Es un asunto sensible, algo que se emplea como arma arrojadiza en muchas ocasiones y que puede desatar juicios categóricos sin disponerr de toda la información posible. Hay una realidad incontestable que muestran los números. El torneo ATP 500 Dubái 2023 que se celebra esta próxima semana reparte más dinero en premios en metálico que el WTA 1000 Dubái 2023 saldado con triunfo para Barbora Krejcikova. Algunos se sorprenderán, muchos se indignarán, pero merece la pena preguntarse cuál es el motivo de que esto se produzca antes de juzgar si nos encontramos ante un hecho aislado y, sobre todo, discernir qué es lo que conduce a una situación que se presta al debate. Que un evento de categoría sensiblemente menor en importancia al otro, en lo relativo al ranking, reparta más prize money por una cuestión de género es polémico, pero ¿qué se esconde detrás de todo esto?
Diferencias en el prize money de los torneos en Dubái
ATP Dubái 500 2023
- R1: 17.980$
- R2: 34.100$
- CF: 65.655$
- SF: 129.100$
- F: 256.565$
- G: 523.330$
WTA Dubái 1000 2023
- R1: 12.848$
- R2: 17.930$
- R3: 31.650$
- CF: 63.350$
- SF: 138.000$
- F: 267.690$
- G: 454.500$
¿Hay motivos para pensar que el tenis es el deporte más igualitario del mundo en cuestión de género?
Son muchas las ocasiones en que esta afirmación sale a la palestra y muchos se preguntarán cómo es siquiera planteable después de ver lo que ocurre en el torneo emiratí. Como muchos ya sabrán, los grandes torneos del mundo, como son Grand Slam y aquellos ATP Masters 1000 y WTA 1000 que comparten escenario y semana de competición, los llamado mandatory para el circuito WTA, ofrecen un prize money idéntico para hombres y mujeres. No podía ser de otra manera. El espectáculo brindado por unos y otros es compartido y hay un compromiso enorme por parte de la ITF por eliminar cualquier brecha de género en los torneos que se disputan bajo su paraguas, como son los cuatro Grand Slams. Que se haya hecho extensivo a otros eventos, como el de Indian Wells, Miami o Roma, por poner ejemplos claros, ha resultado un gran avance del que muchos otros deportes están lejos.
¿Cómo se explican situaciones como las del torneo de Dubái y quiénes son los responsables?
A pesar de esto, no carecen de razón aquellas tenistas que denuncian una diferencia en premios en metálicos entre hombres y mujeres, como hacía Jessica Pegula en el documental Break Point de Netflix, causando un gran revuelo entre personas poco conocedoras de los entresijos del circuito. La estadounidense refleja un hecho real, pero se olvida de hacer un diagnóstico que permita discernir si esto es una persecución sexista o hay múltiples razones que influyen en esta triste situación. Hay muchos menos eventos WTA que ATP, como este mismo mes de febrero se ha podido comprobar. Por si esto fuera poco, el circuito femenino ha perdido en los últimos años la posibilidad de explorar el mercado asiático, uno de sus grandes sostenes en cuanto a número e importancia de torneos, que brindaban suculentos premios en metálico, sin que hubiera una brecha tan grande como la que se observa en Dubái.
Pero también hay responsables. En el caso de Dubái o Doha, la diferencia es abismal ante la actitud de unos organizadores que no tienen rubor en mostrar su interés comercial. Todo empresario que desee ganar dinero reparte los premios que le permiten hacerlo y ofrecen un prize money acorde a lo que genera cada evento. Desgraciadamente, los eventos WTA de ambos lugares quedan muy lejos de la repercusión mediática y asistencia de público que generan los hombres y no hay un elemento corrector que impida o atempere esta discriminación motivada por el rendimiento de negocio.
¿Cuál puede ser la clave para entender y cambiar esto?
La gran pregunta a todo esto es ¿un torneo WTA tiene la capacidad de generar el mismo volumen de negocio, de espectadores en las gradas, de audiencias televisivas e interés de patrocinadores? Por desgracia, la respuesta es negativa, pero da la sensación de que hay mucho margen de mejora y que éste no depende tanto de las tenistas, sino de la mencionada WTA. Es esta una institución que navega sin rumbo y que no aprovecha la potencia y belleza del tenis femenino para revalorizarlo y atraer más negocio y aficionados. Quizá ahora no esté a ese nivel, pero no tanto, o al menos no solo, por una cuestión sexista, sino por la dificultad de aunar esfuerzos en pos de la revalorización merecida de las mujeres en el tenis.
Resulta doloroso ver cómo las tenistas no hacen más que incrementar su nivel competitivo y ofrecer un espectáculo deportivo sobresaliente, pero el organismo encargado de dirigirlo, promocionarlo y hacerlo crecer a todos los niveles no responde con la misma eficacia y deja a las jugadoras desamparadas al juicio de organizadores de torneos que, en virtud de lo que son, empresarios, toman decisiones injustas desde una perspectiva de igualdad de género y continúan socavando las diferencias entre el tenis femenio y masculino.

