Por mucho que nos empeñemos los periodistas en hacer buenas entrevistas, hay veces que nuestra figura no resulta fundamental para crear un buen contenido. El blog Behind the racquet es un buen ejemplo, donde los propios tenistas se enfrentan al papel en blanco para contar su experiencia personal y deportiva. Merece la pena leer este relato de Pedro Cachín, un chico que luchó durante muchos años para llegar a la élite, hasta que en 2022 lo consiguió. Cierto es que esta temporada no ha arrancado bien para él (una victoria en nueve partidos), pero el argentino sabe perfectamente que los tiempos más difíciles ya quedaron atrás. Le leemos.
“Creo que llegar a ser el #54 del mundo en el mismo año que empezaste #250 es el mejor ejemplo para explicar la importancia de la constancia, el trabajo diario y la pasión con la que compites. Intento ser muy profesional cumplir con los requisitos que te pide el tenis de este nivel. Durante muchos años trabajé y no llegué a los niveles que pensaba que podía alcanzar, pero esos años me ayudaron a convertirme en la persona que soy ahora.
A los 19 años dejé mi casa para vivir solo en Europa y entrenar, sin darme cuenta del gran paso que estaba dando. Me tomó mucho tiempo acostumbrarme a todas las diferencias, recuerdo largas noches preguntándome si realmente merecía la pena todo esto. En los dos primeros años me sentí solo muchas noches, la soledad es uno de los peores sentimientos que una persona puede sentir. Era muy joven y no sabía cómo solucionarlo, hasta que finalmente me adapté y aprendí a vivir con ello.
Ha habido momentos en mi carrera tenística que han cambiado mi vida, tanto para bien como para mal. En 2016, por ejemplo, sufrí una fractura en la vértebra, una lesión importante donde no tenía muy claro cómo evolucionaría. Después de aquello, en 2019, me lesioné gravemente del tobillo, así que me volvieron otra vez los mismos pensamientos.
Por suerte, aprendí de todas aquellas experiencias y tiempos difíciles, hasta que en 2022 todo cambió a mejor. Me convertí en el número 54 del mundo, jugando los mejores torneos del circuito, llegué a tercera ronda del US Open rodeado de un gran grupo de familiares y mi equipo. Éramos 14 en Nueva York, nunca lo olvidaré. La gente en el mundo del tenis comenzaba a reconocerme, algo que me llena de orgullo por haberme hecho un nombre en el deporte.
Creo que es igual de útil tanto ganar como perder partidos con mucha presión, todo es una experiencia y un aprendizaje. Aprendes mucho más cuando estás dentro de la pista, resolviendo tus problemas en cada momento. Son esos momentos de tensión y la toma de decisiones lo que ha hecho que la gente crea en mí, además de aumentar la confianza que tengo en mí mismo.
Durante mucho tiempo tuve miedo de no ser ‘bueno’ para este deporte. Las personas cercanas a mí creían que iba a explotar a una edad temprana, que podría poner mi nombre en las grandes ligas con 21-22 años. Pero cuando los resultados no llagaron como esperaban, el miedo creció.
Vengo de una familia muy trabajadora, todos los días amanecen con ganas de trabajar y ser mejores profesionales en su oficio, son los valores con los que crecí, los que hoy siguen inculcándome. Personalmente, sigo siendo el mismo chico humilde, también ahora que he llegado al #54 del mundo. Todavía tengo miedos, pero trato de vivir con ellos y seguir aprendiendo”.

