Seguramente fuera por ser Novak Djokovic, pero muy pocos en la sala se asustaron cuando vieron a Jannik Sinner dominando por dos sets a cero el partido de cuartos de final de este martes en Wimbledon. Mira que el italiano estaba jugando bien, que tenía completamente maniatado a su rival, pero nuestra memoria de espectador nos traicionaba. Demasiadas veces la misma película, demasiados encuentros donde el ex Nº1 mundial pasó de estar K.O. a renacer de sus cenizas. Los galones del campeón pesaban más que cualquier otro factor y por eso terminó dándole la vuelta al marcador (5-7, 2-6, 6-3, 6-2, 6-2) para colarse en las semifinales del próximo viernes, donde se verá con Norrie o Goffin. El campeón, a dos pasos de revalidar su corona.
Pese a que venía de pasar por encima de Carlos Alcaraz hace un par de días, lo cierto es que no eran muchas las personas que confiaban en que Jannik Sinner pudiera dar hoy una sorpresa. Entiéndase sorpresa no solamente por ganar, sino por hacerle partido y poner en problemas al hombre que acumula seis campeonatos en el All England Club. Claro, si a un lado de la balanza ponemos las 25 victorias consecutivas que llevaba el serbio en este torneo, algunos directamente pasaban de mirar lo que hubiera al otro lado. Pero en esos consisten los récords, en que se pueden romper en el momento menos esperado. Hoy el italiano necesitaba muchas cosas para triunfar, pero sobre todo necesitaba confianza, creerse de verdad que la victoria era posible. Es decir, todo lo contrario a lo que sucedió en los tres primeros juegos.
Ese comienzo tan malo de encuentro le bastó a la mayoría para confirmar su postura: ‘¿Veis? Fácil Djokovic, esta Next Gen es un fraude’, soltaría algún iluminado desde el sofá de su casa. Pero seamos sinceros, con más o menos sarna, esto lo pensamos todos. Es entonces cuando Jannik le pierde por fin el miedo al escenario, al rival y a la situación. Empieza a jugar, empieza a sacar y empieza a hacer diabluras con los segundos servicios del balcánico. Poquito a poco va llegando la igualdad al encuentro, también al marcador, hasta el punto de que es el italiano quien termina dando el paso definitivo en el 5-5. Con una autoridad que no le veíamos desde que despuntara hace un par de años, el jugador de 20 años se apuntaba un break importantísimo que le daba la oportunidad a continuación de anotarse el set. ¿Le temblaría la mano? Niente.
El principio de la segunda manga seguiría por los mismos derroteros, con un Novak molesto por la nueva realidad del partido, donde sus continuos errores se sumaban a una versión pletórica de su oponente. Y ya saben lo que pasa cuando chocan estos dos trenes, te llames Djokovic o te llames Doraemon. Break del italiano, otro zarpazo de velocidad e instinto que subrayaban la superioridad latente que los 15.000 espectadores de la Centre Court estaban presenciando. Ahora venía un nuevo examen para el pupilo de Vagnozzi, el que medía cómo gestionaría una situación de tanto vértigo. Pues vaya, ya me gustaría a mí afrontar los momentos de responsabilidad de igual manera. Sacando como Isner y restando como Alcaraz, así lo hizo el italiano, empapándose de las virtudes de sus últimas víctimas para poner contra la pared al vigente campeón.
REACCIÓN DE NOVAK
De los últimos 15 juegos, Novak había ganado 3. Este era el dato, uno de tantos que podíamos extraer después de la hora y media de reloj que había transcurrido. Ni el tenis, ni la inercia del partido, ni el lenguaje corporal acompañaba estar tarde al favorito, pero el favorito seguía siendo el mismo, un tal Djokovic, un hombre al que nunca hay que dar por muerto. Sus cinco remontadas en Grand Slam después de ceder los dos primeros parciales le seguían dando alguna opción, pero necesitaba reaccionar cuando antes. Entre todos fuimos recordando los capítulos de Musetti o Tsitsipas en Roland Garros 2021, la de Fritz en el Open de Australia, esos momentos donde otros jóvenes tuvieron contra las cuerdas al serbio, pero que finalmente no supieron apretarle cuando solo faltaba la guinda.
Por eso el Big3 es tan grande, porque incluso en los peores momentos son capaces de agarrarse a esas experiencias, confiando en que el rival también bajará el pistón y dejará una pequeña rendija por la que colarse. En este caso, la rendija fue cambiar el 33% de puntos ganados con segundo saque por más de un 65%. El 6-3 para Nole era un aviso de todo lo que faltaba por pasar, la dinámica se había girado por completo y, el que llevaba 90 minutos corriendo a un ritmo intratable, de repente se acordó que tan solo tenía 20 años y que hasta hace semana y medio no había ganado jamás un partido en Wimbledon. Si además le sumamos un resbalón muy feo al final del cuarto parcial, donde temimos un nuevo caso Zverev, el futuro de Sinner pasó de estar totalmente despejado a estar repleto de nubes.
LA PELÍCULA DE SIEMPRE
Solamente una vez en su carrera había perdido Novak Djokovic un partido después de ceder los dos primeros sets y ganar los dos siguientes. Fue en la final del US Open 2012, cuando Andy Murray tocó el cielo en Nueva York levantando su primer Grand Slam. ¿Qué significa esto? Que el de Belgrado cuando remonta, remonta de verdad. Hoy lo más complicado era recuperar la sonrisa tras la segunda manga, pero una vez llegados a este punto, el camino de Nole hasta la meta es como el camino que recorre desde su habitación hasta la cocina de su casa. Sabe perfectamente lo que tiene que hacer y así lo cumplió una vez más, haciendo el break en el tercer juego del quinto y luego dejándose llevar.
Hora y medio impecable de Sinner no fue suficiente para dar la sorpresa, aunque seguro que más de uno tenía ya una preciosa crónica escrita contando la victoria del italiano. Lo que al final hay que contar es la undécima semifinal de Djokovic en Wimbledon, la 43ª semifinal de Novak en torneos de Grand Slam y la 26ª victoria consecutiva del balcánico sobre hierba. Es el hombre con más vidas del circuito y ahora es más peligroso que nunca.

