Septiembre de 2019, la fecha en la que la vida de Bianca Andreescu cambió para siempre. La canadiense, de tan solo 19 años, levantada el título en el US Open, acaparando todos los focos del circuito femenino y prometiendo un futuro brillante a corto plazo. Pero las cosas muchas veces no se dan como uno quiere, aunque a veces es necesario algo de sufrimiento para aprender y valorar los buenos momentos. En un escrito en el diario Metro donde repasa cada capítulo de estos dos últimos años, la de Ontario muestra su lado más personal a pocas horas de su debut en este Wimbledon 2021.
“No voy a mentir, el período después de ganar mi primer Grand Slam fue realmente difícil. Ascendí hasta el Nº4 mundial estando fuera del top150 a principios de 2019, derrotando a una de las mejores tenistas de todos los tiempos, Serena Williams, en mi primera gran final del US Open. Lamentablemente, luego me lesioné. Después de esas seis meses al margen, me vi lista para volver en Indian Wells, pero en ese momento se canceló todo por el coronavirus.
Estuve en casa jugando con mis pulgares durante seis o siete meses, entrenando ocasionalmente, pero había tantas restricciones que era difícil acceder a cualquier pista. Terminé perdiéndome los tres Grand Slams que se disputaron en 2020 mientras me recuperaba de una lesión de rodilla, obligada a estar fuera del circuito durante 14 meses en total.
Las cosas tampoco fueron fáciles desde mi último regreso. Me pusieron en cuarentena en Australia después de que mi entrenador diera positivo en COVID, y lo mismo sucedió en Madrid, donde fui yo la que dio positivo. Todo ha sido muy frustrante, a veces incluso llegué a derrumbarme, pero siempre traté de tener en cuenta el panorama general. Hay gente que lo estaba pasando mucho peor, además pude ver la vida sin el tenis, aunque tampoco la disfruté mucho.
Lo mejor es que pude pasar más tiempo con mi familia y los amigos, algo que normalmente es imposible durante la gira. Tuve la oportunidad de sentarme y reflexionar, evaluar todo el tiempo que de repente tenía. No siempre fue sencillo hacerlo, pero lo hice, me di cuentas de muchas cosas en mi vida gracias a esto. Me ayudó a darme cuenta de las cosas importantes para mí y lo que realmente quiero lograr en mi carrera.
Ahora quiero mantener los pies en la tierra, no quiero olvidar mis raíces, de dónde vengo, cómo empezó todo y todo el trabajo que hice. Nunca quiero dar nada por sentado, quiero ser agradecida por la vida que tengo, incluso cuando las cosas no vayan como quiero. Continuaré estableciendo metas para mí, ya sea un objetivo pequeño o un logro más grande. En este momento, mi objetivo para el año que viene es mantenerme libre de lesiones, eso es lo más importante.
También quiero desarrollarme mental, física, emocional y espiritualmente, todo esto es vital para mí. En la cancha quiero convertirme en la Nº1 del mundo, algo que este año quizá todavía me quede un poco grande. He aprendido mucho de mis problemas físicos, pero no me gusta decir que soy propensa a las lesiones. Seguramente otras jugadoras no se hayan lesionado tanto como yo, sobre todo a mi edad, pero creo que esto viene por el exceso de entrenamiento, por no programar las cosas correctamente o no hacer el fitness adecuado. La programación ahora es algo crucial para mí, tengo que saber qué torneos estoy jugando y el tiempo de adaptación que necesito para los siguientes.
En el circuito se está viviendo una era realmente emocionante, con muchas jugadoras jóvenes fuertes: Osaka, Gauff, Kenin, Swiatek, Barty, Sabalenka… y la lista sigue y sigue. Creo que las rivalidades que vamos a desarrollar serán súper especiales, creo que podemos cambiar el juego, podemos cambiar el mundo. Todas comos súper jóvenes y lo estamos haciendo muy bien, ojalá seamos las nuevas Nadal-Federer o Serena-Sharapova, algo así. No quiero compararme con ellos, pero sería genial si sucediera. Siempre he confiado en que puedo manejarme en esos grandes escenarios, tal y como demostré en 2019.
Lo que sí he notado desde mi primera victoria de Grand Slam es lo mucho que mejoran los jugadores cuando juegan contra mí.Obviamente, fue decepcionante perder con Tamara Zidansek en primera ronda de Roland Garros hace unas semanas, aunque luego me hizo sentir mejor verla llegar a semifinales, eso hizo que mi derrota fuera menos grave. Ahora espero que cada jugador hagas mejor tenis contra mí, o al menos que se esfuercen mucho más que en otros encuentros, tengo que estar pendiente de todas ellas.
Hoy la atención se centra en Wimbledon, donde soy la quinta favorita y debuto ante Cornet en primera ronda. Es increíble pero este será solamente mi segundo partido en un cuadro principal de Wimbledon, y el primero fue un absoluto desastre. Aquel lo perdí 6-4 y 6-3 ante Kucova, fallando bolas con la izquierda y la derecha, pero recuerdo ser muy feliz aquel día por estar disputando un Grand Slam. Sé que será difícil hacer peor que aquel día.
Realmente creo que puedo hacerlo, todavía tengo mucha confianza en mí misma, pero para llevarlo a cabo tengo que permanecer todo el rato en el momento presente, partido a partido, ser yo misma y estar relajada, sin sentir presión, simplemente ir a por ellos. Los últimos años han sido desafiantes, hubo momentos en los que pensé: ¿Qué diablos estoy haciendo ahora? Pero ahora estoy trabajando duro para volver a mi versión de 2019. Ojalá sea incluso mejor”.

