a su 23º Grand Slam, que le dejaría como líder indiscutido y solitario en la cima de los más ganadores de la historia; una posibilidad de quedarse a un triunfo, además, de ser el único jugador de la historia de este deporte en conquistar al menos en tres ocasiones cada Grand Slam... y, claro, una oportunidad para dar un golpe sobre la mesa, a los 36 años, y reclamar su perenne lugar como el mejor del circuito.
Alcaraz viene en modo ciclón. Masacrando a aquel que ose interponerse en su camino. Ninguno de los cuatro semifinalistas ha alcanzado un nivel de tenis tan alto como el suyo en estas dos semanas en París. A su favor, claro, haberse enfrentado a tenistas con patrones que se amoldan a las mil maravillas a su tenis, un revés a una mano al que castigar con su derecha sin piedad, si bien ninguno tan dócil para Carlos como el de Stefanos Tsitsipas, su último oponente. Mientras tanto, Novak Djokovic ha dejado luces y sombras: momentos de cierta llanura en su tenis en los inicios de partido (dominado por Fucsovics, Khachanov y Davidovich), pero la sensación de activar el modo 'Final Boss' cuando el partido se pone difícil, dejando una estadística histórica en los tiebreaks disputados (ha jugado cinco: no cometió ni un solo error no forzado en ellos). La historia y la jerarquía están de su lado; el desparpajo y la sensación de ser arrollador, del de Carlos.
PROFUNDIDAD, DERECHA A DERECHA, AJUSTAR EL RESTO
Posiblemente miles de claves tácticas emerjan de un duelo como éste. La muestra que analizar de forma previa no es demasiada amplia: responde a su único enfrentamiento, disputado, además, en una tierra batida de ciertas características especiales. La altura de Madrid catapultó el saque abierto con kick de Carlos en el lado de la ventaja a otra dimensión, torpedeando una y otra vez el resto de revés de Djokovic. Primera clave para Carlos: encontrar dividendos con este servicio, una táctica muy distinta a la de los últimos verdugos de Novak, que apuntan mucho más a su resto de derecha. Sin embargo, la seguridad que le transmite este saque a Carlos y su fijación por golpear una derecha invertida desde el cuadro de revés como golpe de continuación, hacen que explotar este servicio se convierta en absolutamente clave.
Y en la profundidad al resto de Novak residirá la llave para que el serbio dé la vuelta a una situación compleja. Él mismo admitió que aquel servicio hizo ganar a Carlos muchos puntos gratis. Su precisión al resto se antoja vital, pero la profundidad de sus golpes, la seña y bandera de la mejor versión de Novak Djokovic, es la que podría darle el partido. En Madrid, Carlos golpeó casi más de 30 derechas que reveses; no tiene por qué ser mal negocio, siempre que Alcaraz golpee derechas defensivas en diagonal, sin encontrar la invertida. Al fin y al cabo, Djokovic ya torpedeó esta supuesta 'fortaleza' de sus rivales en Australia, atacando y destrozando las derechas de Rublev o Tsitsipas... y, contra Carlos, cruzar derechas es mucho más beneficioso que jugar bolas 3/4 o no buscar el margen, lo que le daría tiempo a Alcaraz para encontrar la invertida.
En caso de no poder evitar esta circunstancia, y viendo el nivel físico, la agilidad de piernas y la capacidad de pasar de la defensa al ataque que Alcaraz está mostrando en París, el revés paralelo será la segunda llave para que Djokovic no sufra más de lo normal. En ocasiones alcanza niveles quirúrgicos, algo que presumiblemente necesitará Djokovic cuando Carlitos consiga soltar esa derecha inside out que tanto le caracteriza. Sería una forma de resetear el punto, anular su dominio y buscar el error del murciano: obligarlo a golpear tres o cuatro bolas más de lo normal para ganar el punto podría, a su vez, generar nervios en su figura, que afrontará un escenario inédito en Grand Slams.
Más allá de todo esto, gestionar la presión formará parte fundamental de la ecuación. Quizá el mayor peso lo tenga el serbio, quien goza de menos oportunidades que Alcaraz para seguir sumando Grand Slams a su buchaca y que es sabedor de que vuelve a tener la oportunidad de liderar en solitario la lista de campeones de Grand Slam. A su vez, Alcaraz cuenta con el descaro del rookie pero con el desconocimiento de afrontar a un miembro del Big Three en una situación en la que la historia está en juego. Eso sí, si algo ha demostrado el de El Palmar es que amilanarse no está en su diccionario: cualquier cosa cercana a ello podría quedarse corta ante el mayor devorador de estadísticas del tenis moderno. Serbio y español ya están listos para un duelo trascendental, una batalla que paralizará al mundo y que enfrentará a dos generaciones. Un duelo que promete pasar a los anales de este deporte.

