Stefanos Tsitsipas está volviendo a mostrar su mejor versión. De forma paulatina, ante rivales a los que tiene completamente dominados, pero sus dos últimas actuaciones en el Miami Open 2022 le servirán al griego como un importante envión de confianza de cara a lo que está por venir. Tras ser incapaz de encontrar soluciones ante Brooksby en Indian Wells, hoy el heleno recuperó dos piezas fundamentales en su tenis para inclinar el partido a su favor ante Álex de Miñaur (6-4, 6-3): su saque, impecable durante la hora y veinte de juego (superó el 80% de puntos ganados con el primero y alcanzó el 70% con el segundo, además de salvar las tres únicas bolas de break que afrontó) y su derecha, con la que desbordó por completo al australiano, que mostró mucha valentía y aguantó el ritmo del griego hasta el cuatro iguales del primer set.
En ese primer parcial, las cosas parecían ir a cámara rápida. Los primeros instantes del partido fueron un fuego a discreción entre un De Miñaur desaparecido al resto, incapaz de entrar en pista y colocándose demasiado lejos de la línea de fondo, pero a la vez aguantando el fuerte con su servicio, con muy buenos guarismos y una predisposición a atacar que sorprendió a propios y extraños. Mientras Stefanos empezaba a carburar con su derecha, Demon se dio cuenta de que su posicionamiento era insostenible, y como tal comenzó a acercarse a posiciones ofensivas, encontrándose a un Tsitsipas muy fuerte en los bote prontos. El griego era agresivo, pero jugaba con el suficiente margen de error para empezar a minar la resistencia de Álex.
La diferencia, al fin y al cabo, la marcó el servicio. Ambos desenfundaban sus armas en intercambios electrizantes desde el fondo de la pista, pero era Tsitsipas quien conseguía un mayor botín de puntos gratis y, como tal, quien soltaba con menor presión sus golpes en sus turnos al resto. Cuando llegó el punto caliente del primer set, el 4-4 donde la mente juega un papel más importante, las siete victorias previas del griego pesaron como una losa en la cabeza de Demon. Fue Stefanos quien hizo sangre y no volvió a mirar atrás, colocándose set arriba merced a un trabajado 6-4.
TSITSIPAS, A POR LA VICTORIA CON CELERIDAD
Tras salvar dos bolas de break en el primer juego del segundo set, el resto del parcial desnudaría las carencias de un De Miñaur expuesto ante oponentes como Tsitsipas. Ante un Stefanos en forma, el estilo de juego del australiano le dificulta mucho la tarea: a Alex, un tipo que se aprovecha de la velocidad de los golpes del rival, de la anticipación sobre la línea de fondo y la explosividad ante oponentes de movilidad más limitada, se le desmorona su plan de juego ante alguien capaz de cambiar direcciones y alturas con tanta facilidad, de ser preciso en los bote prontos y, en definitiva, de domar la línea de fondo con mayor facilidad que él. Tsitsipas aprovechaba los ángulos para achicar la pista al australiano, que corría y corría en busca de una derecha que fue absolutamente devastadora.
Más de 15 golpes ganadores conectó el heleno con este golpe, señal de que lo ha encendido de cara a lo que está por venir. Un solo break fue suficiente en el segundo parcial, donde no hubo color. El duelo pareció convertirse en un combate de boxeo entre un peso pesado y un peso pluma, una diferencia que seguirá existiendo si De Miñaur no añade velocidad y potencia a sus golpes, en especial a su servicio. En términos de matchup, de cómo se adapta el juego del griego a él, Stefanos sigue siendo una auténtica pesadilla para Alex. Está por ver si Tsitsipas puede replicar este nivel ante un tipo con un tenis totalmente distinto que, además, ya sabe lo que es ganarle. Desde luego que los alicientes están servidos, la vendetta dispuesta y, sobre todo, parece que el ateniense arriba a su cita contra Carlos Alcaraz con su espada bien afilada. Solo queda preparar las palomitas y disfrutar.

