En el 2001, Fernando Verdasco se convertía en tenista profesional. Ahora, 21 años más tarde de ese momento, el tenista madrileño está lejos de lograr los mejores resultados de su carrera, de revivir los momentos más brillantes. Si algo se ha mantenido en el tiempo, e incluso ha ido en aumento, ha sido su pasión por el tenis. Al igual que lo describía Stan Wawrinka en su vuelta tras lesión, Verdasco mantiene ese fuego interno que le hace seguir saliendo a pista a disfrutar de un deporte que ama. A sus 38 años, Fernando no contempla en su panorama el final de una magnífica carrera, así lo contaba en una entrevista a EFE, y cuyas palabras recoge Mundo Deportivo.
Los problemas físicos no pueden con el madrileño
Después de una tercera operación en menos de un año y medio, Verdasco luchaba por pasar de primera ronda en Los Cabos, algo que evitaba Thanasi Kokkinakis en el tercer parcial: “Hay que seguir jugando hasta que se apague o te apaguen ese animal, que es como un fuego interno. A veces, el bicho dice que quiere jugar, pero la rodilla o el codo no te lo permiten”.
Amor infinito hacia el tenis
“Hay jugadores que aman el tenis por encima de todo, yo soy de esos. Federer se preguntaba que por qué iba a dejar de jugar, si ama el tenis y se le da bien. Todos necesitan trabajo, trabajo y más trabajo, no solo vale con el talento. Roger puede ser el más talentoso de la historia a simple vista porque es el que juega más bonito, pero seguro que ha entrenado muy duro. Nadal, ni hablemos, y Djokovic, igual”, explicaba el madrileño.
"Yo me incluyo entre aquellos a los que más les gusta jugar al tenis. Si no fuera así, no estaría hoy aquí. Aguantaré todo lo que pueda porque me encanta y lo disfruto, por mucho que pierda”.
Verdasco recordaba en la entrevista el partido más emblemático de su carrera, esa semifinal del Open de Australia de 2009 ante Rafael Nadal. Con sentimientos encontrados, Fernando guarda ese encuentro con cariño, pero también con el sabor amargo de no haber podido aprovechar las oportunidades que se le presentaron. El que llegó a ser número siete del mundo en el año 2009 es ahora otro gran ejemplo de pasión y sacrificio por el deporte que ama.

