Las líneas que nunca quise escribir sobre Roger Federer

Sabía que este día iba a llegar. Que su rodilla no iba a aguantar y que iba a tener que retirarse. Aguantándome las lágrimas, procedo a despedirme de Roger.

Jose Morón | 15 Sep 2022 | 20.14
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Las líneas que nunca quise escribir sobre Roger Federer. Foto: Getty
Las líneas que nunca quise escribir sobre Roger Federer. Foto: Getty

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El maestro Pablo Neruda dijo una vez: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”. Y puede que los más tristes de un servidor estén redactando estas líneas en este preciso momento. Justo ahora, cuando me he visto obligado a juntar las palabras Roger Federer y retirada. Este 15 de septiembre de 2022 será recordado como el día en el que la persona que cambió la percepción del tenis a nivel mundial decidió poner punto y final a su carrera tras 24 intensos años. El texto que desde hace unos años imaginé que un día tenía que escribir, aquí está.

“La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”

Mi mente no recuerda la primera vez que le vi jugar. La primera imagen que me viene de él a mi memoria es verle ya en aquel maravilloso año 2007, aunque es probable que le viera en algún otro encuentro antes. En aquella temporada, ver jugar a Roger en una pista de tenis era una delicia para el aficionado y todo un calvario para sus rivales. Venía de un 92-5 y un 81-4 en 2005 y 2006, las que han podido ser las dos temporadas más brutales que se recuerdan en la ATP. Durante esos tres años, Federer lideró el circuito con una autoridad pasmosa. La única pena que me queda es no haberlo podido disfrutar más esos años. Ojalá se hubiera podido seguir el circuito por aquel entonces con la facilidad de ahora.

“Pensar que no te tengo. Sentir que te he perdido”

Desde pequeño, cuando veía jugar a Moyà e imitaba en la puerta de mi casa su derecha, siempre me gustó el tenis, pero Roger me hizo enamorarme de este deporte. Recuerdo como si fuera ayer la tarde de aquel domingo, en la final de Wimbledon 2008, cuando terminé llorando mientras moría el día, cuando perdió aquel título en Londres. Era la primera vez que lloraba por una derrota en un partido de tenis. Aquel día supe que este deporte iba a marcarme para siempre.

“Y el verso cae al alma como al pasto el rocío”

Llegó entonces el día. Nunca en mi vida había podido ver un partido de tenis en directo. Nunca tuve ni los medios económicos ni la posibilidad de hacerlo posible donde vivía (Cádiz). Así que me la jugué. En diciembre de 2010 me pillé dos entradas para el Mutua Madrid Open 2011, semifinales diurnas y final. El destino quiso que la semifinal que me tocase ver fue un Federer-Nadal. Casi ni podía creérmelo.

“La noche está estrellada y ella no está conmigo”

Amaneció lluviosa aquella mañana en Madrid. Me fui a primera hora a la Caja Mágica, para poder disfrutar la jornada. Mientras todos se agolpaban para coger sitio en la Manolo Santana, me di una vuelta por las pistas interiores y en la Arantxa Sánchez Vicario me vi entrenando a Roger Federer. Apenas había más de 15 personas en la grada. Así que me coloqué en la primera fila y le vi entrenar a apenas 5 metros de mí.

“Mi alma no se contenta con haberla perdido”

Cuando acabó el entreno, se puso a firmar a los pocos espectadores que estábamos allí. Todos venían preparados, con cartulinas, papeles o fotos. Yo, novato de mí, no llevaba absolutamente nada conmigo. Cuando Federer alcanzó mi lugar, boli en mano, me miró, esperando que le sacara un papel que firmar. Yo, sin pensar, me salió estirarle la mano. Él, con media sonrisa, me la estrechó. Así fue cómo Roger me dio la mano en un día que, evidentemente, no iba a olvidar.

“Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”

Jamás pensé que un día iba a acabar en una web de tenis y que gracias a eso no solo lo iba a volver a tener a escasos metros, esta vez en una sala de prensa, sino que le iba a poder preguntar y que él me respondiera. Jamás imaginaríais lo nervioso que me puse en Roland Garros 2019 cuando, a dos filas de él, le recordé que se habían cumplido 10 años de su título en París y cómo me miraba mientras le hacía la pregunta. Tuve que poner las dos manos en el micrófono, para que no se notara que me temblaba el pulso una barbaridad. Quién me iba a mí a decir que aquella tarde iba a ser la última vez que le viera jugando en directo.

Porque, amigos, eso es lo que provocaba Roger Federer en mí. Cada uno de vosotros, los que estáis leyendo esto, si os gustaba el suizo, seguro podréis contar diferentes historias de lo que significaba él para nosotros. Eso es lo bonito del deporte. Idolatrar a una figura que trasciende la palabra deporte y que nos motiva e influencia en nuestra vida.

Estas son las líneas que nunca quise escribir. Y mientras un escalofrío me recorre la espalda mientras lo hago, lamentando que una carrera como la suya se merecía un final mucho mejor del que ha tenido por culpa de la rodilla, solo me sale recordar las últimas frases de ese poema de Neruda. “Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido”.

Es muy duro tener que despedirse de alguien que te ha dejado mucha huella. Roger, fue una carrera increíble. Larga, pero a la vez corta. A mí, la verdad, es que se me ha pasado volando. Simplemente, me sale decirte: ‘GRACIAS’. Da igual lo que digan los números. Tu legado permanecerá por siempre en la historia del tenis. Y, amigo mío, eso no lo podrán comparar nunca con nada ni con nadie.