Casper Ruud ya había avisado en la gira sudamericana de polvo de ladrillo en 2020. Ya había confirmado ese anticipo en el último Montecarlo cuando alcanzó las semifinales. Y terminó de ratificar su condición de gran tenista sobre tierra batida en el Mutua Madrid Open luego de haber conseguido el mejor triunfo de su carrera al vencer a Stefanos Tsitsipas por 7-6(4) y 6-4 en los octavos de final del certamen español.
No tuvo ningún desliz. El noruego se marcó un partidazo de principio a fin. De hecho, cometió pocos errores, dominó a su rival (el actual 5 del mundo y líder de la Race a Turín, para tomar dimensión del logro) y cada vez que estuvo contra las cuerdas (entiéndase un 0-30) pudo esquivar el golpe de knockout para zafar de un hueso duro de roer. Y claro, si nunca le dio chances al griego de revertir el marcador es que a través de su servicio estuvo más que fino: metió el 75% de primeros (ganó el 80%), cometió una sola doble falta y no enfrentó oportunidades de quiebre en su contra. Además, en el tiebreak del primer set no bajó la concentración, obligó a su adversario a cometer dos fallos consecutivos y tuvo la frialdad para meter el parcial en su bolsillo.
La segunda manga parecía que iba a correr el mismo destino: el tiebreak. Sin embargo, Ruud aprovechó un pequeño bajón de Tsitsipas en el séptimo game, no dejó pasar el tren y rompió el servicio, ventaja que supo mantener con el correr de los juegos a partir de una precisión quirúrgica sobre el revés y con la sapiencia de variar sus tiros cuando era necesario.
Sin dudas, un partido que no olvidará fácilmente. Asimismo, no enfrentó break points en contra en toda la semana y con su juego ordenado y preciso se ilusiona con seguir avanzando en Madrid. Ahora, enfrentará a Alexander Bublik en unos cuartos de final impensados en la previa al campeonato. E internamente debe estar diciendo "hvorfor ikke muntre opp" o en español "porqué no animarse". Claro, el viento correr a su favor y no quiere dejar pasar esa posibilidad que se le presenta en su camino.

