Jason Kubler está siendo una de las sorpresas de este Wimbledon 2022. Con victorias sobre Daniel Evans o Jack Sock, el australiano se encuentra ya en octavos de final del Grand Slam británico. Su vertiginosa evolución en el tenis se vio frenada por una serie de lesiones que le obligaron a someterse hasta a cinco operaciones de rodilla izquierda y una en la derecha, con el miedo de no poder volver a salir a la pista a competir.
“Nunca pensé que podría alcanzar la segunda semana”
Aunque le aconsejaron que lo dejara, Jason luchó por perseguir sus sueños. El ahora 99 del mundo se vio obligado a limitar su calendario a torneos celebrados sobre tierra batida, asumiendo el coste extra de tener que competir por Europa. Poco a poco, Kubler fue saliendo de la arcilla arriesgando su integridad física para seguir creciendo como tenista, probándose en pista dura y sobre hierba. A pesar de que los resultados iban llegando, ni el propio Jason se esperaba acceder al cuadro principal de Wimbledon: “Ni siquiera reservé alojamiento hasta después de la fase previa. Antes de empezar estaba contento con llevarme los 10.000 dólares. Esas eran mis expectativas, las de alguien en el puesto 98, 99 o 100 del mundo. Nunca pensé que podría alcanzar la segunda semana”.
La transición del júnior a pro guarda bastantes incertidumbres. Después de llegar a ser el primero en el año 2010 en la categoría de Juniors, se esperan resultados que quizá tarden más de lo esperado en llegar: “Es raro porque he empezado a jugar muy buen tenis en los últimos dos meses. Antes era como si estuviera en el aire. Me iba bien, me lesionaba. Esto me va a dar confianza y una mejor oportunidad para repetirlo en los próximos Grand Slams”.
A punto de dejar el tenis
Sin los ingresos necesarios para seguir el ritmo del circuito, Jason tuvo que ahorrar entrenando a otros jugadores: “Lo más cerca que estuve de dejarlo fue cuando estuve entrenando. Golpeé con algunos jugadores. Lo hice durante dos o tres meses, cuando no tenía tanto dinero. Disfruto ayudando a otras personas. Por suerte, hubo algunos torneos en Australia y lo hice bien, lo que me sirvió para jugar el Open de Australia.
Si no lo hubiera hecho tan bien entonces, dudo que hubiera continuado. Empecé a ganar algo de dinero y podía ser realmente feliz haciendo esto. Ese fue un momento en el que podía haber parado definitivamente.
Trabajo de equipo
“Me ha cambiado la vida. Después de clasificarme en París me podía permitir invertir algo más en mí mismo. Ahora estoy con el fisioterapeuta más a menudo, tengo más semanas con mi entrenador. No he hecho esto yo solo. Tengo que recordar que es un equipo y que la gente que me rodea me ha ayudado a llegar a esta posición.
Me hice una promesa a mí mismo la última vez que me operé la rodilla. Quería disfrutar de lo que hacía. Ha sido una carrera llena de altibajos. Especialmente desde esa última operación, puedo mirar atrás y decir que he disfrutado del tenis. Tal vez no de cómo he jugado en ciertos momentos, pero sí de los viajes y de los torneos. Obviamente, las lesiones apestan, pero no cambiaría nada de lo que he hecho”.
Contento de dar un paso adelante
“No diría que se siente más dulce por esto. Apesta que haya tenido tantas operaciones, pero nunca lo he visto como algo que me haya frenado a la hora de conseguir algo. Así son las cosas. Este es un gran momento para mí que espero poder repetir. No estoy resentido por lo que me ha pasado. Tal vez, si hubiera gestionado las situaciones de una forma diferente cuando era más joven, esto podría haber llegado antes. No culpo a mi rodilla por haber retrasado esto, hay otras cosas que podría haber hecho mejor. Ahora estoy súper feliz de que algo así haya sucedido finalmente”.
Su rival en octavos de final de Wimbledon 2022 será Taylor Fritz, ante quien nunca se ha enfrentado sobre hierba. El estadounidense se encuentra también experimentando uno de los mejores momentos de su carrera, después de conquistar su primer Masters 1000 el pasado mes de marzo en Indian Wells ante Rafael Nadal.

