En las entrañas del tenis argentino, siempre se mencionó el nombre de Guillermina Naya como una jugadora a seguir. No obstante, recién sorprendió a propios y a extraños en 2019: pasó de estar retirada y sin dinero -con tan sólo 22 años- a ganar dos torneos profesionales en Argentina desde la prequaly. De haber perdido todas las esperanzas por dedicarse al deporte de sus amores y pasarse los fines de semana con sus amigas de su Chacabuco natal jugando al fútbol a viajar por el mundo para intentar volver al tenis. Más allá de eso, hay un apartado de su vida que nadie conocía. De hecho, confesó que hasta íntimos amigos suyos no tenían ninguna idea del martirio que padeció de pequeña, cuando recién empezaba a atinar sus primeras palabras, y que perduró hasta los siete años, según comentó en un relato personal en Clarín. "Miopatía visceral", le diagnosticó un médico cuando pudieron dar en la tecla con una enfermedad que le imposibilitaba llevar una vida normal.
-- Es un orgullo contar con una luchadora como vos en nuestra Selección------, @Guillerminanaya. Pueden leer su historia de vida contada en primera persona en @clarincom https://t.co/v21ijMIGXx#hacersefuerte pic.twitter.com/Ku19l1rKQD
La miopatía visceral se trata de una obstrucción intestinal crónica, que le generaba vómitos constantes y convulsiones y que la obligaban a convivir con dolores de panza (hinchazón apenas terminaba de comer) todo el tiempo. Y hasta recibir el tratamiento correcto, se la pasó de hospital en hospital y de consulta en consulta. Tanto es así que visitó a varios médicos en sus pueblos, a especialistas en una ciudad cercana e incluso viajó a la Ciudad de Buenos Aires (la capital de Argentina) para poder hallar una solución definitiva.
"Señora, si usted la mueve de acá, su hija puede morir en la carretera", le explicaron en su momento una junta de profesionales de la salud a la madre de la ahora tenista. Es que en un instante, en el que sólo había un pequeño espacio entre la vida y la muerte de la pequeña Guillermina, tuvieron que decidir una intervención quirúrgica de modo urgente y que terminó siendo clave para evitar un trágico final.
A los 24 años, Naya ya disfruta de una nueva vida. Feliz y sin esas preocupaciones aterradoras, que preocuparon a toda su familia, se permite soñar en grande: cuando baja del bus para caminar los metros finales rumbo al club de entrenamiento se imagina en el US Open frente a una rival, que genera tal expectativa que convoque a una multitud en el estadio principal. Y ser top100, una barrera que rompió Nadia Podoroska durante 2020 y que sirve de ilusión para todas las chicas argentinas que vienen empujando desde abajo, es su principal objetivo. "¿Quién puede ponerle límites a mis sueños? ¿Sabés cuántas veces examinaron mi cuerpo profesionales de la ciencia y me diagnosticaron una muerte temprana?", se pregunta. Mientras escribió estas líneas, también a modo de liberación, comenzó a prepararse para su siguiente paso: la serie de la Billie Jean King Cup frente a Kazajistán por un lugar en el grupo mundial.

