Zverev se cuelga el oro en Tokio con una actuación consagratoria

El germano se proclamó campeón de los Juegos tras firmar una de las mejores actuaciones del año, siendo muy agresivo y anulando a Khachanov por completo.

Carlos Navarro | 1 Aug 2021 | 11.39
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Alexander Zverev, medalla de oro en Tokio. Fuente: Getty
Alexander Zverev, medalla de oro en Tokio. Fuente: Getty

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Alexander Zverev se proclamó campeón de los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 después de firmar una actuación absolutamente inmaculada. El alemán sometió con una agresividad espectacular a Karen Khachanov, quitándole la fe en sí mismo en el primer set y rematándolo por completo en un segundo set totalmente desnivelado para colocar un impactante 6-3 y 6-1 en el marcador Así pues, Sascha engorda con un oro olímpico un palmarés que, a sus 24 años, es ya de por sí bastante impresionante más allá de los torneos de Grand Slam.

Primer set

Alexander Zverev salió muy enchufado a la cita por el metal. Podría decirse que incluso más convencido de sus posibilidades, de que era él quien debía dar un paso adelante para conseguir la medalla de oro. Con muchísima autoridad, metiendo auténticas bombas al saque, no tardó demasiado en conseguir un primer break que acabaría siendo decisivo en el devenir del primer parcial. Lo hizo apenas sin esfuerzo, aprovechando un par de errores de Khachanov y empezando a marcar territorio.

A lo largo del primer set, el tenista ruso apenas tendría una bola de break, brillantemente salvada por el alemán. Los porcentajes al saque de Zverev terminaron por asustar: 80% de puntos ganados con el primer saque, 60% con el segundo. La manifiesta superioridad del germano también se evidenciaba en los rallies: cada vez que podía cargar el revés, lo que llegaba al otro lado de la red era una verdadera bomba muy difícil de contrarrestar. La terrenal versión que mostraba el ruso permitía a Zverev hacer y deshacer a su antojo, y el primer set finalizó con una celeridad que no muchos esperaban. 6-3 y era momento para ver si el ruso podía darle la vuelta al partido.

Segundo set

Lo cierto es que el guion del primer set no espoleó a Khachanov. Todo lo contrario: terminó por rematarle mentalmente. El ruso, a pesar de animarse constantemente y mostrar un buen lenguaje gestual, no encontraba la manera de hacer daño a la coraza de Sascha. El ruso se empeñó en repetir una jugada hasta la saciedad, seguir un patrón que no estaba resultando efectivo y por el que Zverev asestaba grandes golpes a su línea de flotación: invertirse de derecha (a veces llegando a colocarse en el pasillo de dobles) y lanzar la invertida con poca convicción, dejando todo el hueco disponible para que Alexander atacase con un revés paralelo que estaba causando auténticos estragos.

Tras un juego en el que dejó varios golpes de puro highlight y soltó este paralelo con más precisión que nunca, Zverev se colocaba con un nuevo break de salida y se ponía con un 3-0 que se antojaba muy difícil de remontar. La convicción que Karen mostró en su partido de semifinales había desaparecido, amilanada entre los nervios de la final olímpico y la agresividad de Zverev. Por si fuese poco, el teórico punto débil del germano estaba funcionando a las mil maravillas: con la derecha era capaz de firmar golpes en carrera a lo Sampras y, a la vez, de trazar globos que superaban en la red a Khachanov.

Estaba siendo, sencillamente, una actuación inmaculada por parte de Zverev. Me atrevería a decir que de las mejores que recuerdo en muchísimo tiempo, mostrando una agresividad sostenida y una decisión para finalizar los puntos con golpes ganadores de verdadero campeón. Un nuevo break le permitiría tomar una ventaja de 4-0 y sentenciar definitivamente un partido que, prácticamente desde su inicio, fue totalmente desigual.

Lo cierto es que Zverev firmó la que probablemente sea un top-3 de mejores actuaciones de su carrera. Sí, es cierto que no estaba un miembro del Big-3 al otro lado de la red, pero la importancia del escenario, la frialdad y convicción con la que afrontó el desafío y el nivel del tenis desplegado demuestran que la materia primera sigue ahí: ahora solo queda pulirla, esculpirla y domarla al mejor de cinco sets. Los Grand Slams siguen siendo el desafío pendiente de un Alexander que, a sus 24 años, ya tiene casi todos los cromos importantes más allá de ellos. ¿Conseguirá dar ese gran paso adelante en el Us Open? Mientras tanto... es momento de disfrutar del oro olímpico.